Hannibal por Januzaj
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La cabezonería es un pecado, equiparable a la soberbia, pero con algún grado menos de maldad. Un rasgo que, si no te equivocas, puede llegar a ser alabado, pero que al mínimo tropezón puede retratarte de por vida. A José Luis Mendilibar no le gustaba Soumaré, calentaba banquillo mientras el Sevilla se desangraba por la medular. El vasco tuvo que argumentar su decisión de no incorporarlo en un equipo escaso de virtudes físicas, pero se equivocó de estrategia al apelar la barrera idiomática, porque ahí señalas un problema bidireccional. Por esto, y por algunos caprichos más, le mostraron la puerta de salida de forma prematura. Su cabezonería dejó de ser simpática y su forma de ver el fútbol pasó de... Ver Más

