Messi lo hace todo
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Hermoso, sincero, elegantísimo homenaje el que el Sánchez Pizjuán le tributó a su fallecido presidente, Roberto Alés. Bellas estrofas con la letra adaptada del Arrebato sirvieron para despedirle con todos los honores. El buen gusto es siempre el mejor regalo y Sevilla en su infinita clase nunca falla. Y no hace falta exagerar, ni sobreactuar, ni flagelarse: simplemente pensar y sentir, y que el cerebro y el corazón se entrelacen como en las mejores empresas humanas.
El Barça empezó mal, sorprendido por el cambio de dibujo de Machín, que por primera vez en la temporada no jugó con tres centrales y apostó por el 4-3-2-1. El Sevilla empezó mejor que los de Valverde pero sin suerte en los metros finales.
Mateu Lahoz dejaba jugar y eso es bueno para el fútbol; hablaba mucho con los jugadores y eso era bueno para ellos; y se gustaba en su puesta en escena y eso era, es y será siempre bueno para el espectáculo, que somos todos, también los que a veces nos quejamos de sus decisiones.
Torpe, tímido, cohibido el Barcelona. Patoso. Como si quisiera sobreponerse al bajón pero le pesara demasiado el miedo al fracaso de los últimos partidos, realmente lamentable. El equipo, roto, vivía muy lejos de Messi y de Suárez y así es muy difícil conseguir nada.
Y Navas de disparo cruzado marcó en el 22, aprovechando un error de Messi. El mejor jugador de todos los tiempos no sólo falla lo que solía marcar sino que con sus errores no forzados compromete a su equipo. Piqué y Busquets se enfadaron con el resto de su defensa por la falta de compromiso -y de rapidez- en sus labores. Merecido gol, merecido resultado. Merecida victoria local, merecida derrota -aunque momentánea- del Barça.
Pero en el 25 pasó algo que no es exactamente propio del fútbol sino minuciosamente característico de los genios, que fue que Messi decidió regresar al partido, al espectáculo y la Historia con una volea desde el límite del área, elevando a la gloria un centro de Raktic. Auténtico golazo del argentino, con el que borraba las huellas de su pecado original.
Despertó el Barça de la siesta y despertó el Sevilla del ensueño de su indiscutida superioridad. En el 31, Piqué intentó hacer de delantero centro pero en lugar de su versatilidad le salió su intelectualidad, y conoció el naufragio. Pero pese a la euforia del empate y a la cierta reacción del equipo, cuando el Sevilla atacaba por fuera el Barça no sabía defender con eficacia las zonas de remate y cada una de las incursiones de los de Machín era altamente peligrosa. Valverde defendía con 8 hombres y el equipo se rompía en las transiciones. El Barça ganará la Liga, pero la concepción de juego de Valverde es arcaica. Si al Madrid le jugamos así, nos mete cuatro. Y de la Champions, ni hablamos.
Suárez insistía en su festival de la embarrada, fallándolo absolutamente todo, y el Sevilla, aprovechando las facilidades azulgranas, marcó el segundo gol. Mercado, escandalosamente libre de marca, fue el autor del tanto. Crónica de un gol anunciado. Un Barça de rebajas vendía muy barato marcarle.
Dembélé y Sergi Roberto sustituyeron a Vidal y a Semedo. Dembélé empezó con su habitual furia incontrolada, algo grotesco hasta el punto de fallar lo más fácil. De todos modos, el equipo pareció equilibrarse, aunque el Sevilla controlaba su ventaja y gozaba de contras para aumentarla. Coutinho, como Suárez, insistía en su fracaso. Malo, malo.
Pero -y es un gran, grandísimo pero- el Barça tiene a Messi, y aunque no esté fino sigue siendo el rey. Si el primero lo marcó con la izquierda, el segundo lo marcó con la derecha. Interesante la pausa de Dembélé en la conducción, con la paciencia de esperar a Messi que llegaba de cara. Efusivo abrazo del argentino a su joven compañero, tal vez para compensar la bronca de Lyón.
