Godín, un faraón para la historia
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Gracias Godín. Sesenta mil veces gracias, clamó el Metropolitano. El central uruguayo ya es leyenda del Atlético tras jugar su último partido en la que ha sido su casa en los últimos nueve años, escenario de un sentido homenaje por parte del club que no supo ponerse de acuerdo con él para renovarle, pero sobre todo de su afición.
Godín ordenó, gritó, animó y aplaudió a sus compañeros por última vez en casa -aún podrá despedirse de forma más íntima de ellos la próxima semana, ante el Levante-, y demostró que con él se va un líder. Bien que lo saben quienes trabajan con él cada semana. Bien que lo lamenta Griezmann, que se bajó del autobús del equipo con la camiseta de su íntimo amigo y padrino de su hija. En el francés, por cierto, no hubo ni un gesto que hiciese intuir también su salida. Como tampoco en Filipe Luis o Juanfran, otros dos defensas históricos cuyo futuro se mantiene en el aire.
Afuera del estadio, su placa en el Paseo de las Leyendas apareció convertida en un altar , con la bandera de Uruguay de fondo y un «Gracias por todo Godín». Dentro, el Frente Atlético le dedicó una pancarta y numerosos cánticos a lo largo de todo el encuentro. «Un gol en la memoria, un faraón para la historia» fue el resumen de la trayectoria del uruguayo que eligieron los hinchas más animosos del Atlético, convirtiendo el encuentro en un viaje al pasado, con menciones a muchos de los mitos del equipo. Leyendas que han ido diciendo adiós, y que al igual que hará Godín, permanecen en el imaginario colchonero con carácter imborrable.
La concentración durante el partido dejó paso al torrente de emociones que se vivieron tras el pitido final. Hubo lágrimas, muchas. Para empezar, las del protagonista, que apenas se aguantaba las ganas durante el pasillo que le brindaron sus compañeros. Banderas rojiblancas al viento y música de Robbie Williams completaban la atmósfera de despedida. Godín se plantó en el círculo central, y por ahí desfilaron Luiz Pereira, un emocionadísimo Koke y la familia del jugador.
Habló por fin el uruguayo del que ha sido su equipo estos últimos nueve años, de la alegría de los títulos, pero no solo de eso. También del corazón y del alma. Y habló de educación y respeto, la que le dieron sus padres. Y se acordó también de la afición, que le hizo sentirse en casa desde el primer día y amar la camiseta rojiblanca para siempre.
Se va el extranjero con más partidos disputados en el Atlético, el segundo jugador con más trofeos conquistados (ocho). Visto todo lo anterior cabe preguntarse por qué se va. No es una cuestión menor.
Empate en el campo
Resultaba lícito dudar de si tanta pompa podía despistar al Atlético de su compromiso en el césped, toda vez que el Sevilla, el rival invitado al homenaje, se jugaba bastante más que los colchoneros.
Pero no, los de Simeone supieron mantener la compostura y en la primera mitad realizaron un ejercicio brillante, recuperando la agresividad perdida la semana pasada en Cornellá y con el colmillo afilado.
En ese periodo Morata lo intentó de una y mil maneras y llegó a marcar, aunque en fuera de juego. El Sevilla procuraba hacer daño por medio de Jesús Navas y Sarabia, una banda derecha de muchísimos quilates. Al final fue Koke quién agitó la coctelera en un extraño contragolpe en el que le abrieron pasillo y casi le invitaron a disparar. El balón tocó en Kjaer antes de entrar en la portería.
A la vuelta de los vestuarios, con dos cambios gastados ya en el Sevilla, el Atlético siguió firme. De Burgos Bengoetxea y el VAR entraron en acción para anular un segundo tanto del Atlético, obra de Correa, también por fuera de juego. El Sevilla aprovechó entonces que a falta de un media hora el equipo local no había cerrado el partido y que mostraba síntomas de relajación. Sarabia redondeó un partido extraorddinario que permite a su equipo mantener una mínima opción de Champions. El Atlético también rubrica el subcampeonato, tras la Supercopa de Europa el segundo mejor logro de una temporada que deja un regusto agrio por la eliminación ante Cristiano en Champions. Habrá un nuevo proyecto, pero no estará Godín. Pierde el Atleti.
