Aliona Bolsova se retira: "Las cosas que necesito para ser feliz hoy no se compaginan con el tenis"
Aliona Bolsova (Chisináu, 28 años) enseña a través de la pantalla de la videollamada los apuntes. Le queda el trabajo final para terminar el Grado de Historia, Geografía e Historia del Arte en la UOc. «Acabo dos carreras», dice. La otra es la tenística, a la que pondrá fin en casa, en la Ampurdán, en el torneo de La Bisbal (27 de abril a 3 de mayo). Es joven para colgar la raqueta, pero el tenis es un mundo en el que nunca se terminó de sentir cómoda, pese al talento que tiene para jugarlo, y que le creó traumas. Antes de retirarse, ha logrado hacer las paces con él.
Nació en Moldavia. ¿Tiene recuerdos?
Era demasiado pequeña, los recuerdos que tengo son inventados de vídeos y fotos que he visto. Hay veces que quiero creer que recuerdo cosas, pero mi madre me dice que estaba grabado y que realmente lo he visto en vídeo.
Su madre, por cierto, era atleta, y sus abuelos. ¿Cómo acabó en el tenis?
Se ve que veía mucho deporte de pequeña en la tele, y dicen que estaba viendo Wimbledon y que dije que quería probar. Dicen, yo no me acuerdo. Entonces me llevaron al tenis, y monté un pollo, me puse a llorar, volví a casa. Al cabo de un año lo volvieron a intentar y ahí sí que empecé a jugar poco a poco.
¿Por qué lloraba?
No sé, yo era una niña muy vergonzosa, muy cerrada, y de repente me llevaron ahí, y dije: “Qué hago aquí”. Y me fui. Dije: “No, no, no quiero”.
Tiene 28 años, es joven para retirarse. ¿Qué le ha llevado a ello?
Si te soy sincera, toda mi carrera ha sido con muchos altibajos en este sentido, de muchas semanas durante las temporadas en las que tenía dudas de si querer seguir jugando o no. Tampoco lo típico de todos los tenistas, que pierden un partido y dicen, “lo voy a dejar, estoy sufriendo”, sino que realmente he tenido muchos periodos de introspección, de irme de repente una semana a la montaña y pensar si quiero seguir jugando o no, o tener épocas de irme a casa y decir “mira, ahora no estoy muy bien, no quiero entrenar, quiero pensar si esto vale la pena”. Pero de una manera u otra siempre ponía las cosas en la balanza y ganaban las de seguir jugando y compitiendo. Hasta que poniéndolo todo en la balanza ya no me salieron las cuentas, porque las cosas que me importan a día de hoy, las que quiero, las que necesito para estar bien y para ser feliz, ahora mismo no se compaginan con lo que es este deporte. Fue un poco sincerarme conmigo misma, entender qué estoy dispuesta a sacrificar y qué no, toda la exigencia que comporta el tenis de estar todo el año fuera de casa, no parar, estar cada día al cien por cien, estar 24 horas siendo profesional... Todo esto había dejado de hacerlo, ya no estaba dispuesta a entregarme a ese nivel. Quizás sí podría haber seguido jugando y haber mantenido un nivel como el que estoy ahora, la 200 del mundo aproximadamente, pero sabía que si quería volver a subir y estar arriba tenía que darlo todo y sacrificarme al máximo. Sinceramente, yo misma me di cuenta que no estaba dispuesta a hacerlo en este momento.
Escribió en Instagram que quería volver a casa.
Sí, yo hacía tiempo que vivía en Barcelona y la ciudad no está hecha para mí, me consume bastante. Vivía ahí sólo por el tenis. Y, bueno, me compré un piso por mi zona y sin querer quererlo me instalé allí. Estuve un año que bajaba cada día a Sabadell, que tenía hora y cuarto, a entrenar y volvía, porque ya una vez instalada ahí no me quise volver a mover a la ciudad. Después decidí, por razones mías personales, empezar a entrenar a 10 minutos de casa. Y esto ha sido un poco el movimiento de regreso. Primero instalarme, luego acercar el entreno y al final optar por una vida más sedentaria.
"En esta sociedad que vivimos vamos todos como pollo sin cabeza y no sabemos muy bien qué está pasando"
Es más de montaña que de ciudad...
Me encanta la naturaleza. Es como conectar un poco con el presente, en esta sociedad que vivimos vamos todos como pollo sin cabeza y no sabemos muy bien qué está pasando. Entonces, el estar un poco más en calma y en silencio, no sé, es como conecto con el bienestar de la manera que quiero estar yo.
