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Vinicius y Benzema, pareja letal

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El Madrid hizo un partido notable, con otra puerta a cero y una nueva demostración de sus delanteros, dominadores del campeonato. Pero de Mallorca se lleva tres puntos, y el disgusto de dos lesionados, Rodrygo y Benzema, que quizás no estén en el Clásico.





Esto nos devuelve a las rotaciones. ¿Son diez puntos de ventaja suficientes ya para empezar con ellas? ¿Son quince futbolistas suficientes para aspirar a Liga y Champions? Son los que usa Ancelotti, que no rota, retoca.


El Madrid empezó rebosante de confianza tras el PSG, con la defensa arriba y adecuada fluidez. Hubo pronto una ocasión de Benzema, que había iniciado la jugada con una recuperación sin tocar la pelota, una captura elusiva, una especie de delicatessen del menos es más. Benzema puso ese poquito de caviar (no ruso, eh) sobre la tostada de regularidad de Vinicius, por donde el Madrid quería salir a correr, por donde se aceleraba, como si por su lado se abriera siempre la puerta del recreo. Kubo lo quería retar en el otro lado del campo, con ese aire juvenil que podría convertirlo en cedido perpetuo, en un expediente traspapelado.


El Madrid estaba bien de piernas, fresco, pero tras unos minutos de correr tras la pelota, el Mallorca comenzó a ajustar la defensa, empezaron a bailar pegados en la marca.


Esos minutos de transición sin ocasiones, no muy vistosos, permitían despistarse, fijarse por ejemplo en Ancelotti. ¡Qué curioso personaje! Con su ceja, sus carrillos, su flequillo, tiene un aspecto realmente simpático. Se le quiere a Carletto. El madridista quiere a Ancelotti. Es un italiano entrañable ya como Torrebruno o Raffaella Carrá.


El Madrid, con cierta sequía, probaba sus tiros exteriores, pero Kroos no estaba fino. El partido oscilaba por emociones de tipo arbitral, faltas, alguna discusión. Sánchez Martínez es un árbitro sin autoridad gestual y se notaba. Vinicius recibía a la vez la patada y la tarjeta. El partido, que empezó suelto, pasó a pegajoso y ahora empezaba a ponerse bravo, y era un mérito indudable del Mallorca, ratificado en la mejor ocasión de la primera parte, una combinación entre Muriqi y Ángel que Maffeo remató al palo.


Maffeo estaba siendo uno de los protagonistas por su duelo con Vinicius. Ya se ha dicho que con él los laterales derechos chupan cámara. Vinicius pasó largos minutos sin irse del rival, sin poder ‘sentar’ a Maffeo, pero esto no lo sacaba del partido. Cuando no puede con el defensa se obstina, se pelea, establece con el otro un antagonismo que lo tiene conectado. Es un extremo del KO, del regate, pero también a los puntos, que si no se puede ir pelea, lo intenta, lucha física y psíquicamente con el defensor hasta que empieza a ceder.


Por eso antes del descanso empezó a ‘agrietar’ a Maffeo y tuvo una ocasión con repostaje de finura en Benzema. Vinicius no es extremo guadianesco, de raptos e inspiraciones; es un extremo de asedio, que trata al lateral como a un saco de boxeo, y en esa insistencia el Madrid encuentra ritmo y argumento. Por eso el equipo no se deprime, no cae en las ausencias y tristezas de antes. Por eso llegó al descanso plenamente metido en el partido. ¿Cómo no estarlo con Vinicius?


El Madrid regresó con la misma altura de miras, y el pago lo tuvo pronto: una presión alta, con mérito y robo de Valverde (se nota su energía), acabó en Vinicius, que no falló. La asistencia fue de Benzema. En todos los partidos se reparten el botín de las estadísticas.


Pesando en el Clásico, Ancelotti retiró a Casemiro, aunque los problemas llegarían por otro sitio.


El Madrid podía haberse arrellanado entonces en el bloque bajo, pero quiso seguir arriba, se le vio, hasta que fue echándose atrás poco a poco, como si algo subconsciente mandara sobre ellos.


Lo más reseñable en esos minutos fue la lesión de Rodrygo. Se fue del campo sin poder pisar tras una dura entrada de Raíllo. Tuvo que serlo para que Sánchez Martínez considerara proporcionado sacarle una amarilla.


La pareja de la liga decidió entonces acabar con el partido en una larga ‘contra’ en la que uno y otro se buscaron atrayendo a los rivales. El penalti a Vinicius lo marcó Benzema, según el régimen de gananciales de la delantera. Después repitió rematando de cabezazo perfecto un pase de Marcelo. Estos esfuerzos le costaron un problema en el tobillo y se marchó cojeando con la lógica preocupación del orbe madridista. Las temporadas son también ‘molto longas’.

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