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Ese exclusivo club al que entra Jesús Aguilar

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El Emergente
Por Ignacio Serrano

Jesús Aguilar es un caso casi único, una rareza que la afición venezolana debería apreciar y aplaudir. A partir de esta semana, se suma al lineup de los Tigres, y no importa si puede cumplir su promesa de quedarse hasta donde llegue Aragua; el solo hecho de jugar lo pone en un club tan brillante como reducido.

Únicamente tres peloteros han disputado una temporada de la LVBP el mismo año en que ganaron el Premio Luis Aparicio, la distinción que, en votación organizada por Lineup International, reconoce cada campaña al mejor criollo en las Grandes Ligas.

Aguilar compartió el galardón con Ronald Acuña Jr., el Novato del Año de la Liga Nacional, que todavía no se estrena en nuestra pelota y que muy posiblemente no vaya a hacerlo, al menos mientras tenga estatus estelar con Atlanta, la organización que no le dejó jugar en el país ni siquiera cuando estaba en Clase A.

Apenas meses después de ser el nativo con más cuadrangulares y empujadas en las Mayores, tras pelear el liderato de bateo durante cerca de un mes, participar en el Juego de Estrellas y en el Derby de Jonrones, se pone el uniforme de los rayados y salta al terreno del estadio José Pérez Colmenares en su natal Maracay.

Es posible que jugar en la ciudad donde creció haya ayudado a decidirle. Aunque siempre tuvo un rato para defender al Caracas, así fuera marchándose antes del final, ahora jugará delante de parientes, antiguos vecinos y amigos de la infancia.

Quizás esa era una de las razones por las que Miguel Cabrera seguía viendo acción con los felinos, aunque ya era el cuarto bate de Florida. Cuando a finales de 2005 se reportó a los felinos, tenía en su poder la primera de las cinco estatuillas que ha ganado. También tenía un anillo de Serie Mundial y su escuadra aquí buscaba el tricampeonato, una hazaña que únicamente habían logrado Industriales y Leones, y que Aragua conseguiría algunos años después, ya sin el maracayero.

Cabrera fue el primer ganador del Premio Luis Aparicio en sumarse a la pelota local justo después de recoger la distinción. No sería así en sus siguientes cuatro lauros, que obtuvo con Detroit, luego de que el entonces gerente general de esa divisa, Dave Dombrowski, convocara una rueda de prensa exclusivamente para anunciar el retiro del slugger del beisbol invernal. No recordamos que haya ocurrido jamás algo así con otro jugador. Tan importante llegó a ser el toletero derecho.

Aquel detalle de Dombrowski prueba que esto que estamos viendo con Aguilar y que también disfrutamos con Francisco Rodríguez en 2008 es un verdadero privilegio.

Rodríguez fue el otro ganador del Luis Aparicio que saltó a los diamantes nacionales apenas obtuvo el trofeo. Fue, además, el mismo año en que quebró la marca de salvados que poseía Bobby Thigpen en la MLB y que hoy le mantiene en el libro de récords.

El Kid era una presencia constante en la cueva de los Tiburones. Quién sabe hasta qué punto eso le mantuvo afilado, como él esperaba, o adelantó el desgaste de sus condiciones físicas, como hemos visto con el tiempo. Su recta, por entonces, ya no tocaba las 96 millas por hora, pero era el relevista de mayor nombradía y los resultados respaldaban su fama.

Aguilar se suma a ese exclusivo club. Disfrutemos del privilegio de verle en acción.

Columna publicada en El Nacional, en su edición del jueves 6 de diciembre de 2018.

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