LA POLÉMICA. ¿Alvarado o Bracho en el 8° de Venezuela?
Por Ignacio Serrano
Un pitcheo que pasó por donde nadie en Venezuela quería que pasara le ha costado a la Vinotinto el sueño del Clásico Mundial de Beisbol.
Este es un torneo tan difícil y tiene rivales tan formidables, que un solo lanzamiento en la zona de poder puede trocar una histórica victoria en otros cuatro años de interminable espera.
Ese cambio de velocidad de Silvino Bracho fue prácticamente su único error desde diciembre. En un deporte de milímetros, esos 20 centímetros marcaron una diferencia abrumadora y casi injusta.
Porque Bracho lanzó de manera brillante durante todo el inning, salvó en ese pitcheo. Con las bases llenas puso en 0-2 a Trea Turner, un monstruo. Después retiró a otro monstruo, Mookie Betts. Y cerró ponchando a dos monstruos más, Paul Goldschmidt y Mike Trout.
Ese octavo inning contra Estados Unidos es el mayor motivo de polémica y dolor en la fanaticada nacional. Ojo, que quizás no haya sido allí donde se perdió el juego. En la pelota todo es una sucesión de hechos relacionados. Pero porque pasó lo que pasó con Turner, allí está hoy el centro de discusión.
Omar López dirigió de manera brillante a Venezuela. Y hablo del proceso entero. Olvidemos por un minuto el duelo de este sábado.
López, en una constructiva conjunción con Aracelis León, la presidente de Fevebeisbol, y Luis Blasini, el gerente general de la Vinotinto, supo encabezar con ellos un proceso que desde el mismo momento de su nombramiento sirvió para cerrar las heridas abiertas desde siempre y amalgamó en un solo grupo, con foco positivo, no solo a los coaches y jugadores, sino también a la afición.
Desde finales de 2021 hasta el out 27 contra los norteamericanos todo fue esperanza, disciplina, buena energía y unión.
Pero es verdad que este octavo inning nos obliga a revisar una y otra vez, a cometer el casi inútil ejercicio de preguntarnos ad infinitum: ¿y qué hubiera pasado si…?
López trajo a José Ruiz a cerrar el juego en el primer inning. Tal cual, a cerrar. En la pelota moderna, máxime en juegos de playoffs, a veces te toca cerrar mucho antes del noveno. Por eso vemos que los grandes pilotos en la MLB son agresivos en el manejo de su bullpen cuando llega la hora cero. Y por eso un equipo cuenta hoy con tres o cuatro bomberos con características de cerrojo, con lanzamientos envenenados o que bordean las 100 millas por hora.
Ruiz hizo el trabajo. Y el estupendo relevo de Luis García permitió construir entre los dos ese puente que llevó el choque al séptimo tramo. Los dioses del beisbol habían sido benévolos, porque ya ganaba la Vinotinto y solo quedaba proteger esa ventaja.
«Solo» es un decir. El lineup estadounidense está formado por nueve bates con etiqueta «All-Star». Son los campeones defensores del Clásico Mundial.
Recordemos que Venezuela no pudo sumar a Beiker Graterol ni a Robert Suárez, por distintos motivos que acá ya no importan. Ya se podrá discutir de eso después. Así que ahora sin Ruiz, el experto setup de los Medias Blancas, quedaban disponibles cuatro relevistas top en este orden, según parecía haber planificado el cuerpo técnico: Carlos Hernández y sus rectas de 101 millas por hora para el séptimo; José Quijada y su talentoso brazo izquierdo a partir de Kyle Tucker en el octavo; y José Alvarado en el noveno para ponerle la tapa al frasco.
Silvino, como pasó contra Dominicana y Puerto Rico, sería utilizado en caso de emergencia. Ya lo habíamos visto calentar ante Quisqueya, cuando Alvarado se enredaba, y sumó un salvado y un hold en sus siguientes apariciones durante el torneo.
Así que llegó el octavo, Quijada se descontroló y fue necesario cambiar el guión. Alvarado se paró en el bullpen, pero solo tenía permiso de Filadelfia para sacar cuatro outs. Y como el zurdo se complicó, llenando las bases, y todavía quedaban seis outs, el elegido fue Bracho, no el cerrador.
De nuevo, repasemos la crueldad beisbolera sufrida por Silvino. Puso en 0-2 a Turner, retiró a Betts, ponchó a Goldschmidt y a Trout. Pero ese cambio de velocidad que Salvador Pérez le pedía bajito, que él sabía que debía poner justo debajo de la frontera inferior del plato y que debía ser bola, rodado de dobleplay o un swing fallido para el tercer strike, se convirtió en un doloroso Grand Slam.
Ruiz cerró en el primer acto, porque fue urgente y necesario. Y de nuevo se presentó la oportunidad de cerrar antes del noveno.
