El Atlético no aprende la lección
0
16
El Atlético sigue sin aprender las lecciones que la Liga le va poniendo en su camino, derrotado de nuevo en los minutos finales en una acción a balón parado, nada que no se haya visto antes. Suma tres derrotas consecutivas en el torneo doméstico (Mallorca, Real Madrid y Sevilla) y languidece antes de acabar el año, obligado Simeone a hacer un acto de contrición para salir adelante en esta temporada tan atípica, en la que el sueño de revalidar la Liga parece ya una utopía. El Sevilla, en cambio, se llena de optimismo en esa persecución del líder, convertido ahora casi en el único opositor.
El equipo colchonero se presentó en Nervión con la defensa mermada y sin Griezmann, una ausencia especialmente dolorosa por la jerarquía que ya estaba empezando a adquirir el francés en esta segunda etapa como rojiblanco. Lo de la defensa, en fin, empieza a ser un problema recurrente. Sin Giménez ni Savic disponibles se echó mano de nuevo de Kondogbia para consolidar una parcela que hace tiempo dejó de ser admirada y para la que se buscan a marchas forzadas nuevos reclutas en el mercado invernal. A cambio, sí estaban en el once Koke y Oblak, protagonistas involuntarios de una polémica extraña durante la semana en el que se intentó mezclar sus procesos febriles con el brote de coronavirus del máximo rival.
Apoyado en la inmejorable atmósfera que rodea a los grandes duelos del Pizjuán el partido se inició a buen ritmo, aunque con muchas imprecisiones. Ninguno de los dos equipos llegaba en un momento espléndido y todos sus miedos se vieron reflejados en el césped. No rebosan confianza, precisamente, ni están para demasiadas alegrías, pese a que en principio han de ser los únicos que puedan discutir esta Liga al Madrid, si es que eso aún es posible. El primero en fallar fue Koundé, que regaló un balón a Correa en el centro del campo que a punto estuvo de convertirse en uno de los tantos de la temporada. E inmediatamente después lo hizo Koke, que se confió y dio la distancia suficiente a Rakitic para que el croata descuajaringara el partido a las primeras de cambio. Un disparo seco, potentísimo, a la escuadra de Oblak resultó un golpe directo al mentón del Atlético cuando los protagonistas aún estaban desentumeciendo las piernas.
El tanto confirmaba una máxima que no ha fallado ni una sola vez este curso, en el que el Atlético ha sido incapaz de mantener su portería a cero fuera de casa ni una sola vez. También reactivaba la costumbre de los rojiblancos de verse por detrás en el marcador y tener que remontar. A la fuerza, hasta se están haciendo expertos en ello. Lo fio el Atlético a la conducción de Lemar y al corazón de Correa, los dos que mejor entendieron todo lo que se jugaba su equipo, pero los rojiblancos eran una nulidad en ataque. Luis Suárez volvía a tener uno de esos días en los que apenas se le ve deambular por el terreno de juego y ni siquiera es capaz de enganchar un remate. Así, la brújula de Lemar perdía su norte cuando empezaba a merodear por el área de Bono, bien cubierto por la defensa, esta sí, más sólida de todo el campeonato.
Por las bravas
Solo el balón parado volvió a meter a los de Simeone en el partido, en un saque de esquina rematado a bocajarro por Felipe tras ganarle la espalda a su marcador. Debía ser así, por las bravas. Después, Nervión demostró que hasta los superatletas tienen sus momentos de crisis. Marcos Llorente, que volvía al centro del campo tras varias semanas como lateral, pagó los excesos de la temporada y se echó al suelo, incapaz de que sus piernas continuarán el ritmo de sus pulmones. Antes, el Sevilla también había perdido a Montiel por el mismo motivo.
El empate volvió a convertir el partido en un toma y daca plagado de imprecisiones, con mucho contacto, esfuerzo físico en cantidades industriales y muy poca creatividad, especialmente en los ataques. Pocos argumentos para dos candidatos al título. Simeone lo intentó mitigar con la entrada de Joao Félix y Cunha a la vuelta de los vestuarios, aunque la incidencia en el juego fue mínima. Tampoco se quedó quieto Lopetegui, al que su apuesta por el joven Iván Romero en la punta de ataque le salió regular.
