Sorpresón en Australia: el maestro Djokovic da otra lección, bate a Sinner y acepta el desafío de Alcaraz en la final
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Y de la Rod Laver Arena surge un rugido descomunal que atraviesa el planeta y la historia del tenis. Lo suelta Novak Djokovic , 39 años en mayo, campeón de 24 Grand Slams, arrinconado por los Sinner y Alcaraz de turno, casi olvidado por muchos, finalista del Abierto de Australia tras un ejercicio descomunal de todo: saque, revés, derecha, táctica, pundonor, orgullo y todo lo que es el serbio: puro tenis. Después de cuatro horas y diez minutos, sacude a Sinner y las estadísticas, y a las quinielas, y a los expertos que vaticinaban que esto iba a ser otro título en liza entre el italiano y el español y se cuela en la gran fiesta del domingo para reivindicarse, en su mejor partido de hace mucho tiempo, y defender todo lo que es suyo. Es diez veces campeón del Abierto de Australia, y de otros once Grand Slams, y aquí se eleva sobre sí mismo para ofrecer una magnífica actuación, impecable con el servicio y la derecha y subrayando que al tenis también se gana por táctica y no solo por paciencia. Y que tiene 38 años, y qué. En el mundo del tenis todo puede pasar. Lo ha mostrado Alcaraz en la primera semifinal, con un partido casi ganado, los vómitos y los calambres, y un fantástico Zverev, casi le arrebatan lo que parecía atado. Y lo demuestra este Djokovic descomunal, que desnorta a Sinner con tenis de vieja guardia, con 16 opciones de rotura salvadas de 18 gracias a ese saque (75 % de primeros servicios en algunos saques) ilegible que no es potente pero sí letal. Nada parecía presagiar que Sinner tendría este final de pesadilla ante Djokovic, a quien había batido en los cinco últimos duelos. Un 3-0 de manual nada más empezar. Pero el italiano no ha mostrado en este torneo toda la firmeza y fineza de otros años. De ahí que tire de oficio en el primer set ante el serbio, al que le cuesta encontrar la forma de jugar fluido ante la velocidad de pelota y de encontrar su juego ante las armas del italiano, pero va rearmándose. Le sale el primer saque, y la derecha, y el revés, y la táctica, y la experiencia, aunque en cada golpe se deje la piel frente a la facilidad con la que Sinner parece desplazarse. Encuentra las cosquillas del de San Cándido en el segundo capítulo, donde ya muestra que el físico está donde debe, y que el nivel ya estaba ahí desde hace años, en todo su esplendor. Ese que tuvo que defender en rueda de prensa, casi ninguneado por un periodista que pareció obviar que es el campeón de 24 Grand Slam y dueño de casi todos los récords de este deporte. Cimentó Djokovic ese triunfo parcial, y el general al final del duelo, en machacar sus piernas y retorcer su muñeca para encontrar todavía más ángulos de los que sabe sacar el italiano. También aprovechó esa palidez en el juego del rival, un poco desnortado con su revés, que no encontraba acomodo en la pista. sobre todo, sacó a relucir que al tenis se gana por pegada, sí, pero también, y mucho, a veces más, por táctica e inteligencia . Cocinaba el serbio los puntos apurando los segundos para sacar, con cambios de ritmo, una derecha finísima ajustada al fondo y, cuando veía apurado ya a Sinner, lo remachaba sin piedad a los ángulos o con esas derechas paralelas increíbles que coleccionó el serbio. Pagó el esfuerzo, claro, que solicitó una pastilla a su equipo porque el desgaste es cada vez más difícil de recuperar en poco tiempo. Pero ahí seguía, mostrando tenis, calidad, cabeza, entereza, palmarés, leyenda , todo lo que ha sido y es a pesar de no encontrar energía en el tercer set. O la estaba guardando, porque el campeón de 24 Grand Slams encontró nuevos recursos para llevar la iniciativa de los puntos, evitó con profundidad de sus golpes que el italiano pudiera encontrar ángulos, para encontrarlos él sin moverse tanto del centro de la pista, defendió su etiqueta de 'mejor restador de la historia' y machacó cuando pudo, incluso en momentos de máxima tensión. De esos 38 años que todo el mundo da por hechos que son demasiados, el mejor Djokovic de los últimos tiempos, al nivel de sus mejores tiempos. Es el que rinde un último tributo al tenis en un quinto set en el que no solo no baja el nivel sino que sube a la nota de la excelencia. Porque vuelve a defenderse con todo de las acometidas de un cada vez más nervioso Sinner, que había impactado 26 saques directos y un 75 % de primeros y un 80 % de segundos, y aun así no podía. Elige con más precisión los puntos de la pista adecuados para rebajar la potencia del rival, que se queda sin servicio y sin argumentos en el cuarto juego. La Rod Laver Arena se vuelve loca, rendida de nuevo al rey del tenis, que devuelve el apoyo recibido por esa rotura en forma de esfuerzo sobrehumano con una recta final maravillosa, magnífica, a la altura de sus mejores tiempos. Tanto es así que Sinner tiene tres bolas para recuperar el 'break' perdido, pero se lo niega Djokovic , que lleva dos temporadas ajustándolo todo de nuevo para vivir noches como esta. No había jugado el partido de octavos, y la lesión de Lorenzo Musetti en cuartos con 6-4 y 6-3 en contra, le abrió una nueva oportunidad de defender su reinado, no solo en Australia, sino en el tenis del hoy, del que sigue siendo más que dueño. La ha aprovechado con la clase que lo llevó a superar a sus archienemigos Rafa Nadal y Roger Federer, que lo llevó a mantenerse en lo más alto del mundo todo cuanto pudo ante los jóvenes Alcaraz y Sinner, que lo encumbra de nuevo tras esta lección magistral de quien ya lo era todo en este deporte. Superadas las tres bolas de rotura en contra, solo tiene que aguantar un poco más, con 5-4 y su propio saque, ese que tan lúcido le ha hecho parecer en esta noche australiana. Se santigua antes de que comience el juego y Sinner aprieta, que ya había dado por hecho que Djokovic no era rival para él, y menos en Australia donde llevaba 19 victorias consecutivas. Tiene un 0-30, y hasta una bola de rotura, pero este Djokovic vuelve a engatusarlo, y es otro recital de saques escorados y dos fallos del de San Cándido lo que hace estallar la Rod Laver Arena, y soltar el rugido a Djokovic, que se arrodilla en esta pista como quien clava su bandera. Son sus dominios: esta pista, los Grand Slams, el tenis en general. En la final del Abierto de Australia, con 38 años y medio. Emocionado, casi no tenía palabras el serbio: «Es surrealista, la verdad. Un partido que me recuerda a la final de 2012 contra Nadal, de casi seis horas. Ha sido una noche increíble. En el US Open dije que era difícil, pero no imposible ganar a Jannik. Tenía este nivel, solo tenía que encontrarlo. Hemos jugado a un nivel altísimo, sabía que o jugaba así o no tendría ninguna oportunidad». Sobre el partido Alcaraz-Zverev dijo: «Ha sido un partido increíble, creo que hemos intentado igualar esa intensidad. Creo que ha merecido la pena pagar una entrada hoy, quiero el 10 por ciento. Tengo ganas de ver a Alcaraz el próximo día».