Viendo cómo habían dirigido su pitcheo López y los coaches Carlos Mendoza e Iván Arteaga, parecía cantado que ese octavo debía ser del cerrojo que acaba de lanzar en la Serie Mundial y que también la tira a 100 millas por hora. Si solo tenía autorización para cuatro outs, el híper competitivo beisbol de este siglo 21 te estaba pidiendo que esos outs los buscara en el octavo. Ya se vería qué hacer en el noveno, que posiblemente sería de Silvino para abrir la entrada.
Si el encuentro estaba por decidirse a ley de un jonrón con las bases llenas, uno no puede menos que pensar que ese cuadrangular tenían que dárselo a tu mejor relevista. Traer a tu mejor brazo disponible no iba a garantizar el cero. Pero sí mantenía una línea de continuidad con la forma en que se dirigió todo el torneo.
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Ese es el centro de la polémica ahora. Habrá quien defienda una u otra cosa. Como el choque se perdió, solo queda amargura y frustración. Pero yo quiero cerrar con un repaso a esa serie de eventos desafortunados que también se conjugó para que Venezuela dijera adiós.
Los Dodgers no autorizaron a Graterol y Suárez tampoco asistió. Eso dejó a la Vinotinto sin dos de sus cuatro relevistas de más peso antes de empezar el Clásico Mundial. El abridor Pérez comenzó inseguro y solo pudo sacar un out. Eso obligó a traer a Ruiz antes de tiempo y perderlo para la parte final. Si el iniciador al menos completa un pasaje, no digamos si lanzaba dos o tres, el panorama del pitcheo habría sido otro.
Luego está lo sucedido a partir del séptimo: Hernández tenía que sacar esa entrada, pero embasó a dos hombres después de sacar dos outs, lo que obligó a anticipar el ingreso de Quijada. A éste le tocaba el octavo, pero vino un inning antes a dejar toda su intensidad y energía en ese estupendo ponche a Tucker. Y cuando regresó al morrito, minutos después, había perdido ritmo, por lo que llenó las bases con boleto, pelotazo y hit.
Exactamente allí le tocó a López tomar la decisión por la que ahora mismo debe ser el venezolano más triste sobre la tierra: ¿Silvino en vez de Alvarado, o Alvarado porque es el cerrador y ya se verá qué pasa en el noveno?
Ya sabemos el final de la historia. El Grand Slam se lo dieron a Bracho. Pero ese bombazo quizás no habría existido si el abridor completa al menos dos innings, si García venía en el tercero todavía con Ruiz en el bullpen, si Hernández completa el séptimo y deja a Quijada con toda su gasolina disponible para el octavo, si…
López y su equipo –con un rol prontagónico de Miguel Cabrera, por su liderazgo generoso e inspirador– lograron lo más difícil: unir a todo el país en un solo impulso positivo.
El Clásico de 2006 inició con la mala vibra de quienes criticaban la presencia de Giovanni Carrara en el staff, a pesar de que era uno de los mejores apagafuegos de Venezuela en la MLB para ese momento. Y siguió con las injustas pitas contra Robert Pérez, que apenas era una pieza en la banca, alguien que no iba a marcar diferencia en el roster. Las imágenes del cumpleaños de Bob Abreu y el concierto salsero antes de la inauguración completaron un pesado ambiente de censura de la fanaticada hacia el equipo.
La edición de 2009 empezó peor, porque una parte de la afición no apoyaba el regreso de Luis Sojo como manager. Ni hablar de los abucheos contra Magglio Ordóñez, que hasta obligaron a Cabrera a salir del dugout a pedirle silencio a las tribunas.
La decisión entre Carlos Silva y Félix Hernández para abrir la semifinal de aquel año dejó sembrada mayor animadversión. Fevebeisbol, con una dirección distinta a la actual, le echó más gasolina al fuego al no diseñar un proceso que uniera todas las fuerzas en pro de la Vinotinto. Y así se llegó a la debacle, entre quejas y protestas porque Sojo seguía al frente.
Llegó 2017 y de nuevo las heridas abiertas. Oswaldo Guillén era el piloto elegido y de pronto surgió el nombre de Omar Vizquel. Sin la seriedad y coherencia que ha mostrado ahora la nueva dirigencia federativa, la polémica volvió a marcar la preparación de Venezuela. Y llegó otra temprana eliminación.
Distracciones, distracciones, distracciones y mala vibra. Ese fue el ambiente en el que se preparó y jugó la Selección Nacional desde 2006, hasta que León, Blasini y sobre todo López tomaron el mando y nos reunieron a todos en un mismo objetivo: todos a una y con la mejor de las energías.
Eso hay que aplaudirlo y reconocerlo. Y pedir que haya continuidad en esta buena senda que por fin empezamos a caminar.
Este ha sido un Clásico Mundial emocionante y lleno de buena vibra, gracias al manager y a los suyos. Es profundamente descorazonador que haya terminado con este tristísimo debate, solo porque al final de esa serie de eventos desafortunados un pitcheo cayó 20 centímetros más arriba de donde debía pasar.
(Ignacio Serrano)
Foto: captura de MLB Network
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