Bordalás se sale con la suya
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Último campeón en una final con público, la conquistada en 2019 frente al Barcelona, el Valencia dio anoche un alegrón a una hinchada que en los últimos tiempos ha estado más acostumbrada a los enfrentamientos con el propietario del club que a las celebraciones. En un partido intenso, bravo y tan emocionante como se esperaba, muy al estilo de Bordalás, su equipo superó el escollo del Athletic y el próximo 23 de abril, en La Cartuja de Sevilla, volverá a pelear por un nuevo título ante vencedor del Betis-Rayo de hoy.
Marcelino es un técnico al que la Copa del Rey parece irle como anillo al dedo, aunque no consigue consumar el matrimonio como rojiblanco. El técnico asturiano sí fue decisivo en 2019 para que el Valencia acabara dedicando el título a su afición, un éxito que no le sirvió para evitar el despido apenas iniciada la siguiente temporada.Fin a una aventura para dar paso a una nueva en San Mamés, donde ha seguido cultivando el coqueteo con la competición. No pudo rematar la de 2020 en el duelo decisivo contra la Real Sociedad (jugado con un año de retraso por el coronavirus), en 2021 condujo a los bilbaínos hasta la final (perdida ante el Barcelona) y en esta edición ha repetido un ilusionante viaje que terminó ayer porque el tren bilbaíno descarriló en la semifinal ante su anterior club. Le paró Bordalás, que le ganó la partida con sus mismas armas. El preparador valencianista acabó celebrando su primera clasificación para una final.
Bordalás, el gran especialista en explotar el otro fútbol, impone a los suyos un estilo tan exigente e intenso como Marcelino, dos entrenadores que en la previa mantuvieron un intercambio dialéctico que elevó el mercurio de la semifinal, la única ronda de la Copa que se juega a doble partido. Las interrupciones y alguna que otra acción innecesaria, como una de Guedes sobre Yury, acompañaron el inicio de un choque que nació con novedad de última hora porque Lekue tuvo que ocupar el lateral derecho visitante ante la indisposición de De Marcos. Cambio de planes que también le tocó afrontar a Bordalás a la media de hora. Las ganas de jugar le pasaron factura a Gayà, que saltó renqueante, y su entrenador se vio obligado a dar paso a Lato.
Suprimido el valor doble de los goles en campo contrario, el empate de la ida evitó que Valencia y Athletic tuvieran que salir en tromba aunque ambos parecieron tener prisa por marcar. Bryan Gil, siempre dinámico, y Vesga amenazaron en las áreas en los dos primeros minutos de un encuentro en el que la defensa local dio muestras de nerviosismo. No tardó en asentarse aunque la velocidad de Iñaki Williams puso el corazón en un puño a la afición de Mestalla en el primer acto, pero no fue la noche del delantero. Mamardashvili, impecable, le frenó en un mano a mano previo al golazo de Guedes que adelantó al Valencia antes del descanso. Un fallo que marcó el rumbo de la eliminatoria. Instantes después, el misil del portugués desde la frontal resultó tan invisible como imparable para Agirrezabala, que evitó males mayores en la prolongación en un disparo de Soler.
Los cambios de Marcelino reactivaron al Athletic, que enseñó las garras tras el paso por la caseta aunque sin llegar a arañar porque el Valencia supo defenderse con orden, un equipo solidario al estilo de Bordalás. Marcelino, que terminó quedándose a las puertas de su tercera final con los bilbaínos, no encontró la fórmula para abrir el muro protegido por un Mamardashvili seguro en una noche que tuvo una agónica prolongación de siete minutos. Resistió el Valencia y acabó celebrando la clasificación en el gran día de Bordalás.
Marcelino es un técnico al que la Copa del Rey parece irle como anillo al dedo, aunque no consigue consumar el matrimonio como rojiblanco. El técnico asturiano sí fue decisivo en 2019 para que el Valencia acabara dedicando el título a su afición, un éxito que no le sirvió para evitar el despido apenas iniciada la siguiente temporada.Fin a una aventura para dar paso a una nueva en San Mamés, donde ha seguido cultivando el coqueteo con la competición. No pudo rematar la de 2020 en el duelo decisivo contra la Real Sociedad (jugado con un año de retraso por el coronavirus), en 2021 condujo a los bilbaínos hasta la final (perdida ante el Barcelona) y en esta edición ha repetido un ilusionante viaje que terminó ayer porque el tren bilbaíno descarriló en la semifinal ante su anterior club. Le paró Bordalás, que le ganó la partida con sus mismas armas. El preparador valencianista acabó celebrando su primera clasificación para una final.
Bordalás, el gran especialista en explotar el otro fútbol, impone a los suyos un estilo tan exigente e intenso como Marcelino, dos entrenadores que en la previa mantuvieron un intercambio dialéctico que elevó el mercurio de la semifinal, la única ronda de la Copa que se juega a doble partido. Las interrupciones y alguna que otra acción innecesaria, como una de Guedes sobre Yury, acompañaron el inicio de un choque que nació con novedad de última hora porque Lekue tuvo que ocupar el lateral derecho visitante ante la indisposición de De Marcos. Cambio de planes que también le tocó afrontar a Bordalás a la media de hora. Las ganas de jugar le pasaron factura a Gayà, que saltó renqueante, y su entrenador se vio obligado a dar paso a Lato.
Suprimido el valor doble de los goles en campo contrario, el empate de la ida evitó que Valencia y Athletic tuvieran que salir en tromba aunque ambos parecieron tener prisa por marcar. Bryan Gil, siempre dinámico, y Vesga amenazaron en las áreas en los dos primeros minutos de un encuentro en el que la defensa local dio muestras de nerviosismo. No tardó en asentarse aunque la velocidad de Iñaki Williams puso el corazón en un puño a la afición de Mestalla en el primer acto, pero no fue la noche del delantero. Mamardashvili, impecable, le frenó en un mano a mano previo al golazo de Guedes que adelantó al Valencia antes del descanso. Un fallo que marcó el rumbo de la eliminatoria. Instantes después, el misil del portugués desde la frontal resultó tan invisible como imparable para Agirrezabala, que evitó males mayores en la prolongación en un disparo de Soler.
Los cambios de Marcelino reactivaron al Athletic, que enseñó las garras tras el paso por la caseta aunque sin llegar a arañar porque el Valencia supo defenderse con orden, un equipo solidario al estilo de Bordalás. Marcelino, que terminó quedándose a las puertas de su tercera final con los bilbaínos, no encontró la fórmula para abrir el muro protegido por un Mamardashvili seguro en una noche que tuvo una agónica prolongación de siete minutos. Resistió el Valencia y acabó celebrando la clasificación en el gran día de Bordalás.

