Pogacar engorda su inacabada leyenda
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Ve Tadej Pogacar en el horizonte la Città Alta de Bérgamo mientras cabalga elegante sin ninguna oposición hacia su tercer Giro de Lombardía consecutivo. Tiene apenas 25 años y un rostro de feliz chaval postadolescente, pero su infinita calidad le permite rozar el quinto monumento de su precoz carrera. Ha atacado a su compatriota Primoz Roglic, Carlos Rodríguez y al resto de gigantes que le acompañaban en cabeza de carrera en el Zambla Alta a 30 kilómetros de las murallas venecianas bergamascas y los ha herido de muerte descendiendo bajo la seguridad de una clase superlativa, pero, pese a tener más de 40 segundos de renta, un infortunio le asalta. Se golpea las piernas el esloveno ante la aparición de calambres, pide explicaciones a sí mismo mientras niega con la cabeza, teme desfallecer en lo que es una exhibición. Sin embargo, del UAE se agarra a las satisfacciones del sufrimiento y, con el culot negro salpicado de manchas blancas producto de la deshidratación, escala en solitario hacia la ciudad alta. Cruza triunfal la belleza medieval y, entre el bullicio italiano del último día grande en esta temporada, hace una reverencia al público más pasional de este deporte llamado ciclismo.

