A la sombra de un crucifijo
Si hay una obra de teatro que el espectador no puede perderse en estos momentos es, sin duda, 'Noche', de Alejandro Sawa. Todo en ella brilla a gran altura y se convierte en una verdadera sacudida escénica. El carácter opresivo, asfixiante de una casa, la brutalidad y la tragedia de unas biografías, el autoritarismo y la ternura, la violencia y la inocencia son un cóctel que se prende en el escenario y que explota ante los ojos de un público que no deja de contener la respiración. La adaptación que Mariano Llorente hace del texto del ilustre bohemio Alejandro Sawa, del que nos gusta repetir que fue el modelo que inspiró a Valle-Inclán para su Max Estrella, convierte la novela en artefacto teatral de primer orden. Llorente adapta con libertad, es decir, hace aflorar lo dramático del texto narrativo, y convierte el naturalismo 'made in Spain' en un agujero negro donde el fundamentalismo religioso ahoga la vida. Todo es enfermedad, todo es patología: el autoritarismo de don Francisco, el padre, y su fanatismo cristiano; la obediencia, esto es, la sumisión de doña Dolores, la madre; la tuberculosis de Paquita cuya fiebre, cuyo malestar no es solo físico sino también moral; el cura don Gregorio, que utiliza la religión como una forma de controlar (incluso sexualmente, como en el caso de Lolita) todas estas vidas… Llorente estructura la obra a través de los movimientos de la cama donde yace Paquita enferma y crea cuadros de una crudeza no solo moral sino también estética. Se habla de dinero y de miseria, se escenifica todo un valle de lágrimas, una cruenta cosmovisión presidida por un Dios que siembra desgracias y lo cercena todo, pero esos colores macilentos y miserables de las paredes, la sombra del crucifijo que la recorren, el juego de penumbras y oscuridades, sirven para crear imágenes escénicas llenas de intensidad y crítica. Como intensas y de gran carga expresiva son cada una de las interpretaciones que llevan a cabo Alberto Jiménez, Àstrid Janer y Roser Pujol. Cada uno a su manera huyen de crear personajes tópicos y dan una dimensión profundamente humana a los monstruos y a las víctimas que se debaten encima del escenario.Una obra realmente memorable, que atrapa desde el principio al espectador, que lo interroga y lo perturba. Si hay una obra de teatro que el espectador no puede perderse en estos momentos es, sin duda, 'Noche', de Alejandro Sawa.

