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Enorme Cristina Bucsa, campeona por duplicado

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Si ganar a su primera top ten en semifinales fue un regalo de cumpleaños estupendo para su padre, Cristina Bucsa ha doblado la apuesta en la final, campeonísima del WTA 500 de Mérida (México) y por partida doble. La cántabra, que desde hoy se levanta en el puesto 31 de la WTA, batió en individual a la polaca Magdalena Frech por 6-1, 4-6 y 6-4, en dos horas y 15 minutos, y celebró también en pareja el título en dobles. Un éxito mayúsculo y maravilloso con el que Bucsa inaugura su vitrina de trofeos individuales y da un salto de gigante entre las grandes, primer raqueta española en la clasificación mundial. «Estoy supercontenta por estos dos títulos. Conseguí hacer el doblete en Limoge en 2023, que era WTA 125, pero este es más especial porque es un 500 y, sobre todo, por todos los partidos duros que he tenido, que ha sido muy exigente. Es un gran logro del que me siento superorgullosa. Me da un plus de confianza para los próximos torneos», comentó después la cántabra, que se corona en su segunda final tras la que protagonizó el octubre pasado en el ATP 250 de Hong Kong (perdió con la canadiense Victoria Mboko). Bucsa había tropezado en todos sus duelos contra una top ten y se liberó ante Jasmine Paolini, y ya en la final, se desató a pesar del cansancio acumulado. Y de las decepciones sufridas en este inicio de curso, cuatro derrotas en primera ronda consecutivas. Había más energía e ilusión que fatiga y comenzó el último duelo con autoridad, con un 3-0 y minimizando errores, como lo había hecho en toda la semana en la que no se había dejado ningún set por el camino. La final no iba a ser tan sencilla, sobre todo contra la polaca, que ya había batido a Jessica Bouzas y sorprendió a Bucsa con un segundo capítulo mucho más firme, y con dos 'breaks' rapidísimos para el 3-0. Sin prisa pero sin ceder ni un espacio ni un gramo de agresividad, la española fue ganando terreno y hasta tuvo oportunidad de romper el saque de la polaca en el octavo juego que la hubiera llevado a empatar a 4, pero Frech volvió a tener más consistencia y se llevó el parcial por 6-4. La española volvió a salir al ataque en el tercer set, y consiguió romper el saque de la rival en el cuarto juego. Su primer título individual todavía tendría que esperar un poco, pues los nervios la atenazaron cuando sacaba para ganar, con 5-3, y Frech aprovechó para poner más tensión al choque. Sin embargo, esta Bucsa tenía ya muchas ganas de estrenar palmarés y qué mejor manera que hacerlo en un WTA 500. La cántabra se coronó por fin al resto, campeona en Mérida con todo merecimiento, que duplicaría después con el título en dobles con su compañera Xinyu Jiang ante la pareja Maia Lumsden e Isabelle Haverlag (6-4 y 6-1). Bucsa, bronce olímpico en París 2024 con Sara Sorribes, estrena su palmarés individual y suma el octavo en su palmarés de dobles; y se convierte en la primera raqueta española en la clasificación de la WTA en el puesto 31. Por detrás la siguen Jessica Bouzas (50) y Paula Badosa (106), y pone fin a una sequía de títulos para el tenis femenino nacional desde que Badosa, precisamente, ganara el WTA 500 de Washington en agosto de 2024, hace 574 días. Si en la celebración del bronce olímpico, Sara Sorribes era la emoción, envuelta en lágrimas, Bucsa era la alegría, la sonrisa desatada, y a la vez, la normalización hecha palabra. Si trabajas duro, puede que llegue algún día el éxito. Es lo que ha hecho cántabra desde que se iniciara en el tenis, y lo despliega ahora defendiendo ese camino paralelo a lo que suele ser la norma. Cimenta este crecimiento en su Torrelavega de acogimiento, pues nació en Chisinau (Moldavia) pero es cántabra desde los tres años. Sigue con su padre, Ion, como mentor, guía y entrenador, y fisio y masajista, y lo que haga falta, también autodidacta porque no lo une ninguna relación con el tenis hasta que vio que la niña tenía facilidad para este deporte. A partir de ahí, aprendizaje del circuito aunque sin dejarse arrastrar por él. Viajes y hoteles y todo lo que haga falta salía de la economía familiar. (En Wimbledon 2019 se pidió por internet unas zapatillas para jugar en hierba, pero le llegaron unas gafas y tuvo que ir a una tienda de deportes a comprarse unas deportivas de golf. No le fueron bien y tuvo que jugar con el par que encontró en una tienda del club, dos tallas más grandes, que rellenó con calcetines). Alguna colaboración puntual, como con Country Club by Dasha, pero, en su ropa, nada de grandes marcas ni patrocinadores: una costurera de Torrelavega que hace los diseños que la propia tenista se inventa. Comenzó los estudios de Psicología, que pone en práctica con ella misma, y no es raro verla leer libros de filosofía o cocinar su propio menú en los torneos. No existen las redes sociales para ella ni se prodiga por los actos de patrocinio. No despuntó con 18 años, ni falta que le hacía; ahora, con 28, sus mejores resultados, fruto de la paciencia y del saber brillar desde lo cotidiano, lo familiar, en un camino propio.

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