Cena de amigos previa a Turquía
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Tras el fiasco contra los turcos, Osasuna parecía la víctima propiciatoria para que Xavi se afirmara, pero todo el mundo sabe que los exámenes importantes se aprueban o se suspenden en Europa, aunque sea en el torneo de los segundones. Noche fría en Barcelona, si tenemos en cuenta lo que consideramos frío en Barcelona. Gavi y Pedri entre líneas. Dos interiores para un rival que salía jugando en largo para cerrarse detrás. El Barça atacaba, fallaba, recuperaba y volvía a atacar. Todo un poco aburrido, por la falta de luz en los primeros ataques, pero por lo menos ordenado, trabajado, responsable, de equipo que mientras espera que la inspiración comparezca no divaga ni desatiende sus obligaciones. “Y aunque no eres ninguna maravilla” -Jorge Drexler lo canta- “me lo juego todo al dos de corazones”. Cuesta no dejarse tentar por la fe en las posibilidades de este equipo, que lucha y no de cualquier manera, buscando siempre la calidad y fiel a los principios futbolísticos de su técnico, que con pequeñas variaciones son los de Pep y Cruyff.
La suerte de la noche se decantó en el minuto 12 cuando Ferran transformó un penalti claro, aunque protestado, de Nacho Vidal. Yo no puedo entender cómo los jugadores profesionales se ponen a protestar jugadas, y además tan obvias, sabiendo que existe el VAR. La cartulina amarilla que vio Vidal, perfectamente ajustada a derecho, fue innecesaria y su club tendría que sancionarle por poco serio, por exponerse a perjudicar a su equipo de un modo tan poco sólido y absurdo. Estos niños tantas veces arrogantes, ignorantes y maleducados tendrían que entender que el mucho dinero que les pagan les exige algo más que ponerse a gritarle al árbitro como un macarra.
Ferran en el 20 marcó el segundo, aprovechando para variar una gran asistencia de Dembélé. Buena noche del delantero, que quería corregir su alarmante tendencia previa a fallar lo más elemental. En 25 minutos el Barça estaba en el 80% de posesión y en el 26 ya ganaba por 3 a 0, gol de Aubameyang, tras otro buen centro de Dembélé. El potencial del equipo estaba prodigiosamente desplegado, es cierto. Pero también que Osasuna se deshizo como mantequilla, sin ninguna resistencia, sin ningún prestigio; y que al Barça de las últimas temporadas, que solía arrastrarse en la Champions, hasta que le echaron, le conocimos noches de desquite como la de ayer, victorias tan aplastantes como estériles para calmar la impotencia tras sus grandes varapalos europeos. Bien ayer pero veremos que pasa el jueves en tierra infiel.
Disfrutaba el público en el Camp Nou, un público un poco naíf, que celebraba en demasía un espectáculo que sin duda era entretenido, pero también algo provinciano, de Globetrotters abusando del contrario, que son actores contratados para ser humillados. Osasuna más bien parecía mi hija, que se había acostado a las 20:30 porque al día siguiente tenía que madrugar para ir a la escuela. Muy buena primera parte azulgrana, no me malinterpreten ni crean que no quiero reconocer los méritos. Pero de ahí a decir que era la prueba de que el equipo estaba definitivamente en otra senda hay un trecho que yo no me sentiría cómodo recorriendo.
Dembélé volvió del descanso como si le hubieran pinchado algo: todo potencia, driblings de primera calidad técnica, aunque poca pausa en los remates. Aubameyang tuvo el cuarto pero se le fue por poco. El Barça continuó con su maquinaria imparable, y Osasuna no era capaz de oponer ninguna resistencia consistente. Si el resultado no era mucho más abultado era más por los errores de los delanteros locales que por el acierto defensivo de un contrincante -al que sólo en un esfuerzo imaginativo, y caritativo, se le podía conceder este adjetivo- que dormía y soñaba que el partido ya había terminado.
Tan claro lo tenía Xavi que dio entrada a esta pésima noticia para el fútbol que se oculta bajo el nombre de Clément Lenglet. Sustituyó a Piqué. Poco más de 54.000 personas en el Camp Nou, pésima entrada. Esto con Pep o con Cruyff no pasaba. Pero en los últimos años, el Barça, Barcelona y Cataluña, por diferentes motivos pero bajo el mismo signo, han decidido autodestruirse de un modo tan cruel y absoluto que la gente ha acabado aborreciendo el deprimente espectáculo. Tal vez Xavi pueda revertir el desánimo, por lo menos en el Barça. El jueves en Estambul sabremos si estamos más cerca o más lejos de ello. Xavi estaba tan generoso que hasta le dejó 15 minutos a Riqui Puig, que no juega nunca porque no se toma en serio el fútbol, y no entrena en condiciones, pero ayer culminó otra buena asistencia de Dembélé para chutar con el interior, e ir a buscar el rechace del portero Herrera, regatear al defensa, y conseguir el cuarto de la noche. Buen gol. Algo por fin bueno de Riqui. Es noticia.
