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Tsitsipas acaba con el sueño de Davidovich en Montecarlo

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Desde la pista central del Club de Campo de Montecarlo se ve el mar, en una panorámica idílica que es uno de las imágenes icónicas del circuito. La cercanía a la costa hace que el viento sea un invitado habitual durante los partidos, aunque ayer se mantuvo ausente en un gesto de deferencia con Davidovich en la que era su primera final de un Masters 1.000. El español tenía enfrente a Tsitsipas, cuya figura le traía malos recuerdos, pues en esa misma pista tuvo que retirarse un año atrás por lesión ante el griego.


Era a priori un duelo desigual -el cinco del mundo contra el cuadragésimo sexto-, pero después de haber derribado al número uno del mundo nada parecía ya demasiado para Davidovich. Tsitsipas, vigente campeón del torneo, era gran favorito lo que permitió al malagueño salir a la pista con la piel de cordero. Sin nada que perder. La hazaña estaba conseguida y ganar era la guinda a un torneo que ya forma parte de su periplo vital.


Tras su épico triunfo de semifinales ante Dimitrov, Davidovich aprovechó la tarde del sábado para descansar y preparar la final junto a su equipo encabezado por un orgulloso Jorge Aguirre, su técnico desde que era un chaval que soñaba con semanas como esta. Además de pulir sus defectos, Aguirre ha tenido que domar el ímpetu de su pupilo, uno de esos tenistas plenos de talento a los que les traicionan los nervios en demasiadas ocasiones. Un caballo desbocado, como señala el técnico, que ha encontrado el sosiego en este 2022 que va camino de ser histórico para él.


La tierra de Montecarlo se le daba bien hasta ahora, pero este año su tacto ha resultado especial para Davidovich, capaz de derrotar al número uno, Djokovic, y plantarse en la final del torneo. La primera para él desde que es profesional. Una final de campanillas, pues no es fácil alcanzar una en este tipo de torneos.


Salió a disfrutar el malagueño y eso le permitió tomar ventaja muy pronto ante un Tsitsipas irregular. Rompió el servicio del griego en el tercer juego, pero no pudo consolidar su ventaja justo después. Un mazazo que le sumió en la depresión. Apenas ganó un juego de los ocho siguientes, lo que le ponía con un set en contra (6-3) y con el segundo cuesta arriba (2-0). Situación similar a la que había vivido en semifinales contra Dimitrov y que entonces supo resolver con genialidad y orgullo.


El orgullo de Davidovich
Volvió a tirar de ambas cualidades Davidovich, que equilibró el duelo tirando de casta y calidad. Rompió el servicio de su rival y encadenó tres juegos seguidos que le devolvieron la iniciativa. Había recuperado su tenis y sufría Tsitsipas, que se agarró a la pista como pudo para no ceder la manga antes de tiempo. Son esos los momentos en los que la experiencia juega un papel importante y en eso el griego gana por mucho al joven talento malagueño.


Se notó en el noveno juego, cuando el servicio de Davidovich se hizo más blando, dando ventaja al griego. Levantó dos bolas de break el español, pero a la tercera no pudo hacer nada. 5-4 y todo a favor para que el campeón repitiera alegría en Montecarlo.


Sacaba Tsitsipas para ganar y tuvo que emplearse a fondo. No bajó los brazos su rival, en un ejercicio de orgullo que ya es una de sus señas de identidad. Se agarró al partido Davidovich, que aplazó la alegría del heleno tras romperle el servicio y forzar el desempate. Un tie break que comenzó dominado, mecido por el aplauso del público, pero que terminó perdiendo ante la sosegada raqueta de Tsitsipas, más sereno y con mayor clarividencia que su rival en los momentos clave.


Derrota con honor para Davidovich, cuyo apellido ya se ha presentado en sociedad al tenis mundial y que tiene ya la experiencia necesaria para repetir cotas igual de altas en los próximos torneos.

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