La final del Mundial: el ajedrez contra el potrero
Este domingo, cuando el autobús de España vaya camino del estadio de la gran final del Mundial, Unai Simón y Dani Olmo jugarán al ajedrez un rato en sus asientos. A la misma hora, en el bus de la selección argentina, es muy probable que la mayoría de futbolistas vaya cantando canciones de las «barras», marcando el ritmo dando golpes en el techo o en los cristales. Son dos maneras de sentir el fútbol, pero por mucho que se empeñen los albicelestes, una forma no es mejor que la otra.
Desde que se saben los equipos que van a jugarse el mundo, han aparecido en las redes sociales vídeos de algunos opinadores argentinos que se ven favoritos porque los jugadores españoles son «pequeños» o pesan poco. Uno decía que los 26 jugadores seleccionados por Luis de la Fuente podían subirse en un ascensor junto al utillero y no superarían el peso máximo permitido. Parece claro que el tiquitaca que llevó a España a ganar dos Eurocopas y un Mundial de manera consecutiva no fue suficiente para que algunos entendieran que el fútbol no se juega con los bíceps y que está en la cabeza y en los pies. También decían estos «influencers» que Cucurella no sería una estrella si tuviera el pelo corto y liso y que Dani Olmo «arruga» en los momentos importantes.
Una serie de lugares comunes que no hacen justicia a dos de los mejores jugadores de este Mundial que ya está en su recta final. En Argentina se sigue invocando al potrero como escuela para formar futbolistas, cuando hace mucho tiempo que los niños ya no juegan prácticamente a oscuras en campos llenos de agujeros. Los que aprendieron en esos escenarios son ahora entrenadores o comentan partidos en los distintos canales de televisión.
Una cresta o unos tatuajes no hacen mejor al futbolista, como tampoco le hace peor que use el ajedrez para concentrarse o que no mida 1,90 y tenga, o ponga, cara de malo. El peso futbolístico no se mide en kilos sino en calidad con la pelota.
Ya sucedió en la previa del partido contra Uruguay, que la garra charrúa iba a ser suficiente para superar a España, aunque los de Marcelo Bielsa no dieran tres pases seguidos ni se hablaran en el vestuario. El mundo se conquista de otra manera.

