Muere a los 74 años Uliana Semenova, la jugadora de 2,13 metros que dominó el baloncesto mundial y fue «una estrella» en España
El mundo del baloncesto está de luto. La mítica jugadora Uliana Semenova ha muerto a los 74 años después de una larga temporada lidiando con graves problemas de salud. Medía 2,13 metros, pesaba 115 kilos, tenía un 58 de pie e hizo historia en el Baloncesto mundial y europeo, también en España, donde jugó sus últimas temporadas y donde llegó a sentirse «realmente una estrella del baloncesto», tal y como ella misma reconoció en 'Informe Robinson'. Nacida en 1952 en la ciudad letona de Zarasay, pronto empezó a despuntar en esta disciplina, tanto con su club, el Daugawa de Riga, como con la selección de la Unión Soviética, donde debutó a los 16 años y con quien protagonizó un dominio absoluto entre 1966 y 1987. Entre su palmarés destacan 15 títulos de la liga soviética con el Daugawa, 11 de Copa de Europa y una Copa Ronchetti (1987). Con la selección de la URSS, más de lo mismo: dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos, otras tres en los Mundiales y 10 en los Eurobasket. Con un récord personal de 56 puntos en un partido , durante las 18 temporadas en que participó en competiciones internacionales su equipo no perdió ni un solo partido oficial, recuerda la Federación Española de Baloncesto, que en un comunicado ha querido transmitir su pésame a la familia de Semenova y a la selección letona en nombre de todo el baloncesto nacional. Su trayectoria la convirtió en la primera jugadora no estadounidense que la FIBA incluía en su Salón de la Fama. Sin embargo, su carrera deportiva tuvo una cara más negra. Las proporciones físicas que le llevaron a lo más alto de este deporte lastraron también su salud física. Su gigantesca estatura se debía a una enfermedad llamada acromegalia, provocada por el exceso de una hormona del crecimiento denominada somatotropa, que le producía fuertes dolores y que ha afectado a otros jugadores como Roberto Dueñas o Gheorghe Muresan. A los 13 años, Uliana ya medía 193 centímetros, mientras que ninguno de sus siete hermanos superaba el 1,80. Ya al final de su carrera arrastraba una artrosis de tobillo que no le impidió, en la temporada 1987-88, hacer al Tintoretto de Getafe subcampeón de Liga. Ahí dejó un gratísimo recuerdo entre sus compañeras y rivales. Cuando en 1989 se retiró en el Valenciennes francés acumulaba numerosos problemas de salud, entre ellos diabetes. Su enfermedad fue degenerando, hasta imposibilitarle ponerse de pie y llevarle a la amputación de una pierna. Su salud se fue debilitando hasta el punto de que en 2022, siendo una de las protagonistas de la tercera promoción del Hall of Fame del Baloncesto Español, le impidió acudir a la ceremonia. Sin embargo, lejos de las pistas y con una economía tan delicada como su salud, siguió recibiendo el apoyo de compañeras de deporte que, al igual que la ayudaban cuando cuando compartían vestuario y el salario que cobraba no le daba para llegar a fin de mes -una parte se la quedaba la URSS-, hace años llegaron a impulsar una campaña de crowdfunding para costear la adaptación de su vivienda a sus condiciones físicas y las necesidades sanitarias pertinentes. Hoy, la tristeza por su muerte llega a todos los rincones del planeta.

