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Nadal sobrevive a Goffin

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Sol, calor, pista descubierta, hora de la sobremesa; inmejorables condiciones para el proceso de rodaje en el que está inmerso Rafael Nadal en este Mutua Madrid Open. Con minutos en pista como el mejor de los triunfos. Así se lo toma este Nadal que se alimenta y se construye con cada golpe que da. Y si el ambiente era propicio, nada mejor para entonarse y encontrarse en la pista que un nivel de exigencia para el que David Goffin era perfecto. Seguro el belga desde el fondo, batallador hasta las últimas consecuencias, incansable. Con el mordiente suficiente como para enredar al balear cuando lo había encauzado todo para un triunfo cómodo, tres horas de partido. Rodaje y prácticas contra la adversidad.


"Bueno, quizá no necesitaba tanto", exponía el balear, protagonista de otra gesta de esas que solo cabezas como la suya puede levantar. De tener dos bolas de partido en el segundo set a levantar cuatro en contra en el tercero. Tres horas y nueve minutos del enésimo ejemplo de lucha por cada pelota. Prohibido, una vez más, dudar de Nadal.


Es un tie break al borde del abismo, agotado el balear tras dejarse hace hora y media dos bolas de partido, exigido hora y media más cuando el cuerpo todavía no está a punto. Cruza el gesto el zurdo, Goffin lo hace todo fácil, impecable. Lo atraviesa con la derecha y lo sentencia con el revés. De lado a lado sin la energía de antes; cinco semanas en el dique seco. Salva por dos veces el pulso con dos dejadas. Salva otras dos con saque y una derecha. Respira él y Madrid, con el "Sí se puede" como aliento. En la siguiente, Nadal siendo Nadal. Cuarta bola de partido para él, drive de Goffin en la red. Euforia. Alivio. Nadal.


Un saque directo para empezar y otros tres saques que el belga no pudo poner en pista. ¿La velocidad? Rozando los 200 kilómetros por hora. La costilla está perfecta. El balear solo cedió un punto en sus dos primeros turnos de servicio. Y es verdad que resbaló con un break en contra en el tercero –cuatro dobles faltas al final–, un juego enredado en el que le dieron un aviso por pasarse del tiempo al sacar y que el balear replicó por la cantidad de gritos a destiempo que disparó la grada, siempre encantada con él en pista, no siempre respetuoso con los protocolos del tenis.


El revés cruzó de maravilla, desatado de revoluciones para abrir pista en diagonal, atronador en paralelo. La derecha también ha encontrado ritmo de competición. Al menos, para el nivel de exigencia que le propuso el belga en set y medio. Y todo parecía de cara.


Elegante en su tenis, Goffin, de 31 años también está en proceso de reconstrucción. Fue 7 del mundo en 2017, pero las lesiones, sobre todo la rodilla, hicieron que el tenis quedara relegado a un segundo plano y perdiera esa chispa que lo ha llevado a codearse con los grandes e incluso a ganar al propio Nadal dos de las seis veces que se han cruzado: en la Copa de Maestros de 2017 y en la ATP Cup de 2020. Pero el tiempo en la enfermería lo mermó tanto como para dudar de si volvería a ser el mismo; un día podía entrenarse y al siguiente ni impactaba la pelota. Ganador del ATP 250 de Marrakech en abril y de un buen puñado de confianza, mostró que el tenis todavía está ahí y que el hambre se va recuperando día a día.


Aprovechó uno de esos bajones físicos que el balear admitió haber sufrido en el primer encuentro. La falta de rodaje. Y se revolvió el belga para levantar dos bolas de partido y regalarle más minutos en pista a Nadal, muchos más, del 3-5 al 7-5 y set de desempate. El balear, que tuvo dos bolas de partido, con 5-3 al resto, y con 5-4 y saque, se encontró con sesenta minutos más de competición, un parcial más de práctica contra la adversidad, una adversidad que se convirtió en cuatro bolas de partido en contra.


Seguía funcionando todo, pero fue Goffin el que, cerca de las dos horas de partido, mostraba su entereza. Imposible derribarlo desde el fondo y con pocas opciones de cambiar el ritmo para Nadal, pues el belga coge muy pronto la pelota y es difícil sorprenderlo con dejadas. Un nivel que mantuvo y mantuvo y mantuvo, para desesperación de Nadal, miradas de interrogación a su banquillo palco porque, de pronto, todo lo que se había conseguido se esfumaba. Dos bolas de partido, la primera cuando el reloj marcaba una hora y 25 de partido, quedaba muy lejos, no solo por el tiempo sino por las sensaciones.


Dos horas y media y Goffin limpiaba las líneas, ni un atisbo de dudas, de freno, de imprecisiones, de debilidad. Ahora cruzada, ahora paralela, un limpiaparabrisas. Y dejó de funcionar todo, molesto el balear con los focos de día. Errores para el saco, una cincuentena. Once opciones de break de las que solo consiguió tres. Meritazo del belga, incomodar al número 4 del mundo.


“Sí, se puede; sí, se puede”, alentó la grada para empujar al balear en el tie break. Rostros compungidos en el palco. Desde el 1-4, Goffin volvió a revolverse, incrédulo Nadal con la capacidad del belga de domar la pelota hacia un lado y al otro, desquiciado de punta a punto.


Tres horas justas y el partido se descontrola. Nadal salva la primera bola de partido con un saque abierto. Tres horas y un minuto, Goffin choca su derecha en la red, con toda la pista para él. 6-6. Tres horas y tres minutos, Nadal levanta la tercera bola de partido con una de las pocas dejadas en todo el encuentro, y hará lo mismo con la cuarta. Y a la cuarta que tuvo Nadal por fin fue la vencida. Grito al cielo y brazos al alto de Nadal. Goffin lanzaba su derecha al pasillo en uno de los poquísimos errores que cometió desde el 3-5 del segundo set. Es Nadal, de quien nunca se puede dudar. Otro partido de coraje, compromiso y corazón. Puro Nadal.

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