Nadal todavía es demasiado para Alcaraz
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Nadal
sigue siendo imbatible en 2022. Ni siquiera Carlos Alcaraz, al que nadie le había hecho un set en Indian Wells, pudo con el balear en este inicio de año soñado que le ha regalado ya tres títulos y que le sitúa hoy domingo a las puertas del cuarto. Para levantarlo deberá vencer al americano Taylor Fritz (23.00 horas, #Vamos), el último escollo en el camino del español hacia la gloria en el Masters 1.000 más prestigioso del circuito.
En el majestuoso estadio de Indian Wells, la pista central más grande del mundo, uno se siente pequeño. Diminuto si además enfrente está el jugador más grande de todos los tiempos. Un escenario temible que no le pasó factura esta vez a Carlos Alcaraz, lejos de la versión timorata que sí pudo verse en Madrid el pasado mes de mayo cuando el joven murciano se enfrentó por primera vez a su ídolo. Entonces, le cayeron cinco juegos seguidos en un pis pas. Anticipo de una derrota dolorosa en poco más de una hora que dejó una lección inolvidable en su mochila vital. Aprendizaje que le sirvió, sin duda, para afrontar con más aplomo el duelo de ayer.
Por culpa de aquella derrota –o quizá gracias a ella–, la puesta en escena ayer de Alcaraz fue muy distinta a la que se vio en el Mutua Madrid Open. Salió valiente el murciano, exhibiendo sus virtudes y desponjándose de sus complejos. Quería ser él mismo y lo logró en esos primeros compases en los que puso a Nadal contra las cuerdas. Se llevó el primer juego al resto y confirmó su ventaja en un parcial larguísimo en el que levantó hasta cinco bolas de break. Alegría que celebró a lo grande mientras Rafa esperaba su momento.
No había nacido aún Alcaraz cuando Nadal estaba ya a las puertas de su primer título allá por 2004. Casi 18 primaveras entre ambos que confluían anoche en una misma pista de tenis. Presente y futuro del tenis español. Leyenda viva y otra que aspira a serlo. Esa experiencia ayudó a Nadal para frenar el ímpetu de su rival y poner el choque de su lado. Porque si Alcaraz había tardado veinte minutos en amasar su ventaja, Nadal tardó lo mismo en hacerle cuatro juegos seguidos (4-2) y encarrilar la primera manga.
A pesar de sus achaques y de llevar casi dos décadas dando guerra sigue siendo Nadal un jugador inabarcable cuando entra en trance. Capaz de arrancar 2022 con 19 victorias seguidas –20 con la de anoche– y tres títulos. Lo nunca visto en su carrera. Yaunque enfrente tenía a un Alcaraz desencadenado que solo había sufrido una derrota en todo el año, el balear supo llevar el partido a su terreno. Lo hizo apoyado en un saque muy fiable y en un resto magnífico. Incomodando siempre el saque del murciano, que se tuvo que aplicar mucho para sacar adelante cada uno de sus servicios. Hasta catorce bolas de rotura tuvo que salvar a lo largo del primer set, un ejercicio de supervivencia grabó otra lección en su memoria. No le sirvió para ganar este primer parcial (6-4 para el número 4 del mundo), pero le valdrá para ganar muchos torneos en el futuro.
El viento, protagonista inesperado
No se deshizo Alcaraz con el revés recibido. Al contrario. Se olvidó de lo que había pasado y se lanzó a por la remontada. Fue creciendo con el paso de los minutos, al mismo ritmo que lo hacía el viento en la pista. Una brisa que se tornó en vendaval y que complicó mucho el juego. Tanto, que el propio Nadal se quejó mediado el segundo set porque la arena del desierto se colaba en el estadio y le nublaba la vista.
Volaba la pelota haciendo extraños en su camino de un lado al otro de la cancha, lo que obligaba a los tenistas a variar sus golpes y confiar en que las rachas de viento no desviaran demasiado su puntería. Al que más le costó adaptarse fue al balear, visiblemente molesto por un elemento extraño que pocas veces tiene tanta incidencia en el tenis.
