Vinicius hace de Modric y abre al Getafe
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Si consideramos al Barcelona el máximo rival, el perseguidor, y asumimos generosamente que lo gana todo de aquí al final (con un césped siempre óptimo), al Madrid le bastaría con ganar los partidos de casa y empatar los de fuera para ser campeón de Liga. Es decir, la vieja media inglesa.
Parece más cerca porque Ancelotti ha roto a rotar y sacó a ‘los energéticos’, Valverde y Camavinga. Esto se notó al principio. Tardaban en entrar en juego, en tener ese contacto inmediato y mandón con la pelota, pelota-mascota, de Modric y Kroos, y faltaba el enhebrado interior de la jugada. Valverde sufría más sin espacios, y Camavinga se las arreglaba para lucir con sus recuperaciones. Igual que a otros ‘se le caen los goles’, a Camavinga le caen los robos. Recupera casi sin querer.
Pese a tanta juventud, el Madrid no salió con una gran presión. Era un brío moderado. El Getafe tampoco aparcó el autobús. La defensa la tenía a una altura más que decente (medimos el largo de las defensas, el ‘bloque’, con cierto tono moralista, como la falda en los toros de antes). El Getafe engaña, está en posiciones inferiores, pero con Quique es un equipo casi de Europa League.
El Madrid tardó en llegar. Valverde intentó una volea en el 19, y Vinicius un chut al minuto siguiente tras caño antológico a Djené. Pero eran ocasiones aun dispersas, resultado de los primeros arranques de personalidad de los jóvenes. El 5-3-2 azul metalizado del Getafe, bien dibujado en el campo, parecía la línea reconocible y hermosa de un coche clásico, un Cadillac defensivo, y el Madrid no acuciaba y además comenzaba a caer en el vicio de los centros, que es como terminar la jugada echándose los euros en la tragaperras.
Que el Madrid no estaba bien y el Getafe andaba cómodo, apiñado, incluso garrapiñado, se notaba en que Vinicius no aparecía.
Pero cuando entrarle al Getafe empezaba a parecerse a abrir una lata de conservas que se resiste, ese momento en que empieza a perderse la compostura con el bote y entran los sudores, Vinicius recibió un envío ágil y obediente de Camavinga y lo colocó con el exterior del pie, a la Modric, para la entrada rematadora en plancha de Casemiro, el 1-0.
Vinicius es un jugador ya importantísimo, y a riesgo de rozar la herejía, fue más importante en Londres de lo que se ha dicho. Benzema ha subido su media goleadora a un gol por partido, algo desconocido en su carrera, por Vinicius, elemento dinamizador del Madrid entero y de la carrera del francés en particular. Esto nos permite reformular un tema de actualidad (con todo respeto al lector benzemista): ¿No pudo ser Cristiano el que hiciera también a Benzema, recíprocamente, como ahora Vinicius lo rehace? Karim es un jugador de extraordinaria inteligencia, que se arrima a buen árbol.
El partido se revolucionó un poco con el gol. Hubo algún conato de contra getafense, que topó con Militao, y al ataque del Madrid se sumó Marcelo, señal inequívoca de alegría.
La segunda parte, con algún cambio de Quique y mayor iniciativa visitante, empezó para el Madrid arrastrando esa ligereza hasta que su juego alcanzó una meseta de interés, una planicie hecha de prudencia y también de inexpresividad. Solo chisporroteaban los detallitos de Vinicius y la combatividad como en patines de Camavinga. En los carrillos de Ancelotti se concentraba la expectativa y la seguridad. No hacía cambios aun. Ancelotti está mutando gestualmente. Empezamos mirándole la ceja interrogativa, y ahora vemos que son sus carrillos los que expresan, los que se van llenando durante el partido.
El Getafe no se desmelenaba. El que quiera espacios, que se vaya al campo, pensaría Quique Sánchez, pero el Madrid seguía llevando con método la pelota a las bandas y así llegó el 2-0, una bonita combinación entre Rodrygo y Lucas que el lateral colocó con la izquierda.
Tras ello, Ancelotti tuvo el buen detalle de dar entrada a Bale. El regreso de esta leyenda al Bernabéu, dos años después, fue saludado con una pitada por el público soberano que llegó a aplaudir a Gravesen y a silbar a Redondo. La pérdida de este futbolista es un hecho lamentable, responsabilidad suya, en primer lugar, pero qué desarmante, generosa y llena de cariño y humor hubiera sido una ovación al autor del gol en Lisboa, de la carrera con Bartra o la chilena en Kiev. Qué gran sonrisa común se hubiera propiciado.
Ya no hubo mucho más, y tampoco el público se cebó. La historia de Bale es triste. ¿Qué hubiera sido de este Madrid de transición con él y un buen Hazard? Bale hizo cosas increíbles, por encima de Cristiano y desde luego de Benzema, él ganó las Copas que se le cantan a otros, pero en lugar de ‘mesonear’ con el entorno prefirió jugar al golf. Desde este punto de vista merece una larga ovación.
