Simeone entrega Mallorca
Simeone retrocedió. No metros, como en Mánchester o como cuando su equipo se pone con un gol a favor, sino partidos. Lo menos diez. El entrenador no dejó pasar de largo la ocasión de mandar a Joao Félix al banquillo, quién sabe si por prescripción médica o por pura querencia, tampoco de incluir de nuevo en la alineación a Luis Suárez y su indisimulada decadencia, y el Atlético volvió a semanas atrás, a cuando llegaba tarde a sus encuentros y castigaba a su afición con sesiones vacías, inútiles y soporíferas. A los tiempos en que la era del preparador argentino sonaba a consumida o acabada.
Sin Joao Félix, el futbolista que lo hace empezar con un gol de ventaja, al cuarto de hora todo lo más, el Atlético se vio muy reducido. Con Suárez, que no puede jugar fuera del área, que no le queda físico para combatir los planteamientos conservadores de su entrenador (exigentes en metros a recorrer por el nueve), el Atlético volvió a jugar con uno menos. Con dos menos si se suma a Griezmann ('Antuán', según la cariñosa forma que tiene su entrenador de referirse a él). Muy poco equipo para competir frente a un Mallorca muy menor, que ha optado por agarrarse a la demagogia de las palabrotas desde el banquillo para escapar de las posiciones de descenso, pero que se mantiene sin ideas ni juego.
El primer tiempo fue insoportable. Sin fútbol y sin remates. Ni un pase interesante, ni un regate. Todo imprecisiones, las recuperaciones superponiéndose a las pérdidas de balón, errores continuos y, daba igual la camiseta, ninguna ambición o atrevimiento. 45 minutos de completo aburrimiento. Ni la incomprensible corrección de la alineación de Simeone, suicida (con dibujos corregidos sobre la marcha, sin ningún resultado), ni la fórmula del caca, culo, pedo, pis de Aguirre, rescataron al partido del tedio. Casi al contrario, fueron los responsables principales de que la historia se percibiera así. Si a defensa del consumidor le da por entrar de oficio, los entrenadores no se libran de una multa.
Llegaron los cambios en la segunda parte. Fuera el favorito ‘Antuán’ (Griezmann) y también Koke, y dentro Lemar y Cunha. El panorama mejoró, el entretenimiento, pero creció más el Mallorca, que también arrojó pronto al campo a Kubo, el japonés que ya se llevó los tres puntos del Metropolitano. Las ocasiones empezaron a llegar contra la puerta de Oblak, que al menos supo responder. Sobre todo a un disparo lejano y envenenado de Oliván. No pudo hacer nada el esloveno ante el penalti (sancionado por un pisotón del coreado Reinildo a Maffeo) que Muriqi fusiló a la red.
Ya con Joao Félix en el campo, al Atlético le tocó pelear con el viento en contra del marcador, acordarse de jugar y de atacar. A buenas horas, suele decirse. Al Atlético le costó reengancharse. Porque además el Mallorca tiró de oficio para comerle minutos al reloj (que ahí Aguirre sí es perro viejo), parar el juego constantemente, entretenerse en el suelo, dolerse al mínimo contacto... Así que pese a su intención más ofensiva, no casaron tres jugadas seguidas los madrileños, ni abrieron heridas.
El caso es que el Atlético, o su entrenador, entregó su visita a Mallorca. Quizás por jugar con un ojo puesto en la cita del miércoles ante el City, enredó la alineación, volvió a los peores tiempos del equipo, y frenó de golpe su racha de seis victorias consecutivas ligueras. Lo contrario que los isleños, que acogidos a la testiculina, morir más por cada balón que su rival, encontraron el triunfo tras siete derrotas seguidas. Un doble revolcón estadístico que premió a quien más tuvo la cabeza en la cita en juego. Jugar distraído, pensando en otra cosa, se paga. La tabla vuelve a escocer al Atlético.
Sin Joao Félix, el futbolista que lo hace empezar con un gol de ventaja, al cuarto de hora todo lo más, el Atlético se vio muy reducido. Con Suárez, que no puede jugar fuera del área, que no le queda físico para combatir los planteamientos conservadores de su entrenador (exigentes en metros a recorrer por el nueve), el Atlético volvió a jugar con uno menos. Con dos menos si se suma a Griezmann ('Antuán', según la cariñosa forma que tiene su entrenador de referirse a él). Muy poco equipo para competir frente a un Mallorca muy menor, que ha optado por agarrarse a la demagogia de las palabrotas desde el banquillo para escapar de las posiciones de descenso, pero que se mantiene sin ideas ni juego.
El primer tiempo fue insoportable. Sin fútbol y sin remates. Ni un pase interesante, ni un regate. Todo imprecisiones, las recuperaciones superponiéndose a las pérdidas de balón, errores continuos y, daba igual la camiseta, ninguna ambición o atrevimiento. 45 minutos de completo aburrimiento. Ni la incomprensible corrección de la alineación de Simeone, suicida (con dibujos corregidos sobre la marcha, sin ningún resultado), ni la fórmula del caca, culo, pedo, pis de Aguirre, rescataron al partido del tedio. Casi al contrario, fueron los responsables principales de que la historia se percibiera así. Si a defensa del consumidor le da por entrar de oficio, los entrenadores no se libran de una multa.
Llegaron los cambios en la segunda parte. Fuera el favorito ‘Antuán’ (Griezmann) y también Koke, y dentro Lemar y Cunha. El panorama mejoró, el entretenimiento, pero creció más el Mallorca, que también arrojó pronto al campo a Kubo, el japonés que ya se llevó los tres puntos del Metropolitano. Las ocasiones empezaron a llegar contra la puerta de Oblak, que al menos supo responder. Sobre todo a un disparo lejano y envenenado de Oliván. No pudo hacer nada el esloveno ante el penalti (sancionado por un pisotón del coreado Reinildo a Maffeo) que Muriqi fusiló a la red.
Ya con Joao Félix en el campo, al Atlético le tocó pelear con el viento en contra del marcador, acordarse de jugar y de atacar. A buenas horas, suele decirse. Al Atlético le costó reengancharse. Porque además el Mallorca tiró de oficio para comerle minutos al reloj (que ahí Aguirre sí es perro viejo), parar el juego constantemente, entretenerse en el suelo, dolerse al mínimo contacto... Así que pese a su intención más ofensiva, no casaron tres jugadas seguidas los madrileños, ni abrieron heridas.
El caso es que el Atlético, o su entrenador, entregó su visita a Mallorca. Quizás por jugar con un ojo puesto en la cita del miércoles ante el City, enredó la alineación, volvió a los peores tiempos del equipo, y frenó de golpe su racha de seis victorias consecutivas ligueras. Lo contrario que los isleños, que acogidos a la testiculina, morir más por cada balón que su rival, encontraron el triunfo tras siete derrotas seguidas. Un doble revolcón estadístico que premió a quien más tuvo la cabeza en la cita en juego. Jugar distraído, pensando en otra cosa, se paga. La tabla vuelve a escocer al Atlético.

