Chimy Ávila, del calvario al gol
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Jagoba Arrasate casi le estrangula en un abrazo eterno. Luis Ezequiel ‘Chimy’ Ávila se quedaba en los brazos de su entrenador y compartía confidencias tras dos años de sufrimientos. El argentino del Osasuna decidió el partido en los últimos minutos al aprovechar un error de Mandi, que ya falló en el Wanda ante el Atlético, y anotar el 1-2 cuando el Villarreal atacaba con frenesí en busca de la victoria.
El gol de este futbolista de estirpe, canchero, nacido en Rosario, paisano de Messi, no era un mero tanto, era mucho más. Era el regreso al fútbol de un delantero que ha vivido dos años de horror hasta constatar que podía volver a jugar.
El Chimy se rompió el ligamento cruzado anterior de la pierna izquierda en enero de 2020. Nueve meses después, cuando intentaba volver a ser un goleador, a la espera de reaparecer con Osasuna en cuestión de tres días, un choque con Aridane en un entrenamiento provocó que se rompiera el ligamento cruzado anterior de la otra rodilla, la derecha. Trece meses después de esas dos graves dolencias, en medio de una pandemia atroz, ayer marcó un gol determinante en La Cerámica.
El ariete firmó una diana que para él fue de oro, un año y nueve meses después de su primera lesión grave. Y confirmó que este Osasuna es el mejor equipo visitante de la Liga. Los rojillos han vencido en sus cuatro salidas en este campeonato y ayer acabaron con la trayectoria del único conjunto invicto en la competición, el Villarreal, que ya está entre los normales.
El que no es normal es el Osasuna, gallito a domicilio. Quien tampoco es normal es el Chimy, un ejemplo de superación que dejaba patente en cada lesión, en cada vía crucis de entrenamientos en solitario, apoyado por sus compañeros y por Arrasate.
Lucas Torró adelantó al Osasuna cuando los amarillos dominaban y tenían el balón, como es norma. Gerard Moreno, tras el descanso, igualó la contienda en un bonito disparo a la media vuelta, dentro del área, clásico de un nueve puro. El empate intensificó el mando territorial de los hombres de Unai Emery. Pero los visitantes se defendieron muy bien. Los locales arriesgaron en los estertores del encuentro en busca de la victoria, jaleados por un técnico, Emery, que vive cada jugada y pide hacer las cosas como él quiere en cada acción, meticuloso.
En esa tesitura llegó el error de Mandi al ceder el balón hacia su guardameta y la picardía de Ávila para cazar la pelota y conseguir un gol que supuso tres puntos, una victoria, una alegría desbordante y una felicidad de Arrasate y de sus compañeros por vivir la recuperación de un sufridor.
El gol de este futbolista de estirpe, canchero, nacido en Rosario, paisano de Messi, no era un mero tanto, era mucho más. Era el regreso al fútbol de un delantero que ha vivido dos años de horror hasta constatar que podía volver a jugar.
El Chimy se rompió el ligamento cruzado anterior de la pierna izquierda en enero de 2020. Nueve meses después, cuando intentaba volver a ser un goleador, a la espera de reaparecer con Osasuna en cuestión de tres días, un choque con Aridane en un entrenamiento provocó que se rompiera el ligamento cruzado anterior de la otra rodilla, la derecha. Trece meses después de esas dos graves dolencias, en medio de una pandemia atroz, ayer marcó un gol determinante en La Cerámica.
El ariete firmó una diana que para él fue de oro, un año y nueve meses después de su primera lesión grave. Y confirmó que este Osasuna es el mejor equipo visitante de la Liga. Los rojillos han vencido en sus cuatro salidas en este campeonato y ayer acabaron con la trayectoria del único conjunto invicto en la competición, el Villarreal, que ya está entre los normales.
El que no es normal es el Osasuna, gallito a domicilio. Quien tampoco es normal es el Chimy, un ejemplo de superación que dejaba patente en cada lesión, en cada vía crucis de entrenamientos en solitario, apoyado por sus compañeros y por Arrasate.
Lucas Torró adelantó al Osasuna cuando los amarillos dominaban y tenían el balón, como es norma. Gerard Moreno, tras el descanso, igualó la contienda en un bonito disparo a la media vuelta, dentro del área, clásico de un nueve puro. El empate intensificó el mando territorial de los hombres de Unai Emery. Pero los visitantes se defendieron muy bien. Los locales arriesgaron en los estertores del encuentro en busca de la victoria, jaleados por un técnico, Emery, que vive cada jugada y pide hacer las cosas como él quiere en cada acción, meticuloso.
En esa tesitura llegó el error de Mandi al ceder el balón hacia su guardameta y la picardía de Ávila para cazar la pelota y conseguir un gol que supuso tres puntos, una victoria, una alegría desbordante y una felicidad de Arrasate y de sus compañeros por vivir la recuperación de un sufridor.

