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Alcaraz, reseteo, detalles y a por la sonrisa en Barcelona

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Al fin Carlos Alcaraz sonrió. Primero, observando cómo Jannik Sinner dudaba y sudaba en su salto de campeón a la piscina. Después, probando él mismo esa zambullida de subcampeón que compartió con el equipo. Una forma de liberarse de la presión que lo ha atenazado toda la semana en Montecarlo, a donde llegaba con la presión de defender el título y el número 1 y no pudo desatarse en la final, donde hubo errores que ya está tratando de solucionar. Ya había puesto de su parte tras superar la semifinal contra Valentin Vacherot. A pesar del triunfo, una media horita más de entrenamiento para seguir cogiendo sensaciones y descargando tensión. Pero el domingo contra Sinner, la realidad: «No he jugado bien los puntos importantes». Fue su condena. Porque tuvo dos 'breaks' de ventaja, uno en cada set y aun así el control se inclinaba siempre hacia el italiano. Muchas dobles faltas (5) y errores (45), por presión, por viento, por todo, que le impidieron jugar a su manera, liberado y feliz, que es cuando y como gana más y mejor. Se conocen tanto que apuntaba a las claves de esta derrota ante el italiano: «En los puntos importantes no jugué bien. Tuve muchas oportunidades y no las aproveché; con muchos 0-30, 15-30. No jugué bien el 'tie break', y Jannik estuvo siempre a un nivel increíble en los momentos importantes», asumía el murciano ante un Sinner que reconoció haber adaptado de maravilla su estilo a cada rival. El nuevo número 1 siempre estuvo mejor plantado en la tierra a la hora de golpear, con apoyos más estables que le permitieron ser más incisivo en los ataques para evitar las cabriolas y los trucos de escapismo de Alcaraz. A pesar de esa doble ventaja con la que contó el murciano, se impuso el mayor ritmo y el mejor criterio del italiano en los intercambios desde el fondo. Así lo estipulaban las estadísticas, con la mayoría de los puntos tras intercambios de menos de cuatro golpes para Alcaraz, pero un mayor porcentaje de éxito para Sinner si el diálogo se alargaba. Así lo reconocía Alcaraz: «Ganó el partido desde el fondo. Especialmente de revés a revés. Sobre todo en el primer set jugamos muchísimo por ahí, y sentí que él estaba mucho más en posición de atacar que yo». «Saqué muy bien en los momentos que importaban. En el 'tie-break' fui muy preciso, y luego hubo altibajos por parte de ambos porque había mucha tensión. Hay pequeños detalles que seguro que Carlos va a mejorar para su próximo partido contra mí y tendré que estar preparado», analizaba también el de San Cándido. Así es Alcaraz, y también Sinner. Tras la ducha y el baño y la charla con los suyos, ya atiende a otros objetivos, apuntados los deberes, que el tenis sigue. Una cura de humildad para cuando se gana; una nueva oportunidad para cuando se pierde. Y Alcaraz, ya se sabe, reorienta rápido el pesar hacia esa nueva meta. En Barcelona esta vez, donde fue campeón en 2022 y en 2023, donde no acudió en 2024 por lesión, donde cayó en la final, también lesionado, ante Holger Rune. No estará Sinner, que se toma unos días de descanso y hasta puso en duda su participación en Madrid, pero estarán otros contendientes que pondrán a prueba su recuperación anímica. Empezará el murciano contra el finlandés Otto Virtanen , 24 años y número 130 del mundo. Una cara nueva para chequear su tenis sin que, aparentemente, debe sufrir demasiado. Su estreno está previsto para este martes 14 de abril. A partir de ahí, nombres como Sebastián Báez, a quien apabulló en Montecarlo o Tomas Machac, que le hizo partido a Sinner. Rublev y De Miñaur también van por ese mismo lado del cuadro que Alcaraz. Por el otro, Karen Khachanov, Rafa Jódar, la nueva estrella del tenis español, Stan Wawrinka, en su gira de despedida. Y Lorenzo Musetti, brillante en la gira de tierra batida del año pasado y que quiere reivindicar su puesto entre los grades de nuevo con ese exquisito revés a una mano. Un duelo apasionante que solo podría darse en la final. Una final a la que aspira el murciano para recuperar el número 1, pues apenas hay un centenar de puntos de distancia con Sinner y será la lucha por el trono una constante durante todo el resto de la gira de tierra. Alcaraz defiende los puntos de la final del año pasado, y los 1.000 de campeón en Roma, ante el italiano, precisamente. Antes de jugarse el todo por el todo en Roland Garros, donde Sinner palideció los vértigos del triunfo y Alcaraz se levantó de tres puntos de partido en contra para levantar la Copa de los Mosqueteros más emocionante de los últimos años. Quiere seguir en esta línea el español, que sabía que habría obstáculos en el camino, pero no descarta un cambio de rumbo en este reto que se ha marcado para 2026: jugar todos los torneos de tierra batida. Algo que ni siquiera Rafa Nadal pudo completar. Aunque ya advirtió el murciano tras caer en la final de Montecarlo que escuchará a su cuerpo. «Si no tengo ningún problema, jugaré todo en tierra. Era también el objetivo del año pasado, pero me lesioné. Ahora escucho mucho mejor mi cuerpo. Si tengo que saltarme uno, me lo saltaré. No sé cómo serán los partidos, si ganaré, si perderé pronto, si serán muy exigentes físicamente… no lo sé. Pero sí puedo decir es que este año escucharé mucho mejor a mi cuerpo». Y en ese cuerpo, también está incluida la cabeza. Esa que necesita liberarse, limpiarse y llenarse de energía positiva de nuevo para lo que viene.

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