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España vapulea a una Argentina sin Messi

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Los méritos de Lopetegui se acumulan: no pierde, recupera a Isco, le devuelve a Argentina la paliza, todos los delanteros marcan en la pasarela del 9 (Morata lo tiene crudo), y el estilo se revitaliza con una nueva mezcla generacional.



No estaba Messi, pero Argentina opuso un centro del campo de cinco que sorprendió por su capacidad para tener la pelota. Gustó su debutante, el joven Meza. En España salía Asensio de titular y con él le nacía una verticalidad nueva.





Porque ante la Argentina cerebral y tocona de Sampaoli España respondía con jugadas directas. Balones a Diego Costa o sacudidas de Asensio y Alba. España intentó una presión arriba que Argentina superó con facilidad.


Higuaín pudo marcar en el minuto 8, pero falló recordándonos ese punto suyo de delantero entre el gol y el meme. España perdía pelotas en los interiores y abusaba del balón largo. Pero cuando peor estaba apareció Asensio, que enhebró un pase lleno de ingenio a Costa en una jugada por el centro para el 1-0. Costa no solo marcó y propuso la vía de evacuación de los balones largos, además «se trabajó» a Otamendi con una presión constante sobre sus dorsales. Con el 1-0 España se echó atrás como contra Alemania.


Primero fue Higuaín y después Meza el que pudo marcar, y otra vez respondió Asensio con contragolpes personalísimos que buscaron a Isco. Él rompió el partido, Isco lo rellenó. No pudo ser en el 26, pero sí en el 27. Dos asistencias y además una velocidad distinta que regala a España otro paso, una salida de la cueva del toque.




El gol animó a Isco, que tanto debe a Lopetegui, y llegaron unos buenos minutos españoles con arranques de genio suyos y de Iniesta. Es importante cómo la estructura federativa ofrece un alivio a futbolistas como él o Ceballos, melancólicos y hasta incomprendidos en el día a día del Madrid.


Hubo un momento en el que el «Iniesta, Iniesta» se solapó o se encadeno en la grada con el «Isco, Isco», al que solo le faltó soltarla antes en un eslalom estrepitoso al final de la primera parte. El malagueño corrió sin descanso y ocupó muchos lugares del campo: desde el extremo hasta el área pasando por circunstanciales ayudas en la salida.


Allí gustó Thiago, que ha aprovechado esta semana sin Busquets para reivindicarse definitivamente en la selección. Koke, condenado a la opacidad entre tanto superdotado, ofreció trabajo.


Pero con el 2-0 España se fue relajando, y Argentina, que siguió con el balón, apretó el partido con un remate de Otamendi en un balón parado.


Se pudo intuir durante la primera parte que el de Rusia va a ser un gran Mundial. A España le disputan su estilo, su marca registrada, y ella responde con rastros de un superior talento para los espacios cortos y para una combinación que alrededor de Iniesta se arremolina en algo diferente.


Tras el descanso, Lopetegui puso en el lugar de Diego Costa a Aspas, que contribuyó al 3-1 de Isco. La hinchada argentina había acompañado los intentos atropellados de Higuaín con murmullos que acabaron en serias objeciones. Acabó tan pitado como Piqué. Después de una de sus vacilaciones llegó el vendaval del 4-1, una jugada abierta por Thiago y terminada por él mismo. El gol reconocía su lugar como nueva estrella del equipo, fundamental para extender la sintaxis de Iniesta por el campo.


A partir de ahí comenzaron a moverse los banquillos. El primero en irse fue Iniesta, ovacionado por Madrid. El Wanda dio a la selección empaque y calor. Convence como posible «estadio nacional».



Con 4-1 hubo algún lance bronco y un ensayo de presión suicidad muy arriba de Sampaoli, peor ejecutada que la de Low con Alemania.



Piqué se lució en ese trance y abandonó el campo con una atronadora división de opiniones. La sensación es que le arrancó los aplausos a más de uno. Y en medio de esa apoteosis de odio-amor español, de esquizofrenia identitaria llegó el quinto de Aspas tras un pase inteligente de De Gea, pues en España asiste hasta el portero.


Rota Argentina, picados algunos de sus orgullosos futbolistas, Isco marcó el 6-1 en una noche que recordaba su partido contra Italia en el Bernabéu. Gracias a Lopetegui vuelve a su mejor nivel, y España se coloca de nuevo como referencia.


En Rusia todos querrán ganar a Alemania y todos querrán jugar como España. En el absorto gesto de Messi, gesto también de violín desgajado, de violín desamparado, quizás había algo de reflexión hacia sus compatriotas: le piden el milagro de Maradona y además el milagro solista de trasplantar una orquesta que tiene España.

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