El esfuerzo sin talento da para lo que da
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Koeman se está acostumbrando a dirigir los partidos en chándal y esto no es bueno. Por la estética, desde luego, pero sobre todo por esta comodidad que supone la ropa ancha. Se nos está poniendo fondón, y yo eso sé detectarlo por razones obvias, y si empieza a sentirse demasiado cómodo en el banquillo, demasiado confortable, este Barcelona incipiente y muy joven sólo conocerá el seguro destino del naufragio. Más tensión, Ronald. Zapato inglés de un número menos y que haga daño.
El Barça empezó como su técnico, en chándal, impreciso como a uno que le cuesta hacer la digestión en la sobremesa porque ha acabado él sólo con todos los macarrones de la abuela. También lo digo porque también sé de qué hablo. El Alavés, más asentado en el juego, con más ritmo, con más llegada, y Koeman sentado, casi reclinado en el banquillo, muy de campo y playa. Lucía además el espanto de unos calcetines blancos. Ayer era el cumpleaños de Ansu Fati, pero falló su primer remate. Por su alta eficacia, podríamos decir que hasta perdonó, con un disparo blandengue al no cerrársele la rosca. Es probablemente injusto insistir tanto un solo error, precisamente porque no suele equivocarse. Es mucho más difícil gestionar las expectativas cuando pones el listón tan alto. El Alavés iba teniendo sus oportunidades, pero Neto supo neutralizar el disparo de Méndez, mediocre como el de Ansu, aunque por lo menos fue entre los tres palos.
Messi no comparecía, Griezmann habría sido mejor que no hubiera comparecido, por lo poco y malo que hizo. En el 20 chutó tan mal que hasta me veo obligado a consignarlo en esta crónica. El francés aún no ha marcado esta temporada. Un gol en los últimos 19 partidos. Si dividiéramos lo que costó su fichaje –comisiones incluidas– y lo que cobra por los goles que ha marcado, sería mucho más barato comprarle al pajarero de Jordi Mestre el Nobu de Barcelona. Pero desde luego lo más sensacional de la noche lo puso Neto, que se hizo un lío con una cesión de Piqué, y Luis Rioja le robó el balón como en un patio de colegio y marcó el primer gol que el Alavés conseguía marcarle al Barça en 20 años en Mendizorroza. Iglesisas Villanueva, en el VAR, se comió un claro penalti de Ximo Navarro a De Jong. Que Hernández Hernández no lo viera es comprensible. Que no lo viera el VAR es que no tuvo ganas de verlo. Messi, en su impotencia, chutó un balón cuando no estaba en juego y vio la amarilla por ello. Si hubiera tocado al colegiado, y estuvo a milímetros de hacerlo, habría sido expulsado, y con causa.
Cambios al descanso
Koeman cambió en el descanso a Busquets, Lenglet y Dembélé para dar entrada a Pedri, Pjanic y Trincao. Ya sólo le faltaba cambiarse el chándal. El Barça necesitaba más ritmo y continuidad y empezó la segunda parte encontrándolos, aunque la luz continuaba apagada. Muy poca finura, tan escasa como lo que Alavés le duraba el balón. El mejor argumento del Barça –por no decir el único– era Ansu. Messi no se cansaba de estrellar faltas en la barrera, o de chutarlas fuera. Ha marcado sólo 1 de las 46 últimas que ha lanzado, otro símbolo de su impotencia. Antes de esta triste racha, había marcado 4 de 12. Muy impreciso Messi, desaprovechó una dulcísima asistencia de Pjanic.
Jota Peleteiro fue expulsado por una segunda amarilla temeraria, innecesaria, por juego peligroso con contacto a Piqué. Justo a continuación, nada menos que Griezmann empató con una bonita vaselina. Messi pudo adelantar a su equipo a la siguiente jugada, pero Pacheco puso una mano soberbia. Dest sustituyó a Jordi Alba y Braithwaite, incomprensiblemente, a Ansu. El Barça perdió la efervescencia del cara a cara de Ansu, y si Koeman impulsó a su equipo con los cambios del descanso, prescindiendo del joven delantero, volvió a frenarlo. El Barça lo intentó, pero sin alzar en ningún momento el vuelo, y más desde que fue sacrificado el único jugador con alas. Pacheco tuvo una noche estelar y lo paró todo. No se sabe lo que Koeman pretendió con el cambio de Ansu, pero sólo consiguió matarle a su equipo la poca luz que tenía. Parecía abatido el técnico en los instantes finales. Mucho sudor, poquísima finura. El esfuerzo sin talento da para lo que da.
