Alcaraz sobrevive a un drama con vómitos y calambres incluidos para llegar a la final del Open de Australia
Alcaraz está a un paso de completar el "Grand Slam" después de un drama de dimensiones monumentales que terminó con su presencia en la final del Open de Australia. Ganó los dos primeros sets y en el tramo decisivo del tercero sufrió unos vómitos y unos calambres que le tuvieron al borde del KO. Pero fue capaz de descifrar el drama que fue la semifinal ante Alexander Zverev. El número uno se impuso por 6-4, 7-6 (7/5), 6-7 (3/7), 6-7 (4/7) y 7-5 en cinco horas y 27 minutos. La seriedad, la consistencia y una fe a prueba de bombas de Carlitos fueron excesivas para el alemán. Ya había ofrecido pistas de esta nueva versión madura en los cinco partidos anteriores, pero es que en la semifinal, animado por el premio, fue todavía más profesional y superó una situación límite. No desconectó en todo el partido y su tenis hizo más daño en la cabeza del germano que en su raqueta.
El Alcaraz del Open de Australia no necesita fuegos artificiales para estar cómodo en la pista. Ha adquirido una seriedad que incluso le lleva a estar contenido en muchos momentos. Y esa contención era comprensible ante Zverev casi más por la importancia del propio partido que por las incomodidades y amenazas de la raqueta de enfrente. Porque el alemán había sido más agresivo en los cinco partidos anteriores, le había funcionado el servicio, pero en la semifinal recayó en sus defectos de toda la vida. La derecha fue un lastre, impropia de un "top 10", y cuando debía mostrar colmillo no fue capaz. Alcaraz dio el primer paso al frente teniendo controlado su cupo de errores. Todo lo contrario que el alemán que regaló con una doble falta el primer "break" en el noveno juego del partido.
Ese ofuscamiento que mostró el de Hamburgo era antes de Melbourne uno de los factores que debía corregir Alcaraz. Y en Australia no ha habido ni rastro de esas desconexiones y cabreos de anteriores cursos. Zverev miraba a su palco, buscaba explicaciones y no las encontraba, pero como Carlos estuvo casi tímido para lo que es él fue capaz de sortear esa minicrisis. Tanto que llegó a situarse con 5-2 en el segundo parcial. Pero es que Sascha es tan capaz de encadenar varios juegos sin fisuras como de mostrarse pusilánime y ofrecer gestos derrotistas que el rival huele. Sirvió para llevarse el set, pero lo único que logró fue llegar vivo al desempate. Ahí el número uno dio síntomas de sentirse a gusto: hubo un par de dejadas reveladoras. Y desde su palco Samu López le recordó: "Charly, batalla mental; Charly, batalla mental". El "tie-break" estaba cinco iguales, pero en la cabeza de Zverev la igualdad era engañosa. Tanto que falló una volea sencilla y Alcaraz se fue a por él con un resto profundo, se metió en pista y conectó una derecha ganadora para llevarse el segundo parcial.
Con el tercer set equilibrado, Alcaraz comunicó a su equipo que había vomitado. Pero eso no fue lo peor. Con 4-4 iguales comenzó a hacer estiramientos sin disimulo. Alcaraz estaba acalambrado. Se quedó sin movilidad, se movía a cámara lenta y su saque tenía una rigidez que le impedía competir. Resolvió el juego a base de dejadas y palos. Estaba a un juego de la final, pero... Apareció el fisioterapeuta del torneo. Masaje, antiinflamatorio... y a seguir jugando. Volvió a ganar su servicio parado. Y en el duodécimo, con el servicio de Zverev, estuvo a dos puntos de meterse en la final. ¿Quién sobrevivía el alemán o el español? El "tie-break" como no podía ser de otra manera fue para el primero.
"Sigue aguantando porque estarás bien dentro de un ratito", le dijo Samu López en el comienzo del cuarto parcial. Además de jugar al tenis debía abstraerse de una situación desesperante. Tan importante como los golpes eran los diálogos que mantenía consigo mismo. "Vamos, vamos, está mejor, está mejor, está mejor", decía. Y, renqueante, Alcaraz volvió a competir. No le dio para evitar que el alemán sumara el cuarto set, pero la evolución era buena. Estaba de nuevo en condiciones, no en plenitud, pero sí para volver a la pelea. Así fue capaz de salvar un 0-30 en el décimo juego y resistió hasta el desempate. El alemán fue más incisivo e incluso resolvió el "tie-break" con su mejor derecha del partido.
Fue una muestra de lo que estaba por venir porque Zverev empezó a encontrar las líneas como no había hecho en todo el partido. Sumó un "break" en el primer juego. Alcaraz no estaba bloqueado, pero el problema ahora estaba al otro lado de la red. El cuarto juego multiplicó el drama: el alemán se situó 40-0, se encontró con dos bolas de ruptura que salvó y después de más de diez minutos conservó su saque. Lo bueno es que Alcaraz físicamente ya había vuelto. Pero el alemán conservaba su saque de forma agónica. Cada amenaza de ruptura era capaz de salvarla... hasta el décimo juego en que Carlitos se volcó al ataque y consiguió doblegar al alemán.