Y como él lo hace todo, todo, siempre y todo, no hace falta decir quién marcó el tercer gol del Barça. Con calma y con autoridad, meciendo en su toque la eternidad. Tan poderoso es el argentino que hasta logró romper, para acabar, lo que parecía fatídico, y por fin Suárez pudo volver a marcar.
El Barça empezó mal, sorprendido por el cambio de dibujo de Machín, que por primera vez en la temporada no jugó con tres centrales y apostó por el 4-3-2-1. El Sevilla empezó mejor que los de Valverde pero sin suerte en los metros finales.
Mateu Lahoz dejaba jugar y eso es bueno para el fútbol; hablaba mucho con los jugadores y eso era bueno para ellos; y se gustaba en su puesta en escena y eso era, es y será siempre bueno para el espectáculo, que somos todos, también los que a veces nos quejamos de sus decisiones.
Torpe, tímido, cohibido el Barcelona. Patoso. Como si quisiera sobreponerse al bajón pero le pesara demasiado el miedo al fracaso de los últimos partidos, realmente lamentable. El equipo, roto, vivía muy lejos de Messi y de Suárez y así es muy difícil conseguir nada.
Y Navas de disparo cruzado marcó en el 22, aprovechando un error de Messi. El mejor jugador de todos los tiempos no sólo falla lo que solía marcar sino que con sus errores no forzados compromete a su equipo. Piqué y Busquets se enfadaron con el resto de su defensa por la falta de compromiso -y de rapidez- en sus labores. Merecido gol, merecido resultado. Merecida victoria local, merecida derrota -aunque momentánea- del Barça.
Pero en el 25 pasó algo que no es exactamente propio del fútbol sino minuciosamente característico de los genios, que fue que Messi decidió regresar al partido, al espectáculo y la Historia con una volea desde el límite del área, elevando a la gloria un centro de Raktic. Auténtico golazo del argentino, con el que borraba las huellas de su pecado original.
Despertó el Barça de la siesta y despertó el Sevilla del ensueño de su indiscutida superioridad. En el 31, Piqué intentó hacer de delantero centro pero en lugar de su versatilidad le salió su intelectualidad, y conoció el naufragio. Pero pese a la euforia del empate y a la cierta reacción del equipo, cuando el Sevilla atacaba por fuera el Barça no sabía defender con eficacia las zonas de remate y cada una de las incursiones de los de Machín era altamente peligrosa. Valverde defendía con 8 hombres y el equipo se rompía en las transiciones. El Barça ganará la Liga, pero la concepción de juego de Valverde es arcaica. Si al Madrid le jugamos así, nos mete cuatro. Y de la Champions, ni hablamos.
Suárez insistía en su festival de la embarrada, fallándolo absolutamente todo, y el Sevilla, aprovechando las facilidades azulgranas, marcó el segundo gol. Mercado, escandalosamente libre de marca, fue el autor del tanto. Crónica de un gol anunciado. Un Barça de rebajas vendía muy barato marcarle.
Dembélé y Sergi Roberto sustituyeron a Vidal y a Semedo. Dembélé empezó con su habitual furia incontrolada, algo grotesco hasta el punto de fallar lo más fácil. De todos modos, el equipo pareció equilibrarse, aunque el Sevilla controlaba su ventaja y gozaba de contras para aumentarla. Coutinho, como Suárez, insistía en su fracaso. Malo, malo.
Pero -y es un gran, grandísimo pero- el Barça tiene a Messi, y aunque no esté fino sigue siendo el rey. Si el primero lo marcó con la izquierda, el segundo lo marcó con la derecha. Interesante la pausa de Dembélé en la conducción, con la paciencia de esperar a Messi que llegaba de cara. Efusivo abrazo del argentino a su joven compañero, tal vez para compensar la bronca de Lyón.
Y como él lo hace todo, todo, siempre y todo, no hace falta decir quién marcó el tercer gol del Barça. Con calma y con autoridad, meciendo en su toque la eternidad. Tan poderoso es el argentino que hasta logró romper, para acabar, lo que parecía fatídico, y por fin Suárez pudo volver a marcar.