Victoria clara, clamorosa incomparecencia del contrario.
La suerte de la noche se decantó en el minuto 12 cuando Ferran transformó un penalti claro, aunque protestado, de Nacho Vidal. Yo no puedo entender cómo los jugadores profesionales se ponen a protestar jugadas, y además tan obvias, sabiendo que existe el VAR. La cartulina amarilla que vio Vidal, perfectamente ajustada a derecho, fue innecesaria y su club tendría que sancionarle por poco serio, por exponerse a perjudicar a su equipo de un modo tan poco sólido y absurdo. Estos niños tantas veces arrogantes, ignorantes y maleducados tendrían que entender que el mucho dinero que les pagan les exige algo más que ponerse a gritarle al árbitro como un macarra.
Ferran en el 20 marcó el segundo, aprovechando para variar una gran asistencia de Dembélé. Buena noche del delantero, que quería corregir su alarmante tendencia previa a fallar lo más elemental. En 25 minutos el Barça estaba en el 80% de posesión y en el 26 ya ganaba por 3 a 0, gol de Aubameyang, tras otro buen centro de Dembélé. El potencial del equipo estaba prodigiosamente desplegado, es cierto. Pero también que Osasuna se deshizo como mantequilla, sin ninguna resistencia, sin ningún prestigio; y que al Barça de las últimas temporadas, que solía arrastrarse en la Champions, hasta que le echaron, le conocimos noches de desquite como la de ayer, victorias tan aplastantes como estériles para calmar la impotencia tras sus grandes varapalos europeos. Bien ayer pero veremos que pasa el jueves en tierra infiel.
Disfrutaba el público en el Camp Nou, un público un poco naíf, que celebraba en demasía un espectáculo que sin duda era entretenido, pero también algo provinciano, de Globetrotters abusando del contrario, que son actores contratados para ser humillados. Osasuna más bien parecía mi hija, que se había acostado a las 20:30 porque al día siguiente tenía que madrugar para ir a la escuela. Muy buena primera parte azulgrana, no me malinterpreten ni crean que no quiero reconocer los méritos. Pero de ahí a decir que era la prueba de que el equipo estaba definitivamente en otra senda hay un trecho que yo no me sentiría cómodo recorriendo.
Dembélé volvió del descanso como si le hubieran pinchado algo: todo potencia, driblings de primera calidad técnica, aunque poca pausa en los remates. Aubameyang tuvo el cuarto pero se le fue por poco. El Barça continuó con su maquinaria imparable, y Osasuna no era capaz de oponer ninguna resistencia consistente. Si el resultado no era mucho más abultado era más por los errores de los delanteros locales que por el acierto defensivo de un contrincante -al que sólo en un esfuerzo imaginativo, y caritativo, se le podía conceder este adjetivo- que dormía y soñaba que el partido ya había terminado.
Tan claro lo tenía Xavi que dio entrada a esta pésima noticia para el fútbol que se oculta bajo el nombre de Clément Lenglet. Sustituyó a Piqué. Poco más de 54.000 personas en el Camp Nou, pésima entrada. Esto con Pep o con Cruyff no pasaba. Pero en los últimos años, el Barça, Barcelona y Cataluña, por diferentes motivos pero bajo el mismo signo, han decidido autodestruirse de un modo tan cruel y absoluto que la gente ha acabado aborreciendo el deprimente espectáculo. Tal vez Xavi pueda revertir el desánimo, por lo menos en el Barça. El jueves en Estambul sabremos si estamos más cerca o más lejos de ello. Xavi estaba tan generoso que hasta le dejó 15 minutos a Riqui Puig, que no juega nunca porque no se toma en serio el fútbol, y no entrena en condiciones, pero ayer culminó otra buena asistencia de Dembélé para chutar con el interior, e ir a buscar el rechace del portero Herrera, regatear al defensa, y conseguir el cuarto de la noche. Buen gol. Algo por fin bueno de Riqui. Es noticia.
Victoria clara, clamorosa incomparecencia del contrario.

