Fin de partida
La semana pasada, tras una negociación de madrugada con el PNV en la que vendía su alma al diablo del déficit, Mariano Rajoy sorprendía amarrando su estancia en Moncloa hasta 2020. Esta semana, una moción de censura de Pedro Sánchez puede contribuir a acelerar su final. Las decisiones de los partidos, cada vez más arriesgadas, precipitadas porque van a salto de mata de los acontecimientos, imprimen un ritmo vertiginoso a la realidad política. Se han acostumbrado al regate corto, al puro tactismo que les permita sobrevivir un día, unas semanas, unos meses más. Y envueltos en esa espiral de disputas entre egos por amarrar un puñado de votos, echando cada vez un órdago más alto, la situación amenaza con escapárseles de las manos.

