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Escaqueo y maquillaje en el Pizjuán

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Dos partes en el Madrid: una primera de tono amistoso, poco presentable, y luego, con 2-0 y 3-0, la aparición de la vergüenza personal y colectiva.






Otra incomparecencia de la «Segunda unidad», con jóvenes naufragando en su metro cuadrado como Vallejo o perdidos en una espiral de juego amorfo como en el caso de Ceballos.


El Madrid encontró el Sanchez Pizjuán más cómodo en mucho tiempo, pero quizás no le bastaba. Solo hubo alguna elegante salida por la banda izquierda de Asensio y mucha posesión de balón sin sentido y sin propósito. En esto influye mucho que arriba estuviera Benzema. Cuando está Cristiano, a Benzema no hay que pedirle remates o goles porque ya se sabe que lo suyo es «otra cosa». Pero cuando no está Cristiano y le toca a él ejercer de 9, tampoco se le puede pedir nada porque entonces «pierde la referencia». O sea, que con Benzema ya hay que tener un 9 y además un suplente del 9.


Así que no había nada arriba y solo toques irresponsables en la media, y en la defensa parecía haber compostura hasta que se hizo un socavón.


El Sevilla, que los primeros minutos solo mostraba precaución, fue adoptando la garra de Caparrós y mejoró su juego con los robos de Pizarro y, sobre todo, las apariciones electrizantes de Ben Yedder, que junto a Muriel hicieron algo feo a la carrera profesional de Vallejo. El 1-0 fue un balón largo desde la defensa que Muriel le ganó con facilidad al central y Ben Yedder aprovechó. El gol no movió un pelo al Madrid, que siguió con la sesión de pegapases absurdos, con una blandura inaceptable que es lo que quedará de esta temporada si no consiguen la Champions en Kiev.


Sin nervio ni ganas enfrente, el Sevilla fue encontrándose, fue recuperando poco a poco los ademanes y tics de Caparrós. La «casta y coraje» (lema que se lee en la grada del Pizjuán) y su gramática parda, de lejanos y respetables ecos bilardistas. En el 42, Nacho salvó un gol en la cal, y en el 45 Layún marcó el 2-0. Y las dos jugadas se originaron en Ben Yedder, el mejor, y en la desorientación espacio-temporal de Vallejo.


¿Ha echado a perder el Madrid la temporada nacional por el fracaso de sus fichajes jóvenes o han fracasado los jóvenes por entrar en un Madrid sin tensión ni interés en la competición?



En la segunda parte hubo un repunte de tensión en el Madrid que animó el partido. Algo meramente cosmético. Vallejo se redimió corrigiendo un fallo de Casilla, Ramos falló un penalti para alborozo local, y luego fue Casilla el que se hizo perdonar quitándole otro gol cantado a Muriel. Casilla salió del área a ratos bien y a ratos mal.


Las ocasiones en el Madrid no las tuvo Benzema, sino Ramos, que contó con la ayuda torera de Lucas, siempre de maletilla o meritorio. Ben Yedder siguió dirigiendo el partido hasta los cambios. Casi al final llegó el 3-0: autogol de Ramos tras un desastre de actitud de Theo, que dejo escapar a su par con escandaloso desinterés.


Aun recortó Mayoral en el 86 tras un gran pase de Asensio. Seguro que en la jugada hubo una contribución geométrica invisible de Benzema. Casi todo lo hizo Ramos en la segunda parte, también el 3-2 en un penalti mucho más allá de la zona Cesarini.


Estaba sonando la trompetilla de zafarrancho, pero tocada en falsete. Como si al Madrid se le hubiera consolidado una «ética de la remontada», es decir, del escaqueo.

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