Premio para un Barça deprimente
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Bartomeu como un pobre hombre estaba en el palco con mascarilla, el palco del Camp Nou, que es uno de los lugares más ventilados de España y en los que se puede mantener la llamada «distancia social sin ningún problema». Siempre habrá pobres hombres, con pandemia o sin ella.
El virus mata, pero sobre todo pone de relieve la vida, y lo absurdos que algunos personajes pueden llegar a ser. Ahí estaba Bartomeu. Un mensaje de apoyo a Unzué se proyectó sobre la grada vacía justo antes de que el partido diera comienzo. Quique Setién -ya era hora- vestía una camisa de lino blanco de Emporio Armani. Por fuera y arremangada: recordaba a Lluís Llach cuando aún cantaba. Un señor de Reus había hecho todo el viaje desde su pueblo, en coche con su camiseta del Barça, para pasear por las inmediaciones del estadio y que su equipo «no jugara tan solo». Podría hacerse amigo de Bartomeu, este de Reus. Insólita imagen la del tal pájaro, con su bocadillo y sus auriculares, arriba y abajo por la avenida Juan XXII.
El Athletic hacía daño y Messi respondía con su talento desbordado. Previsibles los azulgranas en sus ataques posicionales, siempre por dentro, siempre dependiendo de Messi pero a la vez molestándolo, sin extremos, sin laterales, sin amplitud. Muy poca cosa el Barça, pocas ideas y confusas, todos por el medio sin aportar nada. Salvo Messi, claro. El Athletic sabía a qué jugaba, hacía daño en los espacios abiertos, con rapidez, aunque sin precisión en el remate. Al Barça le pesaba el culo, estaba torpe, lento, sin encontrar el punto de cocción de las jugadas. Lo que hacía Messi, Griezmann y Suárez lo estropeaban. Tranquila la noche en Dry Martini, que volvió a abrir el lunes. Alegría de volver a ver a mis magníficos barmans, todos en perfecto estado de forma y de ánimo.
Cumpleaños de Messi
Messi cumple hoy 33 años, y ayer la sensación era de que el presente del Barcelona era mucho más preocupante que el futuro de su estrella. El Athletic se iba acercando, con especial peligro a balón parado.
Yeray casi marca de cabeza, con alarmantes facilidades para el remate. Un Barça con más corazón que inteligencia perdía muy rápido la posesión y no tenía bien distribuidos los espacios. Todo lo hacía como por inercia. Intercambio de golpes poco pensados, más ritmo que calidad, era el tipo de partido que para nada convenía a los locales. A Semedo le costaba especialmente entender las acciones de juego que Setién planteaba. El partido competía con el del Leganés por ser el peor del Barça desde el regreso, con la diferencia de que contra el Athletic nunca sabes si vas a ganar.
Pocas ideas, el Barça queriendo lo que sabía que se le iba a escapar. Frustración, aburrimiento, falta de soluciones y de rumbo cierto. Ninguna idea colectiva que le sirviera al equipo para expresarse. Hacía años que no veía a un Barcelona tan poco reconocible. Hasta los jugadores parecían conscientes de haber llegado a un final de trayecto.
Tenían suerte los chicos de que no hubiera público en el estadio, porque les habrían pitado, y con razón. Petardeo dentro y fuera del estadio. Riqui Puig fue la primera idea de Setién para reaccionar. Entró por Arthur en el 55. Muniain y Dani García fueron las ideas de Garitano. Pero hasta el no entró Ansu Fati, que es el único junto a Messi que aporta luz al Barça. También salió Rakitic, que aprovechando lo trazado por Messi abrió la noche con un gol que premiaba en demasía a un equipo tan vulgar y deprimente.
El Barça llevaba sin marcar 180 minutos y además tenía un presidente con mascarilla en un estadio en el que caben 100.000 personas y que estaba completamente vacío. Si no hacemos más el ridículo, no es porque no lo intentemos. El Athletic pudo empatar y el Barça pudo marcar el segundo. Messi quejándose por nada al árbitro representaba el punto de patetismo al que ha llegado este equipo. Bien Ansu. No marcó, pero estuvo fresco. Soporífero partido y preocupante exhibición de impotencia de un Barça que se ha quedado sin argumentos.