Godín ordenó, gritó, animó y aplaudió a sus compañeros por última vez en casa -aún podrá despedirse de forma más íntima de ellos la próxima semana, ante el Levante-, y demostró que con él se va un líder. Bien que lo saben quienes trabajan con él cada semana. Bien que lo lamenta Griezmann, que se bajó del autobús del equipo con la camiseta de su íntimo amigo y padrino de su hija. En el francés, por cierto, no hubo ni un gesto que hiciese intuir también su salida. Como tampoco en Filipe Luis o Juanfran, otros dos defensas históricos cuyo futuro se mantiene en el aire.
Afuera del estadio, su placa en el Paseo de las Leyendas apareció convertida en un altar , con la bandera de Uruguay de fondo y un «Gracias por todo Godín». Dentro, el Frente Atlético le dedicó una pancarta y numerosos cánticos a lo largo de todo el encuentro. «Un gol en la memoria, un faraón para la historia» fue el resumen de la trayectoria del uruguayo que eligieron los hinchas más animosos del Atlético, convirtiendo el encuentro en un viaje al pasado, con menciones a muchos de los mitos del equipo. Leyendas que han ido diciendo adiós, y que al igual que hará Godín, permanecen en el imaginario colchonero con carácter imborrable.
La concentración durante el partido dejó paso al torrente de emociones que se vivieron tras el pitido final. Hubo lágrimas, muchas. Para empezar, las del protagonista, que apenas se aguantaba las ganas durante el pasillo que le brindaron sus compañeros. Banderas rojiblancas al viento y música de Robbie Williams completaban la atmósfera de despedida. Godín se plantó en el círculo central, y por ahí desfilaron Luiz Pereira, un emocionadísimo Koke y la familia del jugador.
Habló por fin el uruguayo del que ha sido su equipo estos últimos nueve años, de la alegría de los títulos, pero no solo de eso. También del corazón y del alma. Y habló de educación y respeto, la que le dieron sus padres. Y se acordó también de la afición, que le hizo sentirse en casa desde el primer día y amar la camiseta rojiblanca para siempre.
Se va el extranjero con más partidos disputados en el Atlético, el segundo jugador con más trofeos conquistados (ocho). Visto todo lo anterior cabe preguntarse por qué se va. No es una cuestión menor.
Empate en el campo
Resultaba lícito dudar de si tanta pompa podía despistar al Atlético de su compromiso en el césped, toda vez que el Sevilla, el rival invitado al homenaje, se jugaba bastante más que los colchoneros.
Pero no, los de Simeone supieron mantener la compostura y en la primera mitad realizaron un ejercicio brillante, recuperando la agresividad perdida la semana pasada en Cornellá y con el colmillo afilado.
En ese periodo Morata lo intentó de una y mil maneras y llegó a marcar, aunque en fuera de juego. El Sevilla procuraba hacer daño por medio de Jesús Navas y Sarabia, una banda derecha de muchísimos quilates. Al final fue Koke quién agitó la coctelera en un extraño contragolpe en el que le abrieron pasillo y casi le invitaron a disparar. El balón tocó en Kjaer antes de entrar en la portería.
A la vuelta de los vestuarios, con dos cambios gastados ya en el Sevilla, el Atlético siguió firme. De Burgos Bengoetxea y el VAR entraron en acción para anular un segundo tanto del Atlético, obra de Correa, también por fuera de juego. El Sevilla aprovechó entonces que a falta de un media hora el equipo local no había cerrado el partido y que mostraba síntomas de relajación. Sarabia redondeó un partido extraorddinario que permite a su equipo mantener una mínima opción de Champions. El Atlético también rubrica el subcampeonato, tras la Supercopa de Europa el segundo mejor logro de una temporada que deja un regusto agrio por la eliminación ante Cristiano en Champions. Habrá un nuevo proyecto, pero no estará Godín. Pierde el Atleti.