La incomodidad de ambos se tradujo en una serie de breaks –hasta cuatro consecutivos– que llevaron el set al 4-4 antes de que el viento se llevara por delante una parte de la red. Se desarmó el palo que sujeta la estructura y Nadal se encogía de hombros, pero el juego tenía que continuar. En el tenis, se para el partido por una tímida lluvia, pero no pasa nada si hay un vendaval. Con 15-40 en contra, Rafa intentó olvidarse de lo que pasaba fuera y centrarse en la pista. Complicado visto el panorama. Levantó hasta seis bolas de rotura el balear en un juego interminable, pero a la séptima cedió cansado de que sus golpes nunca encontraran el lugar de la pista que él había planeado. El break trasladó la presión al brazo de Alcaraz, al que no le tembló esta vez el pulso (6-4).
Menguó un poco el viento y eso mejoró el espectáculo, aunque no lo suficiente para disfrutar en plenitud de un partido que tenía que ser histórico y que quedó deslucido por esta circunstancia. Supo controlar su frustración Nadal y eso le ayudó en el set definitivo. Aunque era Alcaraz el que seguía estando más cómodo fue Rafa el que consiguió el primer y único break de la manga. Lo hizo en el octavo juego, después de haber levantado hasta cuatro bolas de rotura anteriormente. Rompió así la resistencia de un jugador superlativo como Alcaraz que habría ganado ayer a cualquiera, pero que tenía enfrente al jugador con más Grand Slams de la historia. Al más laureado. El tipo con más resistencia y el que nunca se da por vencido. Un Nadal que superó a su sucesor en una batalla para el recuerdo. Porque por ahora, Alcaraz no es suficiente, pero cada vez está más cerca.
sigue siendo imbatible en 2022. Ni siquiera Carlos Alcaraz, al que nadie le había hecho un set en Indian Wells, pudo con el balear en este inicio de año soñado que le ha regalado ya tres títulos y que le sitúa hoy domingo a las puertas del cuarto. Para levantarlo deberá vencer al americano Taylor Fritz (23.00 horas, #Vamos), el último escollo en el camino del español hacia la gloria en el Masters 1.000 más prestigioso del circuito.
En el majestuoso estadio de Indian Wells, la pista central más grande del mundo, uno se siente pequeño. Diminuto si además enfrente está el jugador más grande de todos los tiempos. Un escenario temible que no le pasó factura esta vez a Carlos Alcaraz, lejos de la versión timorata que sí pudo verse en Madrid el pasado mes de mayo cuando el joven murciano se enfrentó por primera vez a su ídolo. Entonces, le cayeron cinco juegos seguidos en un pis pas. Anticipo de una derrota dolorosa en poco más de una hora que dejó una lección inolvidable en su mochila vital. Aprendizaje que le sirvió, sin duda, para afrontar con más aplomo el duelo de ayer.
Por culpa de aquella derrota –o quizá gracias a ella–, la puesta en escena ayer de Alcaraz fue muy distinta a la que se vio en el Mutua Madrid Open. Salió valiente el murciano, exhibiendo sus virtudes y desponjándose de sus complejos. Quería ser él mismo y lo logró en esos primeros compases en los que puso a Nadal contra las cuerdas. Se llevó el primer juego al resto y confirmó su ventaja en un parcial larguísimo en el que levantó hasta cinco bolas de break. Alegría que celebró a lo grande mientras Rafa esperaba su momento.
No había nacido aún Alcaraz cuando Nadal estaba ya a las puertas de su primer título allá por 2004. Casi 18 primaveras entre ambos que confluían anoche en una misma pista de tenis. Presente y futuro del tenis español. Leyenda viva y otra que aspira a serlo. Esa experiencia ayudó a Nadal para frenar el ímpetu de su rival y poner el choque de su lado. Porque si Alcaraz había tardado veinte minutos en amasar su ventaja, Nadal tardó lo mismo en hacerle cuatro juegos seguidos (4-2) y encarrilar la primera manga.
TODO EL PÚBLICO EN PIE
— #Vamos por Movistar Plus+ (@vamos) March 20, 2022
Lo de Alcaraz y Nadal en este set es demasiado.#AlcarazNadal pic.twitter.com/FK9QPBxM0m
A pesar de sus achaques y de llevar casi dos décadas dando guerra sigue siendo Nadal un jugador inabarcable cuando entra en trance. Capaz de arrancar 2022 con 19 victorias seguidas –20 con la de anoche– y tres títulos. Lo nunca visto en su carrera. Yaunque enfrente tenía a un Alcaraz desencadenado que solo había sufrido una derrota en todo el año, el balear supo llevar el partido a su terreno. Lo hizo apoyado en un saque muy fiable y en un resto magnífico. Incomodando siempre el saque del murciano, que se tuvo que aplicar mucho para sacar adelante cada uno de sus servicios. Hasta catorce bolas de rotura tuvo que salvar a lo largo del primer set, un ejercicio de supervivencia grabó otra lección en su memoria. No le sirvió para ganar este primer parcial (6-4 para el número 4 del mundo), pero le valdrá para ganar muchos torneos en el futuro.
El viento, protagonista inesperado
No se deshizo Alcaraz con el revés recibido. Al contrario. Se olvidó de lo que había pasado y se lanzó a por la remontada. Fue creciendo con el paso de los minutos, al mismo ritmo que lo hacía el viento en la pista. Una brisa que se tornó en vendaval y que complicó mucho el juego. Tanto, que el propio Nadal se quejó mediado el segundo set porque la arena del desierto se colaba en el estadio y le nublaba la vista.
Volaba la pelota haciendo extraños en su camino de un lado al otro de la cancha, lo que obligaba a los tenistas a variar sus golpes y confiar en que las rachas de viento no desviaran demasiado su puntería. Al que más le costó adaptarse fue al balear, visiblemente molesto por un elemento extraño que pocas veces tiene tanta incidencia en el tenis.
El viento está haciendo estragos #AlcarazNadal pic.twitter.com/t4sRLOhCQD
— #Vamos por Movistar Plus+ (@vamos) March 20, 2022
La incomodidad de ambos se tradujo en una serie de breaks –hasta cuatro consecutivos– que llevaron el set al 4-4 antes de que el viento se llevara por delante una parte de la red. Se desarmó el palo que sujeta la estructura y Nadal se encogía de hombros, pero el juego tenía que continuar. En el tenis, se para el partido por una tímida lluvia, pero no pasa nada si hay un vendaval. Con 15-40 en contra, Rafa intentó olvidarse de lo que pasaba fuera y centrarse en la pista. Complicado visto el panorama. Levantó hasta seis bolas de rotura el balear en un juego interminable, pero a la séptima cedió cansado de que sus golpes nunca encontraran el lugar de la pista que él había planeado. El break trasladó la presión al brazo de Alcaraz, al que no le tembló esta vez el pulso (6-4).
Menguó un poco el viento y eso mejoró el espectáculo, aunque no lo suficiente para disfrutar en plenitud de un partido que tenía que ser histórico y que quedó deslucido por esta circunstancia. Supo controlar su frustración Nadal y eso le ayudó en el set definitivo. Aunque era Alcaraz el que seguía estando más cómodo fue Rafa el que consiguió el primer y único break de la manga. Lo hizo en el octavo juego, después de haber levantado hasta cuatro bolas de rotura anteriormente. Rompió así la resistencia de un jugador superlativo como Alcaraz que habría ganado ayer a cualquiera, pero que tenía enfrente al jugador con más Grand Slams de la historia. Al más laureado. El tipo con más resistencia y el que nunca se da por vencido. Un Nadal que superó a su sucesor en una batalla para el recuerdo. Porque por ahora, Alcaraz no es suficiente, pero cada vez está más cerca.

