El Sevilla acaba con el sueño del Zaragoza
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Parece abocado el Sevilla a sufrir en la Copa, aunque ante el Zaragoza no adquirió el choque el tinte dramático que vivieron los andaluces en Andratx. Los de Lopetegui marcaron en el único disparo entre los tres palos que hicieron en la primera parte y certificaron el pase a los octavos gracias a la calidad individual de jugadores como Rafa Mir, Koundé, Ocampos o el Papu Gómez. Acosó el Zaragoza a Dmitrovic y generó cierto peligro en balones colgados al área pero no fue suficiente para eliminar a los hispalenses.
Volvía el fútbol de Primera a La Romareda. Desde 2013 milita el club maño en la categorÃía de plata y no se acostumbra uno a ver a un histórico de nuestro fútbol estrellándose año tras año en su intento de regresar a la élite. El Sevilla, equipo aposentado en competiciones europeas y dispuesto a pelearle la Liga al Real Madrid, era el regalo de Reyes para un Zaragoza en construcción, que disfruta la Copa como una manera de aferrarse al pasado, cuando lucía en la Liga de las Estrellas.
Dispuso JIM un equipo compuesto por algunos titulares y varios suplentes, tratando de aprovechar las numerosas ausencias con las que se presentaba Lopetegui, que no podía contar con Bono, Munir, En-Nesyri (los tres en la Copa África), Fernando ni Delaney. Y empezó bien colocado, sin dar libertad a los andaluces, que llegaban a esta ronda tras sufrir en exceso en las rondas previas ante Mensajero y Andratx. Estaba espeso en la salida del balón y en la creación. Pero la calidad suele imponerse y más en un buen escenario. Así, que el Sevilla no tardó ni veinte minutos en sacudirse la presión maña y a la media hora ya mandaba en el marcador. Un centro de Papu Gómez acabó cayendo a los pies de Koundé, que desde fuera del área batió a Ratón con un potente remate cruzado a la derecha del meta gallego. Cada día demuestra Koundé la importancia que tiene para este Sevilla. El central francés no solo sabe defender, y bien, aunque en algunas ocasiones cometa acciones absurdas como la que le costó la roja ante el Barcelona tras golpear con el balón en la cara de Jordi Alba.
El gol espoleó al Zaragoza, obligado a remontar. Con la afición pidiendo, con gritos y cánticos, la dimisión de la directiva, el equipo de JIM se estiró considerablemente buscando la portería de Dmitrovic. Tuvo sus mejores minutos cuando expiraba la primera parte, con varios centros al área que obligó a los andaluces a retrasar sus líneas y juntarse a su portero. Pitó Pizarro Gómez cuando el Sevilla armaba una peligrosa contra, provocando las quejas de los jugadores que tenía cerca. Aunque cuando uno se marcha ganando, las alegaciones no son tan ostentosas. Pocas ocasiones de gol durante el primer acto en el que el equipo de Lopetegui aprovechó su único remate entre los tres palos mientras que al Zaragoza no le bastó con el ímpetu ni con la presión arriba y se quedó en una efervescencia inicial.
No lo veía claro Lopetegui y decidía poner algo más de pólvora arriba para zanjar la eliminatoria cuanto antes. Entró Rafa Mir por Iván Romero, que se quedó en las duchas. Y el Sevilla tardó dos minutos en generar una buena ocasión, aunque Óscar, en su penetración, parecía más interesado en que el árbitro pitara penalti que en culminar la jugada. El Zaragoza no estaba dispuesto a tirar la toalla y se hizo fuerte en las jugadas a balón parado. Cada falta o cada saque de esquina era un auténtico suplicio para los hispalenses. Trató de agitar el partido JIM dando entrada a Álvaro Giménez y a Bermejo y vivió el equipo maño sus mejores minutos, acorralando al Sevilla y encerrándole en su área. Giménez tuvo en sus botas el empate pero Koundé lo desbarató lanzándose a sus pies cuando el delantero iba a fusilar a Dmitrovic desde dentro del área pequeña.
El gol de Rafa Mir
Rafa Mir cerró el partido y la eliminatoria cuando más agobiado estaba el Sevilla, aunque medio gol fue de Ocampos, que habilitó al delantero con una asistencia en profundidad dejándole solo ante Ratón. Tan solo, que Mir pudo prepararse el balón, pensar por dónde iba a marcar y batir al portero sin que ningún defensa llegara a tiempo de ponerle trabas. Jarro de agua fría para el Zaragoza, que ya se vio apeado de la Copa cuando aún faltaban veinte minutos para que acabara el partido. El gol noqueó a los de JIM, que en cinco minutos pudieron encajar tres goles más.
