El Villarreal se vuelve gigante ante el Bayern Munich
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La ilusión y la perseverancia de un proyecto robusto hacen cumbre ante un coloso. Victoria potente del Villarreal ante el Bayern Múnich, ningún gol de los bávaros, extraordinario partido del equipo español en cuartos de final de la Champions. La desproporción no se aprecia. No hay reflejo en el campo entre el peso de la historia, la tradición en el continente y las cinco Champions que luce el Bayern de Munich frente a las ganas de soñar que enseña el Villarreal. La poderosa maquinaria alemana, su perfil superior, y el pueblo de 50.000 habitantes que ha levantado un monumento al fútbol con un equipo amarillo.
El partido tiene un aire de hasta aquí hemos llegado para el Villarreal, orgulloso campeón de la Europa League que se niega a someterse a la lógica del fútbol. Elige pelear con el mentón alto y una identidad de juego. Aparece el Villarreal que tiene variantes tácticas, elegancia en la propuesta y jugadores rápidos con oficio. Un grupo bien adiestrado, que exhibe paciencia y conocimiento.
Un equipo con gol. Lo tiene Danjuma, el delantero holandés que ha impactado en España. La jugada trenzada por la derecha, el tiro de Parejo y la bota oportunidad del neerlandés... El balón a la cazuela ante la mirada incrédula de los germanos, que no han hecho nada del otro mundo pero a los que se les intuye una mayor vitalidad.
El partido gravita sobre el francés Coman, extremo eléctrico, de fantasía, que pone un centro tras centro sobre el área de Rulli, siempre demasiado pasados para el salto de Lewandowski, que no ha asomado en la primera parte y puede decidir todo en una dentellada. El Bayern maneja, pero no gobierna. El Villarreal se estira con propiedad. Un hombro invalida por fuera de juego el segundo gol del equipo español (un centro de Coquelin a lo Goikoetxea) y al Bayern le entran muchas dudas. Kimmich, la solidez personificada, no atina a dar con el ritmo, no conecta con Muller, no deja en ventaja a los extremos y el Bayern se impacienta.
Todo lo que se espera del Bayern Munich se plasma en el segundo acto. Vértigo, cadencia, velocidad, pases, saques de esquina, llegadas e intensidad en las disputas ante las que no se arredra el Villarreal. Magnífica la respuesta del conjunto levantino ante lo que parece la cometida definitiva. Gerard chuta al poste y luego no concreta ante la rapidez en el corte de Davies.
En veinte minutos frenéticos, de pura constancia, los alemanes no consiguen su propósito. Salen Sane, Goretzka, Sule. Hay de todo velocidad, músculo, nueva energía. Y nada. El gol no llega, Lewandowski está fuera de órbita, aunque su equipo en la frontal del área del Villarreal. Gnabry, Coman, Davies gozan de oportunidades variadas y frecuentes, pero dejan tantos huecos a su espalda que Neuer ejerce de central en los rebotes.
En uno de ellos el portero alemán se crece, como casi siempre, para poner el borrón. La da mal de izquierda y a Gerard le queda el tiro a puerta vacía desde el centro del campo. El balón se escapa, Neuer respira. El Bayern se desorienta ante la solidez del Villarreal, que no se descompone en la defensa pese a la presión. El gol teutón no llega, los contragolpes hispanos ponen los pelos de punta y el Bayern casi debe agradecer el solitario gol que decreta la realidad.
El partido tiene un aire de hasta aquí hemos llegado para el Villarreal, orgulloso campeón de la Europa League que se niega a someterse a la lógica del fútbol. Elige pelear con el mentón alto y una identidad de juego. Aparece el Villarreal que tiene variantes tácticas, elegancia en la propuesta y jugadores rápidos con oficio. Un grupo bien adiestrado, que exhibe paciencia y conocimiento.
Un equipo con gol. Lo tiene Danjuma, el delantero holandés que ha impactado en España. La jugada trenzada por la derecha, el tiro de Parejo y la bota oportunidad del neerlandés... El balón a la cazuela ante la mirada incrédula de los germanos, que no han hecho nada del otro mundo pero a los que se les intuye una mayor vitalidad.
El partido gravita sobre el francés Coman, extremo eléctrico, de fantasía, que pone un centro tras centro sobre el área de Rulli, siempre demasiado pasados para el salto de Lewandowski, que no ha asomado en la primera parte y puede decidir todo en una dentellada. El Bayern maneja, pero no gobierna. El Villarreal se estira con propiedad. Un hombro invalida por fuera de juego el segundo gol del equipo español (un centro de Coquelin a lo Goikoetxea) y al Bayern le entran muchas dudas. Kimmich, la solidez personificada, no atina a dar con el ritmo, no conecta con Muller, no deja en ventaja a los extremos y el Bayern se impacienta.
Todo lo que se espera del Bayern Munich se plasma en el segundo acto. Vértigo, cadencia, velocidad, pases, saques de esquina, llegadas e intensidad en las disputas ante las que no se arredra el Villarreal. Magnífica la respuesta del conjunto levantino ante lo que parece la cometida definitiva. Gerard chuta al poste y luego no concreta ante la rapidez en el corte de Davies.
En veinte minutos frenéticos, de pura constancia, los alemanes no consiguen su propósito. Salen Sane, Goretzka, Sule. Hay de todo velocidad, músculo, nueva energía. Y nada. El gol no llega, Lewandowski está fuera de órbita, aunque su equipo en la frontal del área del Villarreal. Gnabry, Coman, Davies gozan de oportunidades variadas y frecuentes, pero dejan tantos huecos a su espalda que Neuer ejerce de central en los rebotes.
En uno de ellos el portero alemán se crece, como casi siempre, para poner el borrón. La da mal de izquierda y a Gerard le queda el tiro a puerta vacía desde el centro del campo. El balón se escapa, Neuer respira. El Bayern se desorienta ante la solidez del Villarreal, que no se descompone en la defensa pese a la presión. El gol teutón no llega, los contragolpes hispanos ponen los pelos de punta y el Bayern casi debe agradecer el solitario gol que decreta la realidad.

