El Atlético sufre de vértigo
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Al Atleti le dan miedo las alturas. Su ocasión de oro para colocarse a tres puntos del Barça y depender de ellos para ganar esta Liga terminó en desastre. El vértigo pudo con ellos. También Canales, un futbolista superlativo y en estado de gracia. Los rojiblancos no perdían en Liga desde hace cinco meses (jornada 4, ante el Celta), y justo fueron a romper la racha cuando se comenzaba a hablar de nuevo de sus aspiraciones al título. Igual no tienen otra igual.
La derrota empañó también el debut de Morata, tan discreto como el resto de sus compañeros, pero con destellos que invitan al optimismo. Especialmente, en lo que respecta a su asociación con Griezmann.
El Villamarín, que en mayo acogerá la final de Copa, lució su aspecto más imponente. Un estadio colorido y ruidoso donde las aficiones gritaron juntas contra dos enemigos comunes: ambos vestidos de blanco. Esos minutos previos al comienzo del partido fueron casi más divertidos que toda la primera parte. Solo Oblak pensó en el gasto hecho por los aficionados y se colocó la aureola de santo con una intervención de esas que ya deberían llevar su nombre. Igual que en su día se inventó el penalti a lo Panenka o el aguanís de Raúl debería hacerse oficial la palomita salvadora «a lo Oblak». Ni dos minutos había alcanzado el cronómetro y el guardameta esloveno ya había dado un motivo más a los dirigentes rojiblancos para acelerar una renovación indispensable. Fue en un saque de esquina lanzado por Canales y rematado con toda la intención por Feddal. Oblak se estiró y casi llegó a detenerse en el aire para despejar un cabezazo que buscaba la escuadra de la portería.
En verdad, no hubo mucho más en todo ese primer tiempo espeso y embarullado. El Betis, falto de ideas, parecía notar el cansancio copero y se daba con un canto en los dientes si conseguía alcanzar el área rival. Y el Atlético, aunque eficiente en la presión, se atascaba en los metros finales. Ni Lemar ni Correa, los responsables de encarar y resquebrajar la defensa de tres del Betis, tuvieron su mejor día. El único remate de los visitantes fue de Morata. El nuevo delantero del Atlético tardó apenas diez minutos en finalizar su primer contragolpe al alimón con Griezmann, pero su disparo resultó demasiado manso para Pau López.
Siempre el VAR
En la reanudación el Atlético se activó. Dio dos pasos hacia adelante y comenzó a atosigar al Betis. Primero lo hizo con un disparo cruzado de Griezmann que le salió regular al francés. Justo después, Morata se plantó delante de Pau y fue derribado por Feddal cuando se disponía a chutar. Ni el árbitro ni el VAR vieron una falta que, a ojos menos expertos, parecía clarísima. Hasta a Feddal se le escapó la risa cuando Morata le pidió explicaciones.
El VAR volvió a entrar en acción a los pocos minutos en el área contraria por una inapelable mano de Filipe Luis al despejar la pelota. Canales no perdonó el penalti. Oblak adivinó la intención del cántabro, pero el golpeo fue impecable.
EN VIDEO
LaLiga Santander (J22): el gol de Canales, de penalti, en el Betis 1-0 Atlético de Madrid
No le quedó otra al Atlético que arremangarse. Casi de inmeditato, Griezmann estrelló el balón en la madera con una preciosa rosca desde la esquina del área grande. Quien pensara que el Atlético había reaccionado bien al golpe se equivocaba. El Betis comenzó a marear la pelota y al Atlético le costó un mundo apoderarse de ella. Simeone apostó fuerte y juntó a Kalinic con Morata y Griezmann, pero los ataques de los colchoneros resultaban apelotonados y con poco criterio ante un Betis que, al final sí, acabó encerrado como si los entrenara Simeone.
Jesé se quedó sin debutar en los verdiblancos y Joaquín fue despedido con una inmensa ovación ante un Villamarín rendido y centrado ya en la semifinal de Copa ante el Valencia, partido que afrontará a cuatro puntos de la Champions. No le va mal a este Betis.
La derrota empañó también el debut de Morata, tan discreto como el resto de sus compañeros, pero con destellos que invitan al optimismo. Especialmente, en lo que respecta a su asociación con Griezmann.
El Villamarín, que en mayo acogerá la final de Copa, lució su aspecto más imponente. Un estadio colorido y ruidoso donde las aficiones gritaron juntas contra dos enemigos comunes: ambos vestidos de blanco. Esos minutos previos al comienzo del partido fueron casi más divertidos que toda la primera parte. Solo Oblak pensó en el gasto hecho por los aficionados y se colocó la aureola de santo con una intervención de esas que ya deberían llevar su nombre. Igual que en su día se inventó el penalti a lo Panenka o el aguanís de Raúl debería hacerse oficial la palomita salvadora «a lo Oblak». Ni dos minutos había alcanzado el cronómetro y el guardameta esloveno ya había dado un motivo más a los dirigentes rojiblancos para acelerar una renovación indispensable. Fue en un saque de esquina lanzado por Canales y rematado con toda la intención por Feddal. Oblak se estiró y casi llegó a detenerse en el aire para despejar un cabezazo que buscaba la escuadra de la portería.
En verdad, no hubo mucho más en todo ese primer tiempo espeso y embarullado. El Betis, falto de ideas, parecía notar el cansancio copero y se daba con un canto en los dientes si conseguía alcanzar el área rival. Y el Atlético, aunque eficiente en la presión, se atascaba en los metros finales. Ni Lemar ni Correa, los responsables de encarar y resquebrajar la defensa de tres del Betis, tuvieron su mejor día. El único remate de los visitantes fue de Morata. El nuevo delantero del Atlético tardó apenas diez minutos en finalizar su primer contragolpe al alimón con Griezmann, pero su disparo resultó demasiado manso para Pau López.
Siempre el VAR
En la reanudación el Atlético se activó. Dio dos pasos hacia adelante y comenzó a atosigar al Betis. Primero lo hizo con un disparo cruzado de Griezmann que le salió regular al francés. Justo después, Morata se plantó delante de Pau y fue derribado por Feddal cuando se disponía a chutar. Ni el árbitro ni el VAR vieron una falta que, a ojos menos expertos, parecía clarísima. Hasta a Feddal se le escapó la risa cuando Morata le pidió explicaciones.
El VAR volvió a entrar en acción a los pocos minutos en el área contraria por una inapelable mano de Filipe Luis al despejar la pelota. Canales no perdonó el penalti. Oblak adivinó la intención del cántabro, pero el golpeo fue impecable.
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No le quedó otra al Atlético que arremangarse. Casi de inmeditato, Griezmann estrelló el balón en la madera con una preciosa rosca desde la esquina del área grande. Quien pensara que el Atlético había reaccionado bien al golpe se equivocaba. El Betis comenzó a marear la pelota y al Atlético le costó un mundo apoderarse de ella. Simeone apostó fuerte y juntó a Kalinic con Morata y Griezmann, pero los ataques de los colchoneros resultaban apelotonados y con poco criterio ante un Betis que, al final sí, acabó encerrado como si los entrenara Simeone.
Jesé se quedó sin debutar en los verdiblancos y Joaquín fue despedido con una inmensa ovación ante un Villamarín rendido y centrado ya en la semifinal de Copa ante el Valencia, partido que afrontará a cuatro puntos de la Champions. No le va mal a este Betis.