El Barça empezó como su técnico, en chándal, impreciso como a uno que le cuesta hacer la digestión en la sobremesa porque ha acabado él sólo con todos los macarrones de la abuela. También lo digo porque también sé de qué hablo. El Alavés, más asentado en el juego, con más ritmo, con más llegada, y Koeman sentado, casi reclinado en el banquillo, muy de campo y playa. Lucía además el espanto de unos calcetines blancos. Ayer era el cumpleaños de Ansu Fati, pero falló su primer remate. Por su alta eficacia, podríamos decir que hasta perdonó, con un disparo blandengue al no cerrársele la rosca. Es probablemente injusto insistir tanto un solo error, precisamente porque no suele equivocarse. Es mucho más difícil gestionar las expectativas cuando pones el listón tan alto. El Alavés iba teniendo sus oportunidades, pero Neto supo neutralizar el disparo de Méndez, mediocre como el de Ansu, aunque por lo menos fue entre los tres palos.
Messi no comparecía, Griezmann habría sido mejor que no hubiera comparecido, por lo poco y malo que hizo. En el 20 chutó tan mal que hasta me veo obligado a consignarlo en esta crónica. El francés aún no ha marcado esta temporada. Un gol en los últimos 19 partidos. Si dividiéramos lo que costó su fichaje –comisiones incluidas– y lo que cobra por los goles que ha marcado, sería mucho más barato comprarle al pajarero de Jordi Mestre el Nobu de Barcelona. Pero desde luego lo más sensacional de la noche lo puso Neto, que se hizo un lío con una cesión de Piqué, y Luis Rioja le robó el balón como en un patio de colegio y marcó el primer gol que el Alavés conseguía marcarle al Barça en 20 años en Mendizorroza. Iglesisas Villanueva, en el VAR, se comió un claro penalti de Ximo Navarro a De Jong. Que Hernández Hernández no lo viera es comprensible. Que no lo viera el VAR es que no tuvo ganas de verlo. Messi, en su impotencia, chutó un balón cuando no estaba en juego y vio la amarilla por ello. Si hubiera tocado al colegiado, y estuvo a milímetros de hacerlo, habría sido expulsado, y con causa.
Cambios al descanso
Koeman cambió en el descanso a Busquets, Lenglet y Dembélé para dar entrada a Pedri, Pjanic y Trincao. Ya sólo le faltaba cambiarse el chándal. El Barça necesitaba más ritmo y continuidad y empezó la segunda parte encontrándolos, aunque la luz continuaba apagada. Muy poca finura, tan escasa como lo que Alavés le duraba el balón. El mejor argumento del Barça –por no decir el único– era Ansu. Messi no se cansaba de estrellar faltas en la barrera, o de chutarlas fuera. Ha marcado sólo 1 de las 46 últimas que ha lanzado, otro símbolo de su impotencia. Antes de esta triste racha, había marcado 4 de 12. Muy impreciso Messi, desaprovechó una dulcísima asistencia de Pjanic.
Jota Peleteiro fue expulsado por una segunda amarilla temeraria, innecesaria, por juego peligroso con contacto a Piqué. Justo a continuación, nada menos que Griezmann empató con una bonita vaselina. Messi pudo adelantar a su equipo a la siguiente jugada, pero Pacheco puso una mano soberbia. Dest sustituyó a Jordi Alba y Braithwaite, incomprensiblemente, a Ansu. El Barça perdió la efervescencia del cara a cara de Ansu, y si Koeman impulsó a su equipo con los cambios del descanso, prescindiendo del joven delantero, volvió a frenarlo. El Barça lo intentó, pero sin alzar en ningún momento el vuelo, y más desde que fue sacrificado el único jugador con alas. Pacheco tuvo una noche estelar y lo paró todo. No se sabe lo que Koeman pretendió con el cambio de Ansu, pero sólo consiguió matarle a su equipo la poca luz que tenía. Parecía abatido el técnico en los instantes finales. Mucho sudor, poquísima finura. El esfuerzo sin talento da para lo que da.

