Un Nadal mermado cae ante un gran Zverev
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A estas alturas, cuesta creer que a Rafa Nadal le quede algún reto en su carrera. Quizá por eso, pese a la lesión abdominal que arrastraba desde París, pocos dudaban de que haría todo lo posible por jugar la Copa de Maestros de Londres, un título que aún no tiene en su palmarés. Sin embargo, como tantas otras veces aquí, Nadal no dio con su mejor versión, pagó su falta de rodaje y acabó perdiendo ante un gran Zverev (2-6, 4-6), en la que es su primera derrota ante el alemán en seis partidos.
Nadal no tardó en demostrar que su saque no iba a ser un problema, lo que no quería decir que no fuera a tener otros. Zverev también se apresuró a enseñar su mejor arma, precisamente el servicio, con el que castigó al español durante todo el partido. Hasta seis «aces» le clavó en la primera manga, y otros cinco en la segunda. Nadal, al que se le veía incómodo en la pista, no daba con la fórmula, sumando varios errores no forzados que daban alas a Zverev, por si no tuviera ya suficientes. Así las cosas, parecía inevitable que tarde o temprano perdiera el servicio, lo que llegó en el quinto y séptimo set. Entre medias, el enfado con el árbitro a cuenta del tiempo, imagen de la desesperación por no salirle las cosas.
El segundo set no empezó muy diferente. Zverev le rompió en la primera ocasión que tuvo y Nadal seguía sin ser capaz de firmar puntos ganadores. Aun así, el segundo juego pudo ser un punto de inflexión, cuando Nadal estuvo cerca de romper el saque por primer vez al ponerse 0-30, pero su rival se acabó recomponiendo y no cedió terreno. Tocaba seguir remando.
Ante la atenta mirada del Rey Juan Carlos, presente en la pista central de Londres, Nadal buscaba cómo hacer daño a Zverev, quien no daba tregua con sus potentes saques, especialmente difíciles de defender para un Nadal mermado. Con 1-3 en el segundo set, llegó el juego del partido, el que habría sido el golpe definitivo del alemán. No fue así, pues desaprovechó hasta dos ventajas sobre el español, quien con un punto sobre la línea levantó a la grada para llevarse después el juego. Seguía vivo.
La dinámica, en cambio, no se desvió de lo que venía siendo. Nadal seguía sin sacarle jugo a su raqueta y Zverev cada vez parecía más cómodo, pues se veía superior a su rival y con el partido más cerca. Le quedaba dar la puntilla. La sensación era que Nadal tenía que sudar tinta china para llevarse un juego, mientras que Zverev sumaba los suyos con una facilidad pasmosa. Así era difícil ganar, estaría pensando el español.
Se tuvo que llegar al décimo quinto juego para ver al mejor Nadal, cuando firmó puntos subiendo a la red e incluso un «ace» que pareció desconcertar a Zverev, como quien se ve disparado por su propia pistola. Aunque el alemán hizo ademán de acercarse, Nadal se terminó llevando el juego para poner el 3-4. Estaba contra las cuerdas, su rival era superior, pero no era la primera vez que se veía en una situación así y la terminaba levantando.
Las opciones pasaban por romper el servicio, lo que no terminaría llegando y acabó suponiendo la derrota de Nadal. En el día en el que el saque del español estaba en el punto de mira, fue su rival quien se hizo gigante desde el servicio.
Ya no puede fallar, a Nadal solo le queda ganar los dos siguientes partidos si quiere seguir vivo en este Masters.
Nadal no tardó en demostrar que su saque no iba a ser un problema, lo que no quería decir que no fuera a tener otros. Zverev también se apresuró a enseñar su mejor arma, precisamente el servicio, con el que castigó al español durante todo el partido. Hasta seis «aces» le clavó en la primera manga, y otros cinco en la segunda. Nadal, al que se le veía incómodo en la pista, no daba con la fórmula, sumando varios errores no forzados que daban alas a Zverev, por si no tuviera ya suficientes. Así las cosas, parecía inevitable que tarde o temprano perdiera el servicio, lo que llegó en el quinto y séptimo set. Entre medias, el enfado con el árbitro a cuenta del tiempo, imagen de la desesperación por no salirle las cosas.
El segundo set no empezó muy diferente. Zverev le rompió en la primera ocasión que tuvo y Nadal seguía sin ser capaz de firmar puntos ganadores. Aun así, el segundo juego pudo ser un punto de inflexión, cuando Nadal estuvo cerca de romper el saque por primer vez al ponerse 0-30, pero su rival se acabó recomponiendo y no cedió terreno. Tocaba seguir remando.
Ante la atenta mirada del Rey Juan Carlos, presente en la pista central de Londres, Nadal buscaba cómo hacer daño a Zverev, quien no daba tregua con sus potentes saques, especialmente difíciles de defender para un Nadal mermado. Con 1-3 en el segundo set, llegó el juego del partido, el que habría sido el golpe definitivo del alemán. No fue así, pues desaprovechó hasta dos ventajas sobre el español, quien con un punto sobre la línea levantó a la grada para llevarse después el juego. Seguía vivo.
La dinámica, en cambio, no se desvió de lo que venía siendo. Nadal seguía sin sacarle jugo a su raqueta y Zverev cada vez parecía más cómodo, pues se veía superior a su rival y con el partido más cerca. Le quedaba dar la puntilla. La sensación era que Nadal tenía que sudar tinta china para llevarse un juego, mientras que Zverev sumaba los suyos con una facilidad pasmosa. Así era difícil ganar, estaría pensando el español.
Se tuvo que llegar al décimo quinto juego para ver al mejor Nadal, cuando firmó puntos subiendo a la red e incluso un «ace» que pareció desconcertar a Zverev, como quien se ve disparado por su propia pistola. Aunque el alemán hizo ademán de acercarse, Nadal se terminó llevando el juego para poner el 3-4. Estaba contra las cuerdas, su rival era superior, pero no era la primera vez que se veía en una situación así y la terminaba levantando.
Las opciones pasaban por romper el servicio, lo que no terminaría llegando y acabó suponiendo la derrota de Nadal. En el día en el que el saque del español estaba en el punto de mira, fue su rival quien se hizo gigante desde el servicio.
Ya no puede fallar, a Nadal solo le queda ganar los dos siguientes partidos si quiere seguir vivo en este Masters.

