Las presiones por las apuestas moldean el mundo del tenis: «Es horrible, lo veo constantemente»
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Hay quienes han aprendido a ignorarlo, pero otros tantos todavía no son capaces de olvidar unas apuestas que se libran a su costa. No se olvidan porque la situación se repite cada día, cuando a sus redes sociales llegan comentarios exigiendo que pierdan o ganen partidos. Si el resultado no es el apostado, aparecen las amenazas . Son numerosos los tenistas que, en los últimos años, han decidido hacer de su altavoz mediático un grito de denuncia ante un problema que se ven obligados a enfrentar de manera recurrente. La española Marina Bassols ha sido una de las últimas en alzar la voz ante esta situación, pronunciándose a través de un vídeo en su perfil de Instagram sobre los comentarios que ha recibido. «Tenlo claro, estás muerta» o «búscate un buen seguro de vida y un abogado porque te voy a matar en cuanto vuelvas a casa» son algunos de los mensajes que llegaban a su bandeja de entrada a través de los perfiles de diversos usuarios. En 2024, 458 tenistas fueron la diana de alrededor de 8.000 comentarios y publicaciones vejatorias en redes sociales, según un primer informe de la WTA y la Federación Internacional de Tenis (ITF) sobre el abuso en línea, publicado el año pasado. Los datos revelaban que el 40% de estos comentarios provenía de «apostadores estafados». Las amenazas se propagan hasta cubrir una parte importante del mundo del tenis. En la carrera de Paula Badosa la situación es, desde hace tiempo, una constante, tanto que ya parece haberla normalizado. «Es horrible, lo veo constantemente y cada día recibo esas tonterías», aseguraba esta mañana en el Mutua Madrid Open, torneo en el que competirá las próximas dos semanas. También lo hacían la británica Katie Boulter y la polaca Iga Swiatek, testimonios de dos mujeres que han sufrido la situación en primera persona, además de ser testigos de lo vivido por sus compañeros. El año pasado, Boulter fue una de las tenistas que más se pronunció al respecto, hecho que quiere repetir este año ante una situación que ha cambiado su forma de concebir el deporte y a sí misma. «Mi experiencia con ello obviamente me ha moldeado hasta convertirme en quien soy hoy», afirmaba, contundente, la británica. Aunque «puede ser muy difícil a veces», agradece «ser alguien que se lo toma con calma y no lo piensa en exceso». Hablan con una rabia que se entremezcla con tristeza, pues muchas veces la presión se traslada al juego. Les sucede, especialmente, a las nuevas promesas, cuya piel todavía no ha endurecido el peso de los años. «Sé que no me lo tomo en serio, pero para una chica de 18, 19, 20 años puede ser complicado, porque yo he estado ahí y te puede crear muchas inseguridades en la cabeza y, sobre todo, cuando estás jugando un deporte donde la cabeza tiene que estar muy tranquila», comentaba Badosa al respecto. «Es importante intentar ayudar a la próxima generación a que no tenga que lidiar con tanto», añadía Boulter. Cada uno utiliza sus estrategias que, como aseguraba la polaca, se van aprendiendo con el transcurso de los años. Coinciden en que la tendencia no parece detenerse ni existir todavía una fórmula definitiva para su erradicación. «Desgraciadamente no se puede quitar porque creo que hay mucho negocio detrás », reflexionaba Badosa. Swiatek lo concibe como una parte más del trabajo, pues el tiempo ha hecho de la negatividad en redes sociales una costumbre y ha otorgado al agresor una impunidad silenciosa, apenas rota por las denuncias de los propios jugadores. Pero, para ellas, sobre una pista de tierra batida, todo sigue igual.

