El Atlético deja escapar dos goles y la victoria en la prolongación
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La famosa fortaleza defensiva del Atlético de Simeone, su marca genuina, no es más que un recuerdo nostálgico. Lo que antes era una roca ahora se derrite ante la mínima adversidad. Así se le escapó a los rojiblancos el partido de Mestalla, un duelo que tenían completamente encarrilado y que en otra época le habría servido para aumentar su épica de resistencia. Hugo Duro, con un doblete en el tiempo de prolongación, enjugó los dos goles de ventaja de los colchoneros y salvó un empate que el Valencia no había merecido en noventa minutos.
Antes de eso, el Atlético había sido netamente superior, desequilibrando el partido gracias a la picardía de Luis Suárez y la determinación de Griezmann. Pero ya ni eso es suficiente porque el Atlético es débil atrás. Trece goles suma en contra este curso, cuando el año pasado, a estas alturas, apenas había encajado tres. El dato es revelador y dramático.
Venían dispuestos los rojiblancos a expiar sus pecados europeos y a cerrar heridas. Así, se adhirió a la versión que goleó al Betis, con Savic y Griezmann volviendo al once tras perderse por sanción la pesadilla de Anfield, y se sintió dominador en un campo históricamente difícil. Enfrente había un Valencia con Guedes como única referencia ofensiva, un buen indicador de sus intenciones.
El equipo de Bordalás salió decidido a entregar el balón y el protagonismo a su rival, que recibió ambos con gusto. Con Koke y De Paul en el centro, el Atlético se siente lo bastante seguro como para situar hasta cinco jugadores por delante de sus dos centrocampistas. Pocas veces se ha visto al Atlético con tanto dominio en terreno ajeno.
La tarde ya empezaba torcida para los colchoneros. Un choque con Helder Costa hizo caer a Trippier en mala postura y el inglés abandonó el terreno de juego con el hombro lastimado. Vrsaljko, su sustituto, cumplió pese a la inactividad, gol incluido. El croata y Carrasco brindaron una labor esencial, pues por sus botas circulaba todo el juego de los colchoneros. Se trataba de evitar por todos los medios la zona central, poblada por numerosas piernas valencianistas.
El Atlético apenas tenía problemas para acercarse al área, pero una vez allí se le fundían los plomos. Se echaba en falta más participación de los tres atacantes rojiblancos. Dos disparos lejanos, uno de Correa y otro de Carrasco resultaban un pobre bagaje a tanto dominio transcurrida la primera media hora del encuentro. No había noticias de Griezmann. Tampoco de Luis Suárez, al que se le veía poco lúcido y demasiado alejado del área.
Cambio de guión
Ocurre que el uruguayo necesita muy poco para hacerse protagonista, y esta vez le bastó un ligero despiste de Diakhaby y una pizca de genialidad propia para abrir el marcador. Fue al recibir un pase de Correa junto a la media luna. Con un toque sutil con la derecha se acomodó la pelota y descolocó a su defensor. Luego cruzó con la izquierda para superar a Cillesen. No hubo paso atrás del Atlético esta vez, espoleado por la incapacidad del Valencia de contrarrestar el tanto visitante. Solo un disparo lejano de Guedes consiguió alterar la tranquilidad de Oblak.
El regreso de los vestuarios cambió por completo el guión del partido. Solo los cinco primeros minutos resultaron más intensos que toda la primera mitad. Griezmann cabeceó alto un buen centro de Correa antes de que Suárez metiera el miedo en el cuerpo a los suyos, retorcido de dolor sobre el césped de Mestalla mientras se quejaba amargamente de un pisotón en la pierna. Fue justo antes del empate ché, donde un disparo de Guedes acabó en la portería tras una carambola en la que el balón pasó por la manopla de Oblak y el costado de Savic antes de acabar en la portería. Un episodio de mala suerte que desestabilizó al Atlético hasta la soberbia aparición de Griezmann. Su tanto fue un ejercicio de fe inquebrantable. Primero, robando la pelota a Guillamón, después recorriendo cincuenta metros con la pelota cosida al pie para acabar con un zurdazo impecable que se coló por la escuadra. El tanto devolvía el equilibrio natural al partido, ampliado después por el embarullado gol de Vrsaljko, validado después de pasar por el VAR.