Parece más cerca porque Ancelotti ha roto a rotar y sacó a ‘los energéticos’, Valverde y Camavinga. Esto se notó al principio. Tardaban en entrar en juego, en tener ese contacto inmediato y mandón con la pelota, pelota-mascota, de Modric y Kroos, y faltaba el enhebrado interior de la jugada. Valverde sufría más sin espacios, y Camavinga se las arreglaba para lucir con sus recuperaciones. Igual que a otros ‘se le caen los goles’, a Camavinga le caen los robos. Recupera casi sin querer.
Pese a tanta juventud, el Madrid no salió con una gran presión. Era un brío moderado. El Getafe tampoco aparcó el autobús. La defensa la tenía a una altura más que decente (medimos el largo de las defensas, el ‘bloque’, con cierto tono moralista, como la falda en los toros de antes). El Getafe engaña, está en posiciones inferiores, pero con Quique es un equipo casi de Europa League.
El Madrid tardó en llegar. Valverde intentó una volea en el 19, y Vinicius un chut al minuto siguiente tras caño antológico a Djené. Pero eran ocasiones aun dispersas, resultado de los primeros arranques de personalidad de los jóvenes. El 5-3-2 azul metalizado del Getafe, bien dibujado en el campo, parecía la línea reconocible y hermosa de un coche clásico, un Cadillac defensivo, y el Madrid no acuciaba y además comenzaba a caer en el vicio de los centros, que es como terminar la jugada echándose los euros en la tragaperras.
Que el Madrid no estaba bien y el Getafe andaba cómodo, apiñado, incluso garrapiñado, se notaba en que Vinicius no aparecía.
Pero cuando entrarle al Getafe empezaba a parecerse a abrir una lata de conservas que se resiste, ese momento en que empieza a perderse la compostura con el bote y entran los sudores, Vinicius recibió un envío ágil y obediente de Camavinga y lo colocó con el exterior del pie, a la Modric, para la entrada rematadora en plancha de Casemiro, el 1-0.
Vinicius es un jugador ya importantísimo, y a riesgo de rozar la herejía, fue más importante en Londres de lo que se ha dicho. Benzema ha subido su media goleadora a un gol por partido, algo desconocido en su carrera, por Vinicius, elemento dinamizador del Madrid entero y de la carrera del francés en particular. Esto nos permite reformular un tema de actualidad (con todo respeto al lector benzemista): ¿No pudo ser Cristiano el que hiciera también a Benzema, recíprocamente, como ahora Vinicius lo rehace? Karim es un jugador de extraordinaria inteligencia, que se arrima a buen árbol.
El partido se revolucionó un poco con el gol. Hubo algún conato de contra getafense, que topó con Militao, y al ataque del Madrid se sumó Marcelo, señal inequívoca de alegría.
La segunda parte, con algún cambio de Quique y mayor iniciativa visitante, empezó para el Madrid arrastrando esa ligereza hasta que su juego alcanzó una meseta de interés, una planicie hecha de prudencia y también de inexpresividad. Solo chisporroteaban los detallitos de Vinicius y la combatividad como en patines de Camavinga. En los carrillos de Ancelotti se concentraba la expectativa y la seguridad. No hacía cambios aun. Ancelotti está mutando gestualmente. Empezamos mirándole la ceja interrogativa, y ahora vemos que son sus carrillos los que expresan, los que se van llenando durante el partido.
El Getafe no se desmelenaba. El que quiera espacios, que se vaya al campo, pensaría Quique Sánchez, pero el Madrid seguía llevando con método la pelota a las bandas y así llegó el 2-0, una bonita combinación entre Rodrygo y Lucas que el lateral colocó con la izquierda.
Tras ello, Ancelotti tuvo el buen detalle de dar entrada a Bale. El regreso de esta leyenda al Bernabéu, dos años después, fue saludado con una pitada por el público soberano que llegó a aplaudir a Gravesen y a silbar a Redondo. La pérdida de este futbolista es un hecho lamentable, responsabilidad suya, en primer lugar, pero qué desarmante, generosa y llena de cariño y humor hubiera sido una ovación al autor del gol en Lisboa, de la carrera con Bartra o la chilena en Kiev. Qué gran sonrisa común se hubiera propiciado.
Ya no hubo mucho más, y tampoco el público se cebó. La historia de Bale es triste. ¿Qué hubiera sido de este Madrid de transición con él y un buen Hazard? Bale hizo cosas increíbles, por encima de Cristiano y desde luego de Benzema, él ganó las Copas que se le cantan a otros, pero en lugar de ‘mesonear’ con el entorno prefirió jugar al golf. Desde este punto de vista merece una larga ovación.

