Agónico éxito de la Real Sociedad
La Liga se cerró en el Wanda con un agónico éxito de la Real Sociedad. El equipo vasco persiguió tenaz un objetivo y se regaló un concurso en la Europa League el próximo curso. El Atlético se empleó enérgico al principio y sucumbió ante el empuje de los donostiarras, pero acaba tercero, su objetivo cumplido.
La mayor virtud que ha conservado durante años el Atlético con Simeone es su actitud ante el juego. Da igual si el adversario es un relleno para un amistoso o es la final de la Champions, el equipo siempre compite, siempre justifica su salario colectivo, siempre «honra esta maravillosa camiseta», como dijo el Cholo en su primera comparecencia como entrenador del equipo. Con más o menos acierto, el Atlético siempre reconcilia a los aficionados con el fútbol.
También lo hizo en el último partido de Liga, sin su público, sin el alma que empuja desde la grada en el extinto Calderón o en el vanguardista Wanda, sin nada en juego salvo la tercera posición de un hipotético podio. Respetó la Liga, jugó con propiedad, con mucha intensidad, orgulloso portador de un estilo que ensalza con grandes resultados después del confinamiento (24 puntos de 30 posibles hasta ayer, 17 partidos seguidos sin perder).
Un enemigo temible para la Real Sociedad, que se jugaba el futuro 2021 con su presencia o no en la Europa League. La Real es una bendición, su propuesta atrevida, el espíritu insolente que pretende ganar combinando como si fuera la selección española en el Sudáfrica 2010.
Esa es su esencia con Imanol Alguacil, el guardián de este perfume maravilloso que ha perdido aroma con el paso de los meses y que se ha esfumado después de la cuarentena. Cayó el rendimiento de Odegaard y su zurda deliciosa, en apariencia bajó el nivel físico de Isak, han dejado de fluir las ocurrencias de Oyarzábal, decae la presencia de Mikel Merino... La Real ha clausurado la sinfonía de la primera vuelta.
Eso no lo perdona un equipo como el Atlético, que contuvo a su rival y se proyectó en ataque con ese dinamismo que ahora luce en todas las líneas. El gol llegó en lance por insistencia. Todos lucharon un balón en el área hasta que Koke lo remató de manera fulminante.
El partido derivó en una persistente apuesta de la Real Sociedad por marcar el gol que necesitaba para alcanzar la Europa League en función del resultado del Granada. Dureza en el objetivo porque el Atlético se arremolinó en torno a Savic, pletórico ayer, y se parapetó en Oblak, imponente en un par de paradas frente a Odegaard y, sobre todo, una ante Portu, raso, potente y bien dirigido el balón.
La Real vivía al límite, expuesta a las contras del Atlético, ahora con Llorente, Joao, Correa y Carrasco, pero convencida por momentos del gol que llegaría. Lo hizo. Y con justicia por la insistencia. Una falta lateral de Januzaj muy bien sacada que llegó a la red de Oblak y premió a un equipo concienzudo y laborioso.
La mayor virtud que ha conservado durante años el Atlético con Simeone es su actitud ante el juego. Da igual si el adversario es un relleno para un amistoso o es la final de la Champions, el equipo siempre compite, siempre justifica su salario colectivo, siempre «honra esta maravillosa camiseta», como dijo el Cholo en su primera comparecencia como entrenador del equipo. Con más o menos acierto, el Atlético siempre reconcilia a los aficionados con el fútbol.
También lo hizo en el último partido de Liga, sin su público, sin el alma que empuja desde la grada en el extinto Calderón o en el vanguardista Wanda, sin nada en juego salvo la tercera posición de un hipotético podio. Respetó la Liga, jugó con propiedad, con mucha intensidad, orgulloso portador de un estilo que ensalza con grandes resultados después del confinamiento (24 puntos de 30 posibles hasta ayer, 17 partidos seguidos sin perder).
Un enemigo temible para la Real Sociedad, que se jugaba el futuro 2021 con su presencia o no en la Europa League. La Real es una bendición, su propuesta atrevida, el espíritu insolente que pretende ganar combinando como si fuera la selección española en el Sudáfrica 2010.
Esa es su esencia con Imanol Alguacil, el guardián de este perfume maravilloso que ha perdido aroma con el paso de los meses y que se ha esfumado después de la cuarentena. Cayó el rendimiento de Odegaard y su zurda deliciosa, en apariencia bajó el nivel físico de Isak, han dejado de fluir las ocurrencias de Oyarzábal, decae la presencia de Mikel Merino... La Real ha clausurado la sinfonía de la primera vuelta.
Eso no lo perdona un equipo como el Atlético, que contuvo a su rival y se proyectó en ataque con ese dinamismo que ahora luce en todas las líneas. El gol llegó en lance por insistencia. Todos lucharon un balón en el área hasta que Koke lo remató de manera fulminante.
El partido derivó en una persistente apuesta de la Real Sociedad por marcar el gol que necesitaba para alcanzar la Europa League en función del resultado del Granada. Dureza en el objetivo porque el Atlético se arremolinó en torno a Savic, pletórico ayer, y se parapetó en Oblak, imponente en un par de paradas frente a Odegaard y, sobre todo, una ante Portu, raso, potente y bien dirigido el balón.
La Real vivía al límite, expuesta a las contras del Atlético, ahora con Llorente, Joao, Correa y Carrasco, pero convencida por momentos del gol que llegaría. Lo hizo. Y con justicia por la insistencia. Una falta lateral de Januzaj muy bien sacada que llegó a la red de Oblak y premió a un equipo concienzudo y laborioso.