Se va a despedir en La Bisbal ¿Empezó a jugar ahí?
En la Bisbal concretamente no, pero bueno, yo cuando hablo un poco de casa es como de la tierra alrededor de L'Empordà. Yo empecé en el Club Tennis Llafranc, y en todos los clubes de alrededor tengo a alguien o algo que en algún momento de mi carrera me conectó. Hay un montón de clubes alrededor. Si en Llafranc había “X” entrenadores, estos se han ido repartiendo por muchos clubes y ahora entreno en Playa de Aro; en La Bisbal hace años que hacen torneos, empezó siendo ITF y ahora es WTA, entonces como que tengo relación con todos los que están por la tierra.
Seguimos con su escrito. Habla de redescubrirse. ¿En qué sentido?
Bueno, cuando cierras una etapa y empieza otra es un poco lo que toca, pensar en qué quieres hacer. Tengo claro que no quiero encadenar ahora nada seguido, quiero estar un tiempo tranquila y como de año sabático más o menos; tener este espacio y permitirme un poco explorar otras opciones y entender qué deseo hacer, si seguir involucrada en el mundo del tenis, de qué manera, o si optar más por mi carrera académica y ver otras salidas.
"Con 17 o 16 años ya era 300 o 400 del mundo, pero yo veía un agujero negro y necesitaba escapar de ahí"
Ya tuvo una retirada con 18 años y se fue a estudiar a Estados Unidos. ¿Por qué?
Ahí en ese momento me retiro del tenis profesional, pero sigo jugando a nivel universitario, evidentemente con una exigencia mucho menor y compaginando con la universidad. Fue como una vía de escape porque me sentía muy atrapada donde estaba. Estaba muy mal conmigo misma, tenía muchos problemas de alimentación, estaba sufriendo mucho en pista y fuera, y no veía otra opción que no fuera dejarlo para recuperarme un poco también de todos estos problemas mentales y alimenticios. Me estaba pudiendo la presión de todo. Realmente estaba en un muy buen momento, porque creo que con 17 o 16 ya era, no sé si 300 o 400 del mundo en la WTA y con muy buen pronóstico de evolución, pero yo veía un agujero negro y necesitaba escapar de ahí.
Luego dice también que el tenis le ha ayudado a afrontar miedos de infancia, supongo que se refiere a la bulimia de la que acaba de hablar, entre otras cosas.
Al final el tenis es un deporte que expone un poco tu personalidad, tanto lo bueno como lo malo. Todo lo que llevas dentro, tus miedos, tus inseguridades, también en qué eres valiente, en la toma de decisiones.... Son muchas cosas que quedan expuestas ahí en la pista. Entonces, también tuve un proceso de entender que por mucho que dejara el tenis, los miedos e inseguridades iban a seguir ahí, que con el tenis o sin él tenía que trabajar cosas y sanar ciertas partes de mí. Sí que es verdad que con el tenis era un poco como ir a los autos de choque, ir ahí a primera línea de fuego, y hay otras maneras de trabajarte y de sanar tus cosas, tus traumas, que con el tenis o sin él iban a seguir ahí. Así que opté por compaginar los dos e intentar tener el proceso de aprendizaje mientras me dedicaba a ello.
¿Cómo toma la decisión de volver?
Ahí en Estados Unidos tenía un entrenador que me había entrenado en la época previa de irme al CAR, con 14 o así. Y un poco pasa por ahí que me empiezan a convencer de volver. Hablando de mi potencial, de que al final con el tenis podía independizarme económicamente de manera más rápida que siguiendo mis estudios. Un poco me pillan por ahí, porque yo lo que quería era tener mi autonomía lo más rápido que pudiera. Entonces esa fue como mi motivación, el ser autónoma, el tener mi independencia económica. Me cambié de universidad y fui a una que estaba cerca de este entrenador. Ese año competía por la universidad pero ya me estaba preparando para hacer el salto al circuito. Y empiezo a jugar algún torneo y aparezco en el ranking otra vez. Cuando acaba la temporada me dedico todo el verano a competir al cien por cien y es cuando me va todo muy redondo y entro en la “qualy” del US Open y ya tomo la decisión de no volver a la universidad.
También afirma que el ranking nunca la movió. Saboreó dos semanas de protagonismo en Roland Garros, cuando llegó a octavos en 2019. ¿Le gustó?
