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El Getafe también deshace al Ajax

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Lo que se vistió de epopeya lo terminó desnudando el Getafe como una rendición inevitable. Fue la del Ajax en el Coliseum, por supuesto, todo un semifinalista de la última Champions rendido ante el equipo de Bordalás como tantos otros. Le faltaban a Ten Hag Neres y Promes, pero contaba con gente de postín como Van de Beek o Tadic, deshechos todos, sin pero que valga, en el magma del sur de Madrid.





La lucha de estilos que se aventuraba desde que el sorteo emparejó a Getafe y Ajax trascendía el tópico, bastó el calentamiento para constatarlo. Mientras los holandeses no tenían ojos para nada que no fuese un balón, a los de Bordalás se les salían a base de cambios de ritmo. Dos formas de entender un mismo patrón por el que se rige el fútbol de estos días, leído a partir de una intensidad altísima, que no espera a nadie. En ella, el balón como compañero o como corneta: donde unos no entienden correr para cualquier cosa que no sea volver a disfrutar del toque, los otros se exprimen para que los caminos al gol sean lo más cortos posibles. En medio, como un pacto mediante el cual hacer del césped un frente de batalla, dos presiones altísimas, el reducto moderno que entrega la iniciativa a quien defiende.


El partido estaba en quién expusiese con más acierto sus credenciales, una balanza que haría equilibrios según errase el Ajax en sus salidas desde atrás o el Getafe en sus exposiciones arriba, vulnerables ante una zurda portentosa como la de Ziyech. A un primer tramo de tanteo mutuo le siguió la asunción ajacied de que iba a tocar salir en largo, pues los azules estaban oliendo sangre en cada saque de puerta de Varela. En esas, la cabeza del atlético Traoré fue el mejor recurso para encontrar aire en la celda de Bordalás.


El Ajax se estampaba una y otra vez contra una resistencia viscosa y el gol solo era un negocio en el que invertía el Getafe. Cucurella echó dos carreras que apuntaban más alto de donde finalmente murieron; Maksimovic y Mata se fueron con las orejas gachas en citas a solas con el portero y Deyverson, siempre Deyverson, hacía de cada balón al área un quebradero para todas las cabezas que no fuesen la suya.


Nacía así la frustración en unos jugadores que se sabían por encima en lo técnico, pero que no encontraban la llave de ese campo de espinas que es el Coliseum. Y saltaba por los aires después de que en una jugada a balón parado, piedra filosofal de este equipo, Olivera enviase al corazón del área un balón llovido que terminó embocando Deyverson. El brasileño, de paso, se llevó un mecherazo de la afición holandesa que tuvo el encuentro detenido varios minutos.


El Ajax acabó enrabietado, negando su realidad como quien se muere de ganas por despertar de un mal sueño, perplejo ante la placidez con que un equipo de corte marcial devoraba cada metro del campo que se le ofrecía. Y cuando Van de Beek, en el arreón final, intuyó luz, apareció Djené para imponer la noche. Kenedy, con el tiempo cumplido y el partido muerto, encontró un 2-0 que redibuja el techo de este Getafe. Por lo pronto, en Ámsterdam tendrá otro escalón hacia el cielo.

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