Nueva York, en el punto de mira tras la final del Mundial de Fútbol
No hace ni una semana que millones de personas tenían los ojos puestos en esta ciudad. La final del Mundial convertía a Nueva York en el epicentro de uno de los acontecimientos deportivos más importantes del año y dejaba una imagen para la historia: España levantando la Copa del Mundo tras imponerse a la Argentina de Messi con un gol de Ferran Torres.
Aunque el balón rodó en el MetLife Stadium, en la vecina Nueva Jersey, la Gran Manzana vivió el acontecimiento como propio. Hoteles, restaurantes y avenidas se llenaron de aficionados llegados de medio mundo, demostrando esa extraordinaria capacidad de Nueva York para atraer todas las miradas.
Ahora, con el último pitido reciente y medio verano por delante, llega el momento de descubrir todo lo demás. Pocos destinos necesitan una excusa para ser visitados. Pero Nueva York, por si acaso, no deja de sumar motivos.
Del skyline a sus secretos
Conocida por su ritmo frenético, sus imponentes rascacielos y una energía difícil de confundir, Nueva York invita a comenzar por esos escenarios que forman parte del imaginario colectivo.
Contemplar el perfil de Manhattan desde el ferry hacia Staten Island, recorrer Central Park o dejarse envolver por las luces de Times Square forman parte de esa primera toma de contacto. Son imágenes vistas cientos de veces antes de llegar, pero vivirlas en persona provoca algo que ninguna fotografía explica del todo. Todavía se nota en el ambiente: camisetas de la selección española entre los turistas, alguna bufanda argentina como recuerdo en un bar de Times Square.
Quizá porque Nueva York tiene esa extraña capacidad de hacernos sentir que ya hemos estado allí antes incluso de conocerla.
Desde arriba —Empire State, Top of the Rock, SUMMIT One Vanderbilt— se comprende la verdadera dimensión de una ciudad que parece no terminar nunca. Después toca volver a sus calles: la Quinta Avenida, la Estatua de la Libertad, el Puente de Brooklyn al atardecer. Nueva York cambia según desde dónde se mire, pero casi siempre consigue lo mismo: impresionar.
Y sin embargo, la ciudad empieza a contar otras historias cuando se deja atrás lo evidente. West Village es uno de los mejores ejemplos: calles arboladas, fachadas de ladrillo, cafeterías que invitan a caminar sin rumbo —muchas siguen colgando la bandera de España, como si no quisieran despedirse de la fiesta—. De ahí, el High Line recorre jardines suspendidos sobre una antigua vía ferroviaria hasta el animado Chelsea Market.
El paseo continúa hasta Roosevelt Island, esta vez en teleférico, con vistas al East River y a Manhattan. Y al caer la tarde, ya en Little Island, el parque flotante sobre el Hudson, apetece detener el reloj entre vegetación y espectáculos al aire libre.
Más al este, DUMBO regala una de las imágenes más fotografiadas de Brooklyn, mientras que la Biblioteca Pública y Grand Central Terminal recuerdan que los edificios más emblemáticos esconden interiores tan fascinantes como sus fachadas.
Entre bosques y el río Hudson
Basta alejarse poco más de una hora de Manhattan para que Nueva York parezca otra. Aquí ya no hay rastro del Mundial, ni falta que hace: el silencio del bosque es su propio trofeo.
El valle del Hudson descubre una cara más serena del estado. Entre senderos y miradores, Bear Mountain State Park ofrece el río serpenteando entre montañas, un paisaje capaz de hacer olvidar que una de las ciudades más frenéticas del planeta está tan cerca.
La escapada puede terminar en Cold Spring, una pequeña localidad a orillas del Hudson donde caminar sin prisas y contemplar el paisaje parece suficiente plan.
Y quizá ese sea uno de los grandes secretos de Nueva York: creer que se conoce antes de llegar y descubrir, una vez allí, que apenas se había visto una pequeña parte.
Hace apenas unos días, millones de personas miraban hacia Nueva York por un balón. Ahora que ha dejado de rodar, quizá sea el momento de seguir mirando todo lo que había alrededor. Porque si algo demuestra esta ciudad una y otra vez es que, cuando parece que ya lo hemos visto todo, siempre queda algo más por descubrir.