Me sentí muy abrumada las siguientes semanas con la cantidad de foco mediático, de entrevistas, de que apareciera mi nombre. Y estaba como de repente muy agotada y no entendía qué pasaba. Odiaba estar ahí. Pero bueno, cuando digo eso del ranking es que mi sueño nunca fue, ¿sabes? Muchos niños dicen: “Mi sueño es ser número uno del mundo”. No, nunca quise. Si me dices mi carrera ideal en el tenis, te diría que me hubiera gustado estar, yo que sé, “top 50”, “top 30” muchos años seguidos de manera regular más que de repente estar ahí “top 10”.
Pero ser “top 100” o 200 también tiene exigencia.
Es más por el foco mediático.
¿Alguna vez sentía que no era un mundo para usted?
Sí, siempre me costó bastante el sentirme cómoda. Siempre me ha gustado moverme en ambientes un poco más liberales, un poco más feministas, un poco más LGTBI, tener como, no sé, gente más humilde alrededor, y al final el tenis es un mundo de muchos egos, muchas apariencias. Todo lo que comporta lo que son los sponsors, los managers, las figuras de entrenador “top”... Hay mucho ego y mucha prepotencia a veces y sobre todo mucha superficialidad. Digo el tenis, pero si empezamos a nombrar otros tipos de trabajo y ámbitos pues más de lo mismo. Si hablamos de cine, del mundo de la literatura, pues tendrán un poco lo mismo. En los primeros años me sentía como un poco fuera de lugar, me daba mucha pereza entrar en discusiones como intentar defender la igualdad de la mujer o cosas así. Era como, “uff, qué pereza”. E iba un poco más a mi bola. También haciendo la carrera siempre estaba como muy ocupada en eso y no me relacionaba tanto.
Pero el tenis es más que eso. Ser la 200 del mundo también es tenis profesional.
Total, también te ganas la vida con ello, ¿no? Es quizás la razón por la que he estado más cómoda estos últimos años, porque al bajar un poco de ranking y salirme del 100, 100 y poco, han sido los torneos donde me tocaba jugar últimamente. Yo ahí me siento más cómoda, la verdad, puedes formar más lazos con todo el mundo, porque al final somos muchas que viajamos solas y nos tenemos que dar como soporte una a la otra. Entre los españoles y las españolas en ese sentido hay un montón de solidaridad, hay semanas que las chicas viajan con entrenador, otras sin, pero la semana que una va sin entrenador el otro viene a echar un cable, y luego al revés. Estamos como dándonos la mano un poco más constantemente y a mí este rollo me mola bastante más.
¿Es un mundo en general de ricos?
Al final en los inicios empezó siendo así y creo que un poco sigue. Si quieres invertir en tu carrera, a no ser que tengas ayudas, es un pastizal. Luego sí que es verdad que si consigues llegar a ciertas cosas te vuelve, pero los inicios son muy duros.
"El proceso de ir sanando mis miedos al final me ha llevado a hacer las paces en este sentido de relacionar el tenis con cosas bonitas más que malas"
Asegura que ha hecho las paces con el tenis.
Es un poco lo que hablamos también antes de que a los 17, 18 lo dejo. Llevaba eso encima de que relacionaba el tenis con mucha presión, lo pasaba muy mal en los partidos, en los post-partidos también. Había como una parte muy oscura ahí y el proceso de ir sanando mis cosas al final me ha llevado a hacer las paces en este sentido de relacionar el tenis con cosas bonitas más que malas y estar con un buen sabor de boca y disfrutando más del juego.
¿De niña era feliz jugando? ¿Cuándo da el salto de ser una diversión a ser una obligación?
Muy pronto, la verdad, porque empecé a destacar un poco a nivel local o territorial de Cataluña bastante pronto, tipo 13, 14. Entonces yo ya empiezo a entrenar más de lo normal, a ir a entrenar entre el cole de la mañana y el de la tarde, a viajar muy, muy pronto. Luego ya 4º de la ESO lo estudio a distancia. Muy pronto había muchas expectativas, como el proyecto de que yo fuera tenista.
Paula Badosa, Marc López, Sara Sorribes... Muchos tenistas han hablado de salud mental. No sé si es una cosa del deporte de élite que tiene esta exigencia desde tan pequeño.
Te diría que es la sociedad capitalista, vamos todos medicados, ¿no? Si el tenis tuviera otros ritmos, unos calendarios más espaciados, con más descansos, al igual que todo trabajo hoy en día, creo que eso paliaría muchos males que sufrimos de ansiedad y de depresión, porque si no, no paramos.
Pudo jugar su último partido en la Billie Jean King Cup, y ayudó a meter a España en las Finales.
Fue superespecial. Es que claro, yo no me esperaba estar ahí. Quería hacerlo bien y dar como este último granito de arena y fue bonito.