Volvía el fútbol de Primera a La Romareda. Desde 2013 milita el club maño en la categorÃía de plata y no se acostumbra uno a ver a un histórico de nuestro fútbol estrellándose año tras año en su intento de regresar a la élite. El Sevilla, equipo aposentado en competiciones europeas y dispuesto a pelearle la Liga al Real Madrid, era el regalo de Reyes para un Zaragoza en construcción, que disfruta la Copa como una manera de aferrarse al pasado, cuando lucía en la Liga de las Estrellas.
Dispuso JIM un equipo compuesto por algunos titulares y varios suplentes, tratando de aprovechar las numerosas ausencias con las que se presentaba Lopetegui, que no podía contar con Bono, Munir, En-Nesyri (los tres en la Copa África), Fernando ni Delaney. Y empezó bien colocado, sin dar libertad a los andaluces, que llegaban a esta ronda tras sufrir en exceso en las rondas previas ante Mensajero y Andratx. Estaba espeso en la salida del balón y en la creación. Pero la calidad suele imponerse y más en un buen escenario. Así, que el Sevilla no tardó ni veinte minutos en sacudirse la presión maña y a la media hora ya mandaba en el marcador. Un centro de Papu Gómez acabó cayendo a los pies de Koundé, que desde fuera del área batió a Ratón con un potente remate cruzado a la derecha del meta gallego. Cada día demuestra Koundé la importancia que tiene para este Sevilla. El central francés no solo sabe defender, y bien, aunque en algunas ocasiones cometa acciones absurdas como la que le costó la roja ante el Barcelona tras golpear con el balón en la cara de Jordi Alba.
El gol espoleó al Zaragoza, obligado a remontar. Con la afición pidiendo, con gritos y cánticos, la dimisión de la directiva, el equipo de JIM se estiró considerablemente buscando la portería de Dmitrovic. Tuvo sus mejores minutos cuando expiraba la primera parte, con varios centros al área que obligó a los andaluces a retrasar sus líneas y juntarse a su portero. Pitó Pizarro Gómez cuando el Sevilla armaba una peligrosa contra, provocando las quejas de los jugadores que tenía cerca. Aunque cuando uno se marcha ganando, las alegaciones no son tan ostentosas. Pocas ocasiones de gol durante el primer acto en el que el equipo de Lopetegui aprovechó su único remate entre los tres palos mientras que al Zaragoza no le bastó con el ímpetu ni con la presión arriba y se quedó en una efervescencia inicial.
No lo veía claro Lopetegui y decidía poner algo más de pólvora arriba para zanjar la eliminatoria cuanto antes. Entró Rafa Mir por Iván Romero, que se quedó en las duchas. Y el Sevilla tardó dos minutos en generar una buena ocasión, aunque Óscar, en su penetración, parecía más interesado en que el árbitro pitara penalti que en culminar la jugada. El Zaragoza no estaba dispuesto a tirar la toalla y se hizo fuerte en las jugadas a balón parado. Cada falta o cada saque de esquina era un auténtico suplicio para los hispalenses. Trató de agitar el partido JIM dando entrada a Álvaro Giménez y a Bermejo y vivió el equipo maño sus mejores minutos, acorralando al Sevilla y encerrándole en su área. Giménez tuvo en sus botas el empate pero Koundé lo desbarató lanzándose a sus pies cuando el delantero iba a fusilar a Dmitrovic desde dentro del área pequeña.
El gol de Rafa Mir
Rafa Mir cerró el partido y la eliminatoria cuando más agobiado estaba el Sevilla, aunque medio gol fue de Ocampos, que habilitó al delantero con una asistencia en profundidad dejándole solo ante Ratón. Tan solo, que Mir pudo prepararse el balón, pensar por dónde iba a marcar y batir al portero sin que ningún defensa llegara a tiempo de ponerle trabas. Jarro de agua fría para el Zaragoza, que ya se vio apeado de la Copa cuando aún faltaban veinte minutos para que acabara el partido. El gol noqueó a los de JIM, que en cinco minutos pudieron encajar tres goles más.

