El Barça gana a un Valencia inane
¿Alguien sabe por qué la Copa del Rey se juega tan tarde? Son horas africanas. Las 21:30. ¿A quién se le ocurre? Pésima entrada en el Camp Nou. Y ese tener que mandar la crónica al periódico, para no retardar todavía más el cierre. No hay ninguna necesidad de comportarnos como pigmeos, como si no fuéramos desarrollados ciudadanos europeos.
El partido empezó con un recital de imprecisiones por parte de los dos equipos. La moqueta verde más resbaladiza que de costumbre porque ayer en Barcelona llovió todo el día. Pronto los de Valverde tomaron el control y asediaron el área valencianista aunque con poca finura en los metros finales. Como pequeña curiosidad, el balón con que se jugó el partido fue el que será oficial en el Mundial de Rusia de este año, que a su vez rinde homenaje, en su dibujo al balón que se usó en el mundial del 70, jugado en México, el primero que tuvo paneles negros para que destacara por la tele.
Había tan poca gente en el Camp Nou que parecía el campo del Español. El Valencia no jugaba a nada y en su obsesión por cerrar los pasillos interiores descuidaba peligrosamente el marcaje de Alba y de Sergi Roberto. El Barcelona tenía un 80 por ciento de posesión y el 70 por ciento del partido se jugaba en el campo del Valencia, pero le faltaba ritmo. Folclore independentista en el minuto 17:14, como si no hubieran recibido los mensajes de Puigdemont. Cuando una idea se convierte en cántico de un campo de fútbol corre el riesgo de acabar como los frankfurts de la media parte, que todo el mundo sabe que son malos pero igualmente los come porque es lo que hace desde que era un niño e iba con su papá de la mano.
Sobre el minuto 20, el Barça se encalló ligeramente, como si se hubiera quedando en blanco, sin ideas. El Valencia tampoco daba una en ataque, aunque se defendía bien, sin sufrir demasiado. Quien sí estaba preciso, sobre todo en sus pases de media distancia, era Aleix Vidal.
El aburrimiento empezó a ser la nota del partido. El Barcelona dominaba pero no chutaba y cuando lo hacía le salía mal. El Valencia no lograba salir de su campo. El tiempo corría a favor de los visitantes, que iban acariciando la idea de llegar vivos a Mestalla.
Sergi Roberto le entró a Pereira con los tacos por delante y vio una amarilla que pudo ser roja. Luego Pereira vio la amarilla por una entrada sobre Messi que no era ni falta. Más dormidos que expectantes llegamos al descanso.
El partido mejoró tras el descanso, con los dos equipos más proactivos. El Valencia creció en la ambición, logrando darle algún sentido a su juego y posesiones más largas y consistentes que ls del primer tiempo. El Barça empezó a encontrar espacios y Messi casi marca aprovechando una notable asistencia de Rakitic. Coutinho se preparaba para entrar y lo hizo finalmente en el 57 por Aleix Vidal.
Los de Marcelino amenazaban con sus transiciones más trabajadas y peligrosas pero una vez más -y soy perfectamente consciente de la cantidad de veces que he escrito «una vez más» para referirme a él- Messi se inventó un espacio en el área para buscar la línea de fondo y ofrecerle un centro como llovido a Suárez para que de cabeza inaugurara el marcador. Paulinho entró por Rakitic. El Valencia quedó tocado y el Barça tuvo su momento de arreón. Alcácer sustituyó a don Andrés Iniesta y empezó con un control de auténtico maestro, aunque finalmente no quedó en nada. Coutinho por la izquierda estaