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Jonathan Castroviejo: «Los últimos dos o tres Tours han sido un infierno. He sentido miedo en la bici»

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Jonathan Castroviejo no ha cogido mucho la bicicleta este invierno. «La bici es para el buen tiempo, con más de 15 grados. Si no, me cuesta salir. Desde octubre hasta enero, febrero no he salido nada, nada. Cinco días. En invierno, uno tira más al gimnasio o a correr. Y luego cuando hace días espléndidos pues dices a disfrutar», confiesa durante su primera participación en la Titan Desert.

Porque Jonathan (27 de abril de 1987, Getxo) decidió celebrar su primer cumpleaños de «jubilado» de una manera diferente, en el desierto de Marruecos. Una experiencia distinta para alguien que no se había subido a una bicicleta de montaña «desde que era un chaval».

«La Titan es un reto», reconoce Castroviejo, que abandonó el ciclismo profesional con 38 años, seis campeonatos de España contrarreloj, una medalla de oro en el Europeo y una de bronce en el Mundial, además de ayudar a sus líderes de equipo a ganar seis grandes vueltas. «A mí las motos me han gustado mucho. Siempre he estado con la cabeza de hacer algo, pero nunca ha llegado el momento», explica. Y la Titan Desert Marruecos es lo más parecido al Dakar en bicicleta. «Es algo similar», dice.

Fueron muchas temporadas subido a una bici. Tantas que Jonathan necesitaba desintoxicarse un poco del ciclismo. «Me ha costado seguir las carreras, pero ahora sí estoy con el gusanillo de seguirlas y de estar un poco al día», confiesa.

El ciclismo de élite agota física y mentalmente. «Hasta hace cuatro o cinco años el formato era muy similar. Se ha ido un poquito más rápido, pero una etapa salía a tope y quizás la siguiente se rodaba de una manera diferente. Ahora, en los últimos dos o tres Tours que he corrido, es un infierno. Día tras día no hay un kilómetro de estar tranquilo. Y a todo se suma la velocidad, el peligro. El miedo. En mi caso, ya he sentido miedo en la bici, frenas más. Y eso es un círculo vicioso que se retroalimenta. Se va muy rápido. Ahora mismo, en París-Roubaix hacen 50 de media, para eso hay que ir a 60 por hora toda la carrera. Y en las curvas y en el pavé te baja la media», explica el que fuera corredor de Movistar y de Ineos.

Ese ritmo hace imposible la convivencia en el pelotón. Se acabaron los tiempos de las charlas en carrera con los compañeros. «Nada. Absolutamente nada. Nada. Desde el principio a fin, ni un minuto. Y desde antes tampoco. Ya es ir a la salida veinte minutos antes para coger la posición. Eso es un disparate. Antes había momentos de charleta. No lo vamos a exagerar, pero siempre había 10 minutos, quince, veinte de tranquilidad y eso ahora se ha perdido. Y sobre todo, lo que siempre dicen, el respeto. Ahora mismo sube un chaval de 18, 19 y ya está, da igual que lleves 10, 15 o 20 años allí. Es muy cruel. Es muy cruel», advierte Jonathan.

El ciclismo asume las prisas con las que vive la sociedad. «Antes tú pasabas a aficionados con 18 años y estabas ahí 3, 4, 5 o 6 años en una edad quizás la más importante de tu vida. Y muchas veces se malgastaba. Ahora, con 17, 18 sabes si vales o no vales. Por ese aspecto puede ser mejor para no perder todos esos años que son tan importantes. Lo malo es que con 14, 13 años los chavales tienen que estar igual. Pierden parte de su infancia, pero no puedes ir en contra de la realidad ni de la evolución», lamenta.

El ciclismo ha cambiado mucho. Tanto que nunca ha habido un corredor que ejerciera el dominio que ejerce Pogacar sobre el resto. «Cuando alguien destaca tanto, está tan por encima del resto, no es bueno porque el resto de equipos tienen patrocinadores detrás, mucho dinero en juego y no hay un escaparate. Para el ciclismo global estaría bien que hubiera una guerra, una batalla, no solo ya entre corredores sino en equipos», dice Castroviejo. Aunque eso no le impide disfrutar de las exhibiciones del esloveno como espectador. «Hay que disfrutar. Porque el nivel que hay en el pelotón ahora mismo es muy alto, pero hacer lo que hace...», reflexiona. «Hay que admirarlo. Parece como que ya le queremos quitar porque aburre y es un espectáculo. No es fácil que haya alguien como él. que te vaya a una clásica de pavés, que te vaya al Tour... Es que eso no se ha visto. Y que te gane».

«Siempre está la discusión entre Merckx y Pogacar, quién es mejor. Es que el nivel físico no era el mismo. La competencia de Pogacar es superior a la que tenía Merckx. Eso es así. Para mí es así. Objetividad», sentencia Castroviejo.

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