Quino Ruiz, subcampeón del mundo de judo: «Me formé como judoca moviéndome mucho, observando, con intuición»
Fue subcampeón del mundo de judo, entre otros logros innumerables, y ahora entrena –en el Dojo Quino Club de Judo, en Brunete (Madrid)– a dos campeones mundiales, uno de ellos con medalla olímpica y otro con claras opciones de hacerse con una en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Luchador incansable, considera a su club como una familia y esa vena romántica de nacimiento, que no le abandona, le hace indignarse aún por el agravio comparativo que existe a todos los niveles entre el fútbol y el resto de los deportes de élite.
Entrena a dos campeones del mundo, uno de ellos con medalla olímpica y otro con grandes posibilidades de obtenerla en las próximas olimpiadas. ¿Eso lo convierte en el profesor de judo más respetado del país?
Esas cosas me preocupan poco. Ser el mejor, como dices, o como dicen por ahí, que soy uno de los mejores entrenadores del mundo. A mí me gusta centrarme en mis alumnos y mi ego no importa. Lo que realmente me preocupa es que ellos saquen resultados y que todo lo que se sacrifican y se esfuerzan tenga sus recompensas, y punto, se acabó.
Pero es bonito contar con el reconocimiento de la profesión.
Hombre, sí, claro. Siempre te gusta que reconozcan tu trabajo. Pero es un trabajo muy duro, ¿eh?, Javier, ya te lo digo yo. Estoy muchas horas al día en el tatami, muchas. Porque tengo muchos grupos de judocas y cada uno necesita unas cosas diferentes a los demás, aunque luego podamos entrenar todos juntos. Las chicas son diferentes a los chicos en la forma de entrenar, en la forma de desarrollar su judo, en fin. Son un montón de horas en el tatami, pero es algo que adoro. Con lo cual se puede decir que no trabajo, que disfruto.
Lo que suele marcar la diferencia entre los deportistas de élite es la cabeza, la capacidad para sobreponerse a las adversidades y remontar los obstáculos que se presentan. ¿Cómo se trabaja eso como profesor, la cabeza de los otros?
Intento que los entrenamientos se hagan al cien por cien, y un día puedes estar más flojo que otro, más o menos cansado, pero siempre tenemos referentes en el gimnasio, que es lo importante de este club. Y para mí uno de los más grandes que he visto en mi vida, no solamente en mi club, en mi vida, es Fran Garrigós [campeón del mundo y medalla olímpica], que desde que puso el pie en el club todo lo ha hecho al cien por cien absolutamente. Es una persona que sabes que te vas a poner con él y lo único que te va a transmitir es esfuerzo, esfuerzo y más esfuerzo. Y cuando está al límite todavía es capaz de dar un poco más. Y eso, esa cabeza, que tú dices, es lo que diferencia a un grande, a una figura, de otro que no llega a ese nivel a pesar del talento. Y luego tenemos a Nico Shera, que para mí es el mejor judoca en su peso. En 90 kilos era el mejor, dos veces campeón del mundo. Ahora es tercero del mundo en 100 kilos, una categoría más. Pero para mí es el mejor judoca del mundo y se merece una medalla olímpica después de haber participado en dos Juegos Olímpicos y no obtenerla. Ojalá que en Los Ángeles 2028 la saque, confío al cien por cien en él.
¿El judo español está entre las grandes potencias de ese deporte o aún falta camino?
El judo español lo que tiene son individualidades muy buenas. O sea, no es un colectivo, por así decirlo, pero en todos los pesos tenemos gente buenísima, muy competitiva. Para hacer judo está claro que necesitas rodearte de gente que tenga los mismos intereses que tú, y esa es la suerte que tenemos en el club de Brunete, que toda la gente que viene lo hace con la misma intención, ganar, ser el mejor. Unos lo consiguen y otros no, pero cuando te juntas con un grupo en el que trabajan todos con la misma idea lo normal es que las cosas salgan.
¿Cuando ve el excesivo protagonismo del fútbol y la poca divulgación que tienen grandes deportistas de otras disciplinas, caso de la suya, lo asume como algo lógico o aún se cabrea?
A mí me molesta un montón, la verdad. Me molesta que siendo deportistas, vamos a meterlos a todos en la misma cesta, unos tengan los privilegios que tienen y otros no tienen nada en absoluto, como es nuestro caso, que tenemos una federación que tiene el presupuesto que tiene y nos tenemos que adaptar a él. Y las becas que tenemos en judo son de risa, si te fijas en las de otros deportes. Compararnos con el fútbol, el tenis, el baloncesto o el golf es imposible, pero, por lo menos, estaría bien tener un poco más, eso es lo que pido. Porque este deporte es durísimo, sacrificadísimo, de los más difíciles del mundo, y luego el reconocimiento, ya no digo el económico, que es ridículo, sino el social, no está a la altura de ese esfuerzo, y me da mucha pena por ellos, por los chavales, que tienen una gran ilusión. Yo sé que Alejandro Blanco, que es el presidente del Comité Olímpico, una persona a la que yo quiero con locura y admiro profundamente, está luchando constantemente contra eso, intentando que los deportistas tengan seguridad social, que estén pagando un seguro, como cualquier trabajador, y que el día de mañana tengan una pensión cuando se jubilen, y que tengan un seguro privado también. Está luchando por mejorar y dignificar nuestro deporte, porque lo necesita realmente.
Fue subcampeón del mundo. ¿Se retiró satisfecho o con la sensación de que pudo haber conseguido mayores logros?
Fui subcampeón del mundo, campeón de Europa y competí en tres Juegos Olímpicos, y en uno de ellos saqué el diploma olímpico, y siempre me ha quedado la espina de lograr medalla en los Juegos Olímpicos. He ganado no sé cuántas competiciones internacionales, y para el judo que teníamos en España, y para los pocos medios, porque en aquel entonces el judo era prácticamente un desconocido, yo abrí esa brecha, ese melón, donde la gente dijo: «Coño, pues si este puede, ¿por qué no vamos a poder los demás?». La forma que tenían de enseñar en aquel entonces era muy diferente a la de ahora, porque el judo ha evolucionado mucho, claro. Y a mí me lo enseñaban de una forma un poco… rústica. ¿Cómo aprendíamos? Pues a base de mirar, de observar, de grabar nosotros mismos las competiciones, de verlas luego doscientas veces en vídeos, etcétera. Pero era todo muy rudimentario.
¿Cuando competía se sintió muy solo? ¿No tuvo un Quino Ruiz a su lado?
Pues mira, si te digo la verdad… Es que tampoco quiero herir a nadie, pero me he encontrado en mi carrera, quitando excepciones, con gente, no te voy a decir egoísta, pero que se preocupaba poco. Yo fui un deportista un poco autónomo, por decirlo de alguna manera. Iba a un club, iba a otro, me movía muchísimo. Siempre estaba buscando. Fui alumno del maestro Lee, un referente; un coreano que vino aquí muy joven y que nos ha enseñado a todos. Pero me formé como judoca moviéndome mucho, observando, y aprendiendo de todo lo que veía por ahí.
Con mucha intuición.
Pues sí, con mucha intuición porque no teníamos otra cosa.
Esta sección lleva por título «¿Tienes fuego?». Señor Ruiz, ¿tiene fuego?
Todo el que quieras, ja, ja. Me queda fuego para rato. El día que vaya a mi club sin la pasión que tengo ahora, me quedo en casa.

