Un Atlético con oxígeno y fe
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El Atlético exhibe oxígeno y fe en la victoria ante la Real Sociedad, dos jornadas para el final, la vida por un título. Una magnífica primera parte y un reguero de fallos de Luis Suárez que pudieron ahorrar sufrimiento.
Adherido a los watios y a una potencia que no se sabe de dónde proviene, el Atlético se reencuentra con su genética. Se emplea con el modo y la forma característica de actuar y ser. Tiene trazas genuinas. Es un producto puro, sin mezclas. Tan legítimo para sus aficionados que esta vez sí se echa en falta una parroquia jaleando la atmósfera. «Jamás, jamás, te dejará esta hinchada...», atrona el enlatado a unos decibelios que ni AC/DC.
En la suave línea del precipicio o la gloria, el Atlético vuelve al origen. Se comporta como garante de las esencias del cholismo y despliega veinte minutos magníficos. De alguna manera recuerda al mejor Liverpool campeón europeo y el Gegenpressing, la contrapresión de Jurgen Klopp que se resume en pocas palabras: si la pierdes, la recuperas de inmediato. Teoría según la cual el mejor momento para recaudar la pelota es inmediatamente después de haberla cedido, cuando el oponente estará buscando la mejor orientación para pasarla.
La Real Sociedad, un grupo que con Imanol ha jugado un fútbol primoroso durante muchas tardes, no sabe cómo enfrentar a ese torbellino que se despliega desde tantos ángulos. Llorente es la hiperacción, el centrocampista más influyente de la Liga. Su actividad para generar juego, penetrar por la banda siempre en el momento justo, y servir el balón en óptimas condiciones, hacen daño a la Real. Carrasco se hincha por la izquierda, rotundo en su confianza, driblador, velocísimo, enérgico. Correa defiende y ataca con propiedad. El equipo se posiciona a partir de Koke y Saúl, y todo fluye como por arte de magia. Marca Carrasco, un punterazo de alivio después de que la hayan tenido Suárez dos veces y Llorente. Antes del minuto 30, el Atlético se pone con dos goles mirando al título: Correa finaliza con precisión artesana una estupenda jugada de Suárez haciendo valer su volumen corporal.
La Real se vuelve afectadiza. Acusa el recibo de un grupo que desprende brío y fútbol a partes iguales. La elegancia del juego donostiarra es, aun así, sobresaliente e Isak prueba dos veces a Oblak. El portero replica con dos estiradas soberbias que evitan el gol de la duda rojiblanca. El Atlético reduce varios puntos su vértigo, pero la inercia de un inicio espectacular todavía produce dividendos. Correa, inevitable el gazapo, la pasa fatal cuando iba solo en carrera Carrasco.
El partido avanza plácido para el líder porque la Real Sociedad no añade una marcha más a su gestión del balón en la segunda mitad. Propietario de la pelota, pero no del encuentro. El Atlético espera y muerde en cada duelo, a la antigua, con el espíritu de Gabi o Godín. No ceja un minuto en el empeño. No especula con el resultado. Koke, Saúl y Llorente roban tantas veces que la Real se descontrola por completa porque cada hurto es un fogonazo de Llorente, incontenible su velocidad.
Sucede que el partido se obstruye en el 2-0 porque Luis Suárez falla todo. Más que nunca, el uruguayo tiene motivos para lamentarse. Dos ocasiones clarísimas en la segunda mitad, más otra en la primera, ofuscan al temible delantero. Su mente sigue nítida, pero su cuerpo ya no responde a la misma velocidad. Las oportunidades que tira por la borda son el salvoconducto que necesitaba su equipo para vivir una noche sin sobresaltos. La Real insiste y en un córner de relax, hace el primer gol (Zubeldia) en un fallo multiorgánico de la defensa colchonera.
El tramo final es de agobio y desazón para los miles de atléticos por el mundo que acaba con bien. El marcador no se mueve
y la opción del Atlético para ganar la Liga tampoco.
Adherido a los watios y a una potencia que no se sabe de dónde proviene, el Atlético se reencuentra con su genética. Se emplea con el modo y la forma característica de actuar y ser. Tiene trazas genuinas. Es un producto puro, sin mezclas. Tan legítimo para sus aficionados que esta vez sí se echa en falta una parroquia jaleando la atmósfera. «Jamás, jamás, te dejará esta hinchada...», atrona el enlatado a unos decibelios que ni AC/DC.
En la suave línea del precipicio o la gloria, el Atlético vuelve al origen. Se comporta como garante de las esencias del cholismo y despliega veinte minutos magníficos. De alguna manera recuerda al mejor Liverpool campeón europeo y el Gegenpressing, la contrapresión de Jurgen Klopp que se resume en pocas palabras: si la pierdes, la recuperas de inmediato. Teoría según la cual el mejor momento para recaudar la pelota es inmediatamente después de haberla cedido, cuando el oponente estará buscando la mejor orientación para pasarla.
La Real Sociedad, un grupo que con Imanol ha jugado un fútbol primoroso durante muchas tardes, no sabe cómo enfrentar a ese torbellino que se despliega desde tantos ángulos. Llorente es la hiperacción, el centrocampista más influyente de la Liga. Su actividad para generar juego, penetrar por la banda siempre en el momento justo, y servir el balón en óptimas condiciones, hacen daño a la Real. Carrasco se hincha por la izquierda, rotundo en su confianza, driblador, velocísimo, enérgico. Correa defiende y ataca con propiedad. El equipo se posiciona a partir de Koke y Saúl, y todo fluye como por arte de magia. Marca Carrasco, un punterazo de alivio después de que la hayan tenido Suárez dos veces y Llorente. Antes del minuto 30, el Atlético se pone con dos goles mirando al título: Correa finaliza con precisión artesana una estupenda jugada de Suárez haciendo valer su volumen corporal.
La Real se vuelve afectadiza. Acusa el recibo de un grupo que desprende brío y fútbol a partes iguales. La elegancia del juego donostiarra es, aun así, sobresaliente e Isak prueba dos veces a Oblak. El portero replica con dos estiradas soberbias que evitan el gol de la duda rojiblanca. El Atlético reduce varios puntos su vértigo, pero la inercia de un inicio espectacular todavía produce dividendos. Correa, inevitable el gazapo, la pasa fatal cuando iba solo en carrera Carrasco.
El partido avanza plácido para el líder porque la Real Sociedad no añade una marcha más a su gestión del balón en la segunda mitad. Propietario de la pelota, pero no del encuentro. El Atlético espera y muerde en cada duelo, a la antigua, con el espíritu de Gabi o Godín. No ceja un minuto en el empeño. No especula con el resultado. Koke, Saúl y Llorente roban tantas veces que la Real se descontrola por completa porque cada hurto es un fogonazo de Llorente, incontenible su velocidad.
Sucede que el partido se obstruye en el 2-0 porque Luis Suárez falla todo. Más que nunca, el uruguayo tiene motivos para lamentarse. Dos ocasiones clarísimas en la segunda mitad, más otra en la primera, ofuscan al temible delantero. Su mente sigue nítida, pero su cuerpo ya no responde a la misma velocidad. Las oportunidades que tira por la borda son el salvoconducto que necesitaba su equipo para vivir una noche sin sobresaltos. La Real insiste y en un córner de relax, hace el primer gol (Zubeldia) en un fallo multiorgánico de la defensa colchonera.
El tramo final es de agobio y desazón para los miles de atléticos por el mundo que acaba con bien. El marcador no se mueve
y la opción del Atlético para ganar la Liga tampoco.

