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A Vinicius se le despierta el olfato

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Pocas conclusiones permite el partido y ninguna más grande que la del titular: a Vinicius se le ha despertado el olfato.



Zidane alineaba a los jóvenes y sacaba del limbo a Odriozola y Jovic. Extrañaba, sobre todo, que jugara Casemiro, que lo juega todo. En un mundo mejor constituido, la preocupación actual del madridismo no debería ser el Tsunami Democrático (asunto delirante y clamoroso), sino el debate sobre el mercado de invierno y la necesidad de un repuesto para el mediocentro.





Al no haber motivación y ser un once nuevo, de estilo copero, el juego era deslavazado, poco tramado, improvisado , nada automático. Mucho toque, excesivo toque y pocas ocasiones. Hubo una cada veinte minutos: un buen tiro de Jovic, de zurda, en un contragolpe, y una llegada de Isco con bastante clase, más llamativa por contraste con el juego belga.


En ataque había poco trama y en defensa un poco lo mismo: Casemiro parecía un monitor llamando a los niños, convocándolos al orden a su alrededor.


El Brujas dejaba al principio algún recuerdo de su velocidad, de la que hubo buenos ejemplos en el partido del Bernabéu, y luego incluso llegó a crear peligro. Alguna llegada de Dennis y, sobre todo, el tiro de Tau a la altura del minuto diez, detenido con gran reflejo de Areola.


Pasado un cuarto de hora, estaba claro que el partido tendría la altura, profundidad, carácter o forma que quisiera el Brujas, porque el Madrid estaba más materialmente que en espíritu, no estaba del todo. Iba a ser, por tanto, un partido belga, de fútbol belga. Incluso por momentos el Brujas dominó la pelota, replegándose el Madrid heréticamente.


Las sensación era que Isco cambiaba el partido, que cuando él la tenía había un salto de calidad, un cambio a lo sedoso, a otra relación con la pelota, a fútbol de otra latitud. Pero Isco tampoco participaba todo lo que debía. Fluctuaba, un poco volátil, entre ser cola de un 4-3-3 o cabeza de un 4-2-3-1. El resultado era sencillamente evocador, un fútbol perfumado con algún detalle como para asegurar, por contraste, la naturaleza puramente circunstancial, vulgar y belga del fútbol que se jugaba.


Se fue acercando el partido al descanso sin dueño, sin orden, sin pauta, como esos partidos que se ven en los campos los fines de semana. Una pelota loca y gentes corriendo de un lado para otra. ¿Era eso Champions? Ya no. ¿Era eso fútbol? No se puede negar, pero de una cualidad muy discutible. Nadie destacaba mucho, nadie fallaba demasiado. ¡Ni criticar se podía!


La segunda parte comenzó igual. Intenso tedio. Ojo que el tedio es un poco belga. El poeta del spleen, Baudelaire, pasó mucho tiempo en Bélgica. Lo que decía de ese país (la Canada de Francia) no es muy reproducible, pero Baudelaire al menos no tuvo que ver esto, ¡no tuvo que ver al Brujas!


Una jugada preciosa del Madrid sacó al partido del sopor: pase al espacio de Modric, carrera con pase de Odriozola y un chut zurdo, intencionado, medio exterior y de volea de Rodrygo para el 0-1.


Pero el Brujas devolvió el gol inmediatamente con un robo rápido (mal Militao) que Vanaken, con clase, aprovechó.



El partido salió de ese intercambio de goles más embravecido; el Madrid, al menos, estaba más mandón y dispuesto.


Y ahí, en esa subida de ritmo, sobrevino quizás lo más importante de la noche. En un barullo en el área, el balón le cayó a Vinicius y lejos de dejarse dominar por la ansiedad, decidió llevarlo a un extremo de la portería con un delicado toque. No solo era un gol de Vinicius, era un gol de Vinicius descubriendo cosas como la sutileza, la serenidad y relatividad de las áreas, la intención el ángulo y el rinconcito del gol. Hecho clave. Hito personal. ¿No era ésta la primera demostración de olfato goleador real en Vinicius? Era la primera vez en que la portería no se le hacía pequeña sino grande, o al menos de su medida justa. La miró por primera vez de tú a tú, con madurez viril y propiedad.


Le faltó al Madrid que se sumara Jovic, puntual como siempre, pero sin marcar. No estuvo mal y fue sustituido por Benzema. Con él en la Alta Magistratura del ataque, y reintegrado Valverde, el Madrid defendió sin problemas el resultado y hasta marcó al final con un gran gol de Modric.


La segunda parte había sido buena, seria y cumplidora y el Madrid hizo su trabajo. Tres puntos, unos milloncejos y minutos para los suplentes... y para Casemiro, que lo sigue jugando todo. Pilotito rojo que el Madrid lleva encendido toda lo temporada.

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