Una crítica a la frivolidad en el beisbol
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Por Oscar Morales
Opinión
Sin ánimo de enjuiciar gustos o preferencias personales e, incluso, sin intenciones de impartir clases de moral y buenas costumbres, quisiera referirme al comportamiento de un sinnúmero de peloteros que pareciera más interesados en exhibir sus lujos y mostrar con ostentación sus riquezas en el terreno de juego, antes que ser un atleta íntegro, respetuoso del juego y buen ejemplo para sus seguidores.
Por ejemplo, esto lo explica muy bien la anécdota que relató el pitcher dominicano de los Cardenales de San Luis, Carlos Martínez, por medio de una entrevista que le hizo el también dominicano Yancel Pujols (https://www.youtube.com/watch?v=YRQSRp4fu4s; ver desde el minuto 30:03 hasta el 35:23), respondiendo a la pregunta sobre qué consejos, en general, le había dado su compañero de equipo, el receptor puertorriqueño Yadier Molina, que le habrían servido para mejorar su comportamiento en el campo y su desempeño como beisbolista.
Rápidamente, Martínez respondió que, en una de esas reuniones que usualmente tienen en la habitación de otros compañeros de equipo al terminar los partidos, Molina se le acercó, le agarró las cadenas que colgaban de su cuello y le preguntó: ¿Crees que una de estas te ayudará a ganar una Serie Mundial?
Martínez dijo que se lo tomó muy mal, porque Molina se estaría metiendo en su vida personal. Por lo tanto, él contestó: ¿Por qué me haces ese tipo de pregunta, si esto no tiene que ver con nosotros? Y Molina le respondió (parafraseando): Porque muchas veces, como yo te he visto a ti, he visto a muchos peloteros que se han llenado de lujos y se compran las cosas para lucirlas en el play o frente a los compañeros de equipo, para que vean que tienen el power o con otras intenciones triviales. Yo te he visto muchísimas veces cómo tú en la lomita has querido mostrarte fresh o que tienes el power. Mejor sé más humilde, olvídate de cadenas, olvídate de todo eso.
Martínez se fue disgustado. Sin embargo, pasaron varios meses y vio un vídeo que le compartió Molina, y se percató de que, cuando iba saliendo del bullpen, él se sacaba la cadena y estaba más pendiente de lucir y ostentar sus prendas que de cualquier otra cosa. A Martínez nunca se le olvidaría esa lección de su buen amigo.
La frivolidad está presente en cualquier actividad pública o privada. Todavía más, pareciera que nacemos con una dosis de vanidad inevitable y, por cierto, no discrimina según el nivel educativo, ingreso, nacionalidad, religión, sexo o comunidad cultural.
No obstante, en el caso particular del beisbol, se advierten reacciones y comportamientos vanidosos o superficiales mayormente en peloteros latinoamericanos antes que en peloteros estadounidenses, canadienses, coreanos o japoneses. ¿Será cultural? ¿Algo importará el nivel educativo? ¿Responderá a alguna carga genética desconocida? ¿Razones climatológicas? ¿Debilidad en los valores personales o simplemente diferentes concepciones acerca del sentido de vida?
Ciertamente, el juego ya tiene sus reglas, los peloteros tienen un rol y se ciñen al mismo. Además, es sabido que exhibir decenas de joyas o un tatuaje con imágenes horrorosas (que a ninguno de sus hijos les sugeriría) no les hará alcanzar un promedio sobre .500 o les hará ganar 30 juegos y, por supuesto, no estaría prohibido, a menos que afecte la visibilidad del bateador u otra razón que perjudique un justo desenvolvimiento de un partido.
Sin embargo, donde sí pudiera generar efectos perjudiciales es en el ejemplo que se les da a los niños y, especialmente, a los jóvenes en formación. Francamente, siento que es una pésima señal que muchos peloteros manifiesten soberbia y presunción con determinadas conductas. Pues, a decir de Lou Gehrig: “En el día de hoy, estoy seguro de que en las graderías hay un niño que me está viendo jugar por primera vez y él merece mi mejor esfuerzo”.
Para todos los peloteros: la modestia y la humildad es mejor consejera que la jactancia y la altivez. Y quizás no pavonearse no mejorará su rendimiento en el play, es verdad. Pero, ¡por Dios que les daría más tiempo de enfocarse en lo importante de la vida y cultivarían un ejemplo de virtud para los más pequeñitos!

