El Mirandés pone muy cara la final
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La semifinal más desigualada de las dos resultó ser la más pareja. Al menos en este primer capítulo de la misma, en la que el Mirandés se marchó de San Sebastián con un 2-1 que, seguramente, hubiera firmado antes del inicio del partido. A toro pasado, el resultado fue lo peor que se llevó el equipo revelación del torneo, que hace justo un año estaba disputando la Copa Federación contra el Socuéllamos y anoche jugaba la ida de una semifinal de Copa, y de tú a tú, frente a uno de los mejores equipo de Primera, ayer empequeñecido por el Mirandés.
Sensaciones agridulces para el Mirandés, claramente por encima de su contrincante a pesar de su teórica inferioridad. El equipo de Iraola salió al Reale Arena a ser el protagonista, y solo un inocente error en defensa y un chispazo de Odegaard ensombrecieron la brillante puesta en escena de los burgaleses.
El melón se abrió pronto. A los ocho minutos, un pase filtrado de Mikel Merino fue a parar a una zona del área visitante con cuatro jugadores del Mirandés, uno de ellos Odei, cuyo pecado fue pensar que Portu no pelearía ese balón por muy imposible que pareciera. El atacante de la Real, sorprendió con un veloz esprint, ante la pasividad de Odei y de sus compañeros, y el esfuerzo tuvo su recompensa. Llegó primero a contactar con el balón y el central del Mirandés acabó derribándole con la pierna y el brazo. Oyarzabal, como en él es habitual, no perdonó desde los once metros.
Valentía visitante
Contradictoriamente, el gol no causó golpe anímico alguno en los de Iraola, que siguieron con fidelidad su hoja de ruta, sin mirar al marcador. Presión en área contraria, balones a Merquelanz, una pesadilla para Zaldua, y vigilancia estrecha a Odegaard, invisible durante los primeros 43 minutos.
El dominio del Mirandés se tradujo en buenas llegadas al área, pero la mayoría sin remate, hasta que un robo de Malsa sobre Odegaard propició el tanto del empate. Era el minuto 39, y el mediocentro de Martinica situó a Matheus en un uno contra uno frente a Le Normand del que el brasileño salió ganador. Recorte y disparo con la izquierda, envenenado tras golpear en el pie de Elustondo. Imposible para Remiro. 1-1 que hacía justicia, aunque duró poco.
En el 43, Odegaard, hasta entonces desconectado y penalizado por su grave error en el tanto del Mirandés, encontró por fin un pasillo en el carril central en el que sacar a pasear su potente zancada y elegante conducción. Al llegar a la corona del área, el noruego soltó un latigazo, repelido por Limones. Portu recogió el rechace para volver a fusilar al portero visitante, de nuevo rápido de reflejos, pero ya no pudo hacer en la tercera opción local, en la que Odegaard ajustó al palo con el empeine de su pierna izquierda. Engañoso 2-1 antes del refrigerio, resultado que para nada reflejaba lo visto sobre el verde del Reale Arena.
La segunda mitad, sin goles
Tras el descanso, el partido siguió en el lado de la balanza del Mirandés, que ni siquiera flaqueó en el terreno físico, a pesar de que no tiene plantilla para llevar mes y medio compitiendo miércoles-domingo. Los de Iraola continuaron dificultando la salida de balón de la Real con una axfisiante presión sobre la linea defensiva y Mikel Merino, que obligaba a los donostiarras a abusar del balón en largo. Un disparo de Portu en el 49, repelido por Limones, fue lo más peligroso de los Alguacil en todo la segunda mitad.
Si alguien daba sensación de ver portería era el Mirandés, que lo intentó en varias ocasiones desde media distancia, con disparos de Antonio Sánchez y Kijera, pero también es verdad que ya notaba falta de frescura para seleccionar mejor en los últimos metros. Quiso y buscó el empate, pero el 2-1 definitivo le sigue dando licencia para soñar con la final de Sevilla. Anduva será una caldera.
Sensaciones agridulces para el Mirandés, claramente por encima de su contrincante a pesar de su teórica inferioridad. El equipo de Iraola salió al Reale Arena a ser el protagonista, y solo un inocente error en defensa y un chispazo de Odegaard ensombrecieron la brillante puesta en escena de los burgaleses.
El melón se abrió pronto. A los ocho minutos, un pase filtrado de Mikel Merino fue a parar a una zona del área visitante con cuatro jugadores del Mirandés, uno de ellos Odei, cuyo pecado fue pensar que Portu no pelearía ese balón por muy imposible que pareciera. El atacante de la Real, sorprendió con un veloz esprint, ante la pasividad de Odei y de sus compañeros, y el esfuerzo tuvo su recompensa. Llegó primero a contactar con el balón y el central del Mirandés acabó derribándole con la pierna y el brazo. Oyarzabal, como en él es habitual, no perdonó desde los once metros.
Valentía visitante
Contradictoriamente, el gol no causó golpe anímico alguno en los de Iraola, que siguieron con fidelidad su hoja de ruta, sin mirar al marcador. Presión en área contraria, balones a Merquelanz, una pesadilla para Zaldua, y vigilancia estrecha a Odegaard, invisible durante los primeros 43 minutos.
El dominio del Mirandés se tradujo en buenas llegadas al área, pero la mayoría sin remate, hasta que un robo de Malsa sobre Odegaard propició el tanto del empate. Era el minuto 39, y el mediocentro de Martinica situó a Matheus en un uno contra uno frente a Le Normand del que el brasileño salió ganador. Recorte y disparo con la izquierda, envenenado tras golpear en el pie de Elustondo. Imposible para Remiro. 1-1 que hacía justicia, aunque duró poco.
En el 43, Odegaard, hasta entonces desconectado y penalizado por su grave error en el tanto del Mirandés, encontró por fin un pasillo en el carril central en el que sacar a pasear su potente zancada y elegante conducción. Al llegar a la corona del área, el noruego soltó un latigazo, repelido por Limones. Portu recogió el rechace para volver a fusilar al portero visitante, de nuevo rápido de reflejos, pero ya no pudo hacer en la tercera opción local, en la que Odegaard ajustó al palo con el empeine de su pierna izquierda. Engañoso 2-1 antes del refrigerio, resultado que para nada reflejaba lo visto sobre el verde del Reale Arena.
La segunda mitad, sin goles
Tras el descanso, el partido siguió en el lado de la balanza del Mirandés, que ni siquiera flaqueó en el terreno físico, a pesar de que no tiene plantilla para llevar mes y medio compitiendo miércoles-domingo. Los de Iraola continuaron dificultando la salida de balón de la Real con una axfisiante presión sobre la linea defensiva y Mikel Merino, que obligaba a los donostiarras a abusar del balón en largo. Un disparo de Portu en el 49, repelido por Limones, fue lo más peligroso de los Alguacil en todo la segunda mitad.
Si alguien daba sensación de ver portería era el Mirandés, que lo intentó en varias ocasiones desde media distancia, con disparos de Antonio Sánchez y Kijera, pero también es verdad que ya notaba falta de frescura para seleccionar mejor en los últimos metros. Quiso y buscó el empate, pero el 2-1 definitivo le sigue dando licencia para soñar con la final de Sevilla. Anduva será una caldera.

