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Djokovic revive su dura infancia en la guerra: «Recuerdo a mi madre inconsciente, no creo que nadie deba desarrollar su fortaleza mental así»

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La carrera de Novak Djokovic se aproxima irremediablemente a su fin. El serbio, a sus 38 años, y a las puertas de soplar las velas por 39ª vez , ha alcanzado en el Open de Australia su 38ª final de Grand Slam. En busca de su 25º título de Grand Slam, Nole se ha aferrado a su leyenda y a su idilio en Melbourne , donde suma tantos títulos como finales (diez). Todo un reto este domingo para Carlos Alcaraz, cuyo techo en Australia eran los cuartos de final hasta ahora. Djokovic es uno de los tenistas más laureados de la historia . A pesar de todos los títulos de Grand Slam, el que más ha alzado, Nole recuerda con especial orgullo el oro olímpico que dio a su país en los Juegos Olímpicos de París 2024. Con un sentimiento de pertenencia muy fuerte por su país , Novak vivió decepciones muy grandes jugando para Serbia , como aquella imagen llorando desconsoladamente en Río 2016 tras caer en primera ronda en un año en el que solo había perdido cuatro partidos en más de media temporada. En Tokio 2020 también era el favorito al oro, pero cedió tanto en las semifinales como en el encuentro por el bronce. París 2024 era su última opción para la medalla de oro, dada la irrupción de talento joven, como Sinner o Alcaraz, entre otros, y los 41 años que tendría en el hipotético caso de que alcance Los Ángeles 2028. La victoria ante Alcaraz en la final fue la mayor alegría de su carrera deportiva. Para él, fue saldar una deuda que tenía con sus compatriotas y consigo mismo . Una muestra más, en definitiva, de la fortaleza mental de Nole, de conseguir sobreponerse a las adversidades, por muy grande que haya podido ser el mazazo. El reflejo de un hombre criado en el Belgrado de la guerra y que desarrolló un carácter firme moldeado por la crudeza de aquellos años entre sirenas y humo. El propio Djokovic se abrió en canal en una entrevista al diario argentino La Nación unos meses después de colgarse el oro olímpico en la pista central de Roland Garros. Novak Djokovic contó muchas intimidades de su infancia. Experiencias que ayudan a entender el carácter y la mentalidad del tenista con más Grand Slams de la historia. «¿Sabías que Belgrado es la ciudad de Europa que más veces fue destruida y reconstruida? Esta ciudad tiene una resiliencia y un espíritu increíbles. Ese espíritu lo encuentro dentro de mí . Las dificultades que atravesamos mi familia, mi pueblo y yo… y lo repito porque sé que lo que digo también lo escuchan en Croacia, en Bosnia, en otros países... Y siempre los menciono porque ellos también sufrieron en la historia reciente y en las guerras, incluso más que Serbia. Así que entiendo el dolor y las penurias», relata Djokovic. En concreto, Nole relató un episodio que tiene grabado en su memoria. «Recuerdo que mi madre una noche… Estabas durmiendo y en mitad de la noche te despiertas porque escuchas la sirena y tienes que coger un bolso y bajar al sótano del edificio para intentar refugiarte. La primera vez que pasó, mi madre se levantó en la oscuridad, porque dormíamos todos juntos, no sabíamos qué iba a pasar y llorábamos todas las noches . Y ella se golpeó la cabeza contra el calefactor y quedó inconsciente. Eran las 3 de la mañana y mi padre tenía a su esposa inconsciente. Yo, que tenía 12 años, y mis hermanos menores, de 8 y 4, llorábamos . Cundía un pánico total». «Es una experiencia que nos fortaleció como familia, como personas. Y lo digo de nuevo: no se lo deseo a nadie . Quiero que quede bien claro: no creo que nadie deba sufrir la guerra para desarrollar su fortaleza mental, hay otras maneras de hacerlo. Pero, para mí, eso representó una parte muy importante de mi desarrollo . Siendo un niño pequeño me vi obligado a madurar », reflexiona Djokovic en su entrevista en La Nación. En aquella década de los 90, coincidiendo con la infancia de Djokovic (nació en 1987), fueron los años más intensos de las guerras yugoslavas. «El simple hecho de recordarlo me da escalofríos y me pone la piel de gallina , es una sensación terrible. Recuerdo que el día que cumplí 12 años vi un avión en pleno día. Estaba en el club de tenis y las alarmas empezaron a sonar. Las escuchas y de repente ves el avión lanzando cohetes sobre una base militar o también sobre hospitales , escuelas y puentes... Y entonces piensas: '¿Qué puedo hacer?'. No puedes hacer nada. Y esa es la peor sensación, el miedo. No tienes control, no tienes poder. Hay un poder más fuerte que puede destruirte de un momento a otro». En la conversación, Djokovic recuerda que, como hermano mayor, tuvo que «asumir responsabilidades» y compartir el rol de su padre. « Mi padre me hablaba como a un adulto : 'Tienes que hacer esto, lleva a tus hermanos allí'. Era la guerra. Todos están en pánico, perdidos, todos gritan, todos tienen miedo», cuenta sin tapujos Novak Djokovic, un carácter marcado a fuego por esa cruda infancia en Belgrado.

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