La salida al campo de Yunus Musah dio un nuevo aire al Valencia y la energía suficiente para intentar la remontada. Wass la tuvo con un chutazo al larguero, pero el Valencia no terminaba de asustar. Por juego no le daba al equipo ché, pero aún quedaba hueco para la épica. Hugo Duro, que entró al campo en el minuto 85, se llevó la gloria con esos dos tantos postreros que derrumbaron al Atlético y pusieron en evidencia a una defensa que no hace tanto era la envidia del mundo entero. Quién le ha visto y quién le ve.
Antes de eso, el Atlético había sido netamente superior, desequilibrando el partido gracias a la picardía de Luis Suárez y la determinación de Griezmann. Pero ya ni eso es suficiente porque el Atlético es débil atrás. Trece goles suma en contra este curso, cuando el año pasado, a estas alturas, apenas había encajado tres. El dato es revelador y dramático.
Venían dispuestos los rojiblancos a expiar sus pecados europeos y a cerrar heridas. Así, se adhirió a la versión que goleó al Betis, con Savic y Griezmann volviendo al once tras perderse por sanción la pesadilla de Anfield, y se sintió dominador en un campo históricamente difícil. Enfrente había un Valencia con Guedes como única referencia ofensiva, un buen indicador de sus intenciones.
El equipo de Bordalás salió decidido a entregar el balón y el protagonismo a su rival, que recibió ambos con gusto. Con Koke y De Paul en el centro, el Atlético se siente lo bastante seguro como para situar hasta cinco jugadores por delante de sus dos centrocampistas. Pocas veces se ha visto al Atlético con tanto dominio en terreno ajeno.
La tarde ya empezaba torcida para los colchoneros. Un choque con Helder Costa hizo caer a Trippier en mala postura y el inglés abandonó el terreno de juego con el hombro lastimado. Vrsaljko, su sustituto, cumplió pese a la inactividad, gol incluido. El croata y Carrasco brindaron una labor esencial, pues por sus botas circulaba todo el juego de los colchoneros. Se trataba de evitar por todos los medios la zona central, poblada por numerosas piernas valencianistas.
El Atlético apenas tenía problemas para acercarse al área, pero una vez allí se le fundían los plomos. Se echaba en falta más participación de los tres atacantes rojiblancos. Dos disparos lejanos, uno de Correa y otro de Carrasco resultaban un pobre bagaje a tanto dominio transcurrida la primera media hora del encuentro. No había noticias de Griezmann. Tampoco de Luis Suárez, al que se le veía poco lúcido y demasiado alejado del área.
Cambio de guión
Ocurre que el uruguayo necesita muy poco para hacerse protagonista, y esta vez le bastó un ligero despiste de Diakhaby y una pizca de genialidad propia para abrir el marcador. Fue al recibir un pase de Correa junto a la media luna. Con un toque sutil con la derecha se acomodó la pelota y descolocó a su defensor. Luego cruzó con la izquierda para superar a Cillesen. No hubo paso atrás del Atlético esta vez, espoleado por la incapacidad del Valencia de contrarrestar el tanto visitante. Solo un disparo lejano de Guedes consiguió alterar la tranquilidad de Oblak.
El regreso de los vestuarios cambió por completo el guión del partido. Solo los cinco primeros minutos resultaron más intensos que toda la primera mitad. Griezmann cabeceó alto un buen centro de Correa antes de que Suárez metiera el miedo en el cuerpo a los suyos, retorcido de dolor sobre el césped de Mestalla mientras se quejaba amargamente de un pisotón en la pierna. Fue justo antes del empate ché, donde un disparo de Guedes acabó en la portería tras una carambola en la que el balón pasó por la manopla de Oblak y el costado de Savic antes de acabar en la portería. Un episodio de mala suerte que desestabilizó al Atlético hasta la soberbia aparición de Griezmann. Su tanto fue un ejercicio de fe inquebrantable. Primero, robando la pelota a Guillamón, después recorriendo cincuenta metros con la pelota cosida al pie para acabar con un zurdazo impecable que se coló por la escuadra. El tanto devolvía el equilibrio natural al partido, ampliado después por el embarullado gol de Vrsaljko, validado después de pasar por el VAR.
La salida al campo de Yunus Musah dio un nuevo aire al Valencia y la energía suficiente para intentar la remontada. Wass la tuvo con un chutazo al larguero, pero el Valencia no terminaba de asustar. Por juego no le daba al equipo ché, pero aún quedaba hueco para la épica. Hugo Duro, que entró al campo en el minuto 85, se llevó la gloria con esos dos tantos postreros que derrumbaron al Atlético y pusieron en evidencia a una defensa que no hace tanto era la envidia del mundo entero. Quién le ha visto y quién le ve.

