Pogacar dinamita la caza del amarillo
0
21
La tranquilidad reina en un día señalado en el calendario desde el inicio de la carrera franca. La etapa unipuerto, corta, imponente, avanza sin sobresaltos hacia el horror del histórico Grand Colombier que preside las montañas del Jura, pero son tan ilusionantes las expectativas que el personal aguanta paciente. A esto le ha acostumbrado esta prodigiosa generación de ciclistas. La sobremesa sucede al mediodía y el grupo de fugados comienza a escalar el calvario. Nadie cree en ellos porque todos esperan que Pogacar ataque en el ecuador de la ascensión y, como en 2020, cuando tumbó a su compatriota Roglic, el esloveno vuelva a tiranizar un puerto que se ajusta a la perfección a su infinita calidad. Sin embargo, el tiempo pasa, el UAE tira del pelotón con un Marc Soler estoico en cabeza e, inesperadamente, ningún favorito desenvaina su daga. Esa escapada que nunca soñó con el triunfo observa, miedosa y sorprendida, que puede ser mucho más que humo. Entretanto, un polaco sin opciones para la general prueba fortuna. Es campeón del mundo, tiene una Milán - San Remo, un palmarés dilatado y brillante en definitiva, y sabe lo que es ganar en el Tour de Francia. Se llama Michal Kwiatkowski y va a acabar con la esperanza de unos pocos valientes. El treintañero destroza a Shaw, Van Gils y Tejada en el tramo más amargo de la montaña, un mar de gente disfrazada amaina su esfuerzo, le gritan al oído, le aplauden la espalda, las bengalas tiñen de azul una gesta que vislumbra su fin y, con una enorme sonrisa dibujada en sus labios, corona uno de los lugares sagrados del ciclismo. Un año después de la exhibición de Thomas Pidcock en el Alpe d´Huez, el equipo inglés Ineos vuelve a vencer en el día de la Fiesta nacional de Francia. Mientras los británicos aúpan a hombros su repentino héroe polaco, solo unos metros por debajo, Soler combustiona tras un formidable trabajo. Majka coge su relevo; el ataque de Pogacar es inminente. Vingegaard abraza la rueda de la única que persona que puede arrebatarle su segundo Tour consecutivo, sabe temeroso el danés que el golpe va a llegar, pero sufre al no conocer cuando. Un kilómetro queda al grupo de favoritos para trepar la cima del Grand Colombier, pero no es Pogacar quien arranca primero, lo hace su compañero en el UAE Adam Yates, quien desea desestabilizar al Jumbo y acercarse a ese podio que tanto ansia el inglés. Le sigue el gigante balcánico, decide aprovechar la rueda de su gregario para apostar por su única puñalada del día. Es rápida, profunda, sobrecogedora. Vingegaard intenta agarrarse a un tren en movimiento, pero inevitablemente falla en su empresa. El bicampeón con aires de leyenda le recorta ocho segundos en meta (cuatro naturales y otros cuatro de bonificación por ser tercero) y reduce la distancia a sólo nueve. Pogacar ansia el amarillo.