El virus mata, pero sobre todo pone de relieve la vida, y lo absurdos que algunos personajes pueden llegar a ser. Ahí estaba Bartomeu. Un mensaje de apoyo a Unzué se proyectó sobre la grada vacía justo antes de que el partido diera comienzo. Quique Setién -ya era hora- vestía una camisa de lino blanco de Emporio Armani. Por fuera y arremangada: recordaba a Lluís Llach cuando aún cantaba. Un señor de Reus había hecho todo el viaje desde su pueblo, en coche con su camiseta del Barça, para pasear por las inmediaciones del estadio y que su equipo «no jugara tan solo». Podría hacerse amigo de Bartomeu, este de Reus. Insólita imagen la del tal pájaro, con su bocadillo y sus auriculares, arriba y abajo por la avenida Juan XXII.
El Athletic hacía daño y Messi respondía con su talento desbordado. Previsibles los azulgranas en sus ataques posicionales, siempre por dentro, siempre dependiendo de Messi pero a la vez molestándolo, sin extremos, sin laterales, sin amplitud. Muy poca cosa el Barça, pocas ideas y confusas, todos por el medio sin aportar nada. Salvo Messi, claro. El Athletic sabía a qué jugaba, hacía daño en los espacios abiertos, con rapidez, aunque sin precisión en el remate. Al Barça le pesaba el culo, estaba torpe, lento, sin encontrar el punto de cocción de las jugadas. Lo que hacía Messi, Griezmann y Suárez lo estropeaban. Tranquila la noche en Dry Martini, que volvió a abrir el lunes. Alegría de volver a ver a mis magníficos barmans, todos en perfecto estado de forma y de ánimo.
Cumpleaños de Messi
Messi cumple hoy 33 años, y ayer la sensación era de que el presente del Barcelona era mucho más preocupante que el futuro de su estrella. El Athletic se iba acercando, con especial peligro a balón parado.
Yeray casi marca de cabeza, con alarmantes facilidades para el remate. Un Barça con más corazón que inteligencia perdía muy rápido la posesión y no tenía bien distribuidos los espacios. Todo lo hacía como por inercia. Intercambio de golpes poco pensados, más ritmo que calidad, era el tipo de partido que para nada convenía a los locales. A Semedo le costaba especialmente entender las acciones de juego que Setién planteaba. El partido competía con el del Leganés por ser el peor del Barça desde el regreso, con la diferencia de que contra el Athletic nunca sabes si vas a ganar.
Pocas ideas, el Barça queriendo lo que sabía que se le iba a escapar. Frustración, aburrimiento, falta de soluciones y de rumbo cierto. Ninguna idea colectiva que le sirviera al equipo para expresarse. Hacía años que no veía a un Barcelona tan poco reconocible. Hasta los jugadores parecían conscientes de haber llegado a un final de trayecto.
Tenían suerte los chicos de que no hubiera público en el estadio, porque les habrían pitado, y con razón. Petardeo dentro y fuera del estadio. Riqui Puig fue la primera idea de Setién para reaccionar. Entró por Arthur en el 55. Muniain y Dani García fueron las ideas de Garitano. Pero hasta el no entró Ansu Fati, que es el único junto a Messi que aporta luz al Barça. También salió Rakitic, que aprovechando lo trazado por Messi abrió la noche con un gol que premiaba en demasía a un equipo tan vulgar y deprimente.
El Barça llevaba sin marcar 180 minutos y además tenía un presidente con mascarilla en un estadio en el que caben 100.000 personas y que estaba completamente vacío. Si no hacemos más el ridículo, no es porque no lo intentemos. El Athletic pudo empatar y el Barça pudo marcar el segundo. Messi quejándose por nada al árbitro representaba el punto de patetismo al que ha llegado este equipo. Bien Ansu. No marcó, pero estuvo fresco. Soporífero partido y preocupante exhibición de impotencia de un Barça que se ha quedado sin argumentos.