Contra todo pronóstico el Atlético se apoderó de la pelota en ese segundo acto y llevó el partido a su terreno, aunque no se ganó en brillantez. Según se acercaba el final creció el pánico a perder, aumentaron los fallos y el partido avanzó a trompicones. El empate empezó a ser visto como un mal menor y ambos sujetaron su ambición, pero el balón parado volvió a ser una condena para el Atlético. Ocampos aprovechó un rechazo al larguero en otro saque de esquina y mandó el balón a la red. La suerte del Sevilla no la tuvo Joao Félix, que estrelló un balón contra el travesaño en la última acción dedel partido.
El equipo colchonero se presentó en Nervión con la defensa mermada y sin Griezmann, una ausencia especialmente dolorosa por la jerarquía que ya estaba empezando a adquirir el francés en esta segunda etapa como rojiblanco. Lo de la defensa, en fin, empieza a ser un problema recurrente. Sin Giménez ni Savic disponibles se echó mano de nuevo de Kondogbia para consolidar una parcela que hace tiempo dejó de ser admirada y para la que se buscan a marchas forzadas nuevos reclutas en el mercado invernal. A cambio, sí estaban en el once Koke y Oblak, protagonistas involuntarios de una polémica extraña durante la semana en el que se intentó mezclar sus procesos febriles con el brote de coronavirus del máximo rival.
Apoyado en la inmejorable atmósfera que rodea a los grandes duelos del Pizjuán el partido se inició a buen ritmo, aunque con muchas imprecisiones. Ninguno de los dos equipos llegaba en un momento espléndido y todos sus miedos se vieron reflejados en el césped. No rebosan confianza, precisamente, ni están para demasiadas alegrías, pese a que en principio han de ser los únicos que puedan discutir esta Liga al Madrid, si es que eso aún es posible. El primero en fallar fue Koundé, que regaló un balón a Correa en el centro del campo que a punto estuvo de convertirse en uno de los tantos de la temporada. E inmediatamente después lo hizo Koke, que se confió y dio la distancia suficiente a Rakitic para que el croata descuajaringara el partido a las primeras de cambio. Un disparo seco, potentísimo, a la escuadra de Oblak resultó un golpe directo al mentón del Atlético cuando los protagonistas aún estaban desentumeciendo las piernas.
El tanto confirmaba una máxima que no ha fallado ni una sola vez este curso, en el que el Atlético ha sido incapaz de mantener su portería a cero fuera de casa ni una sola vez. También reactivaba la costumbre de los rojiblancos de verse por detrás en el marcador y tener que remontar. A la fuerza, hasta se están haciendo expertos en ello. Lo fio el Atlético a la conducción de Lemar y al corazón de Correa, los dos que mejor entendieron todo lo que se jugaba su equipo, pero los rojiblancos eran una nulidad en ataque. Luis Suárez volvía a tener uno de esos días en los que apenas se le ve deambular por el terreno de juego y ni siquiera es capaz de enganchar un remate. Así, la brújula de Lemar perdía su norte cuando empezaba a merodear por el área de Bono, bien cubierto por la defensa, esta sí, más sólida de todo el campeonato.
Por las bravas
Solo el balón parado volvió a meter a los de Simeone en el partido, en un saque de esquina rematado a bocajarro por Felipe tras ganarle la espalda a su marcador. Debía ser así, por las bravas. Después, Nervión demostró que hasta los superatletas tienen sus momentos de crisis. Marcos Llorente, que volvía al centro del campo tras varias semanas como lateral, pagó los excesos de la temporada y se echó al suelo, incapaz de que sus piernas continuarán el ritmo de sus pulmones. Antes, el Sevilla también había perdido a Montiel por el mismo motivo.
El empate volvió a convertir el partido en un toma y daca plagado de imprecisiones, con mucho contacto, esfuerzo físico en cantidades industriales y muy poca creatividad, especialmente en los ataques. Pocos argumentos para dos candidatos al título. Simeone lo intentó mitigar con la entrada de Joao Félix y Cunha a la vuelta de los vestuarios, aunque la incidencia en el juego fue mínima. Tampoco se quedó quieto Lopetegui, al que su apuesta por el joven Iván Romero en la punta de ataque le salió regular.
Contra todo pronóstico el Atlético se apoderó de la pelota en ese segundo acto y llevó el partido a su terreno, aunque no se ganó en brillantez. Según se acercaba el final creció el pánico a perder, aumentaron los fallos y el partido avanzó a trompicones. El empate empezó a ser visto como un mal menor y ambos sujetaron su ambición, pero el balón parado volvió a ser una condena para el Atlético. Ocampos aprovechó un rechazo al larguero en otro saque de esquina y mandó el balón a la red. La suerte del Sevilla no la tuvo Joao Félix, que estrelló un balón contra el travesaño en la última acción dedel partido.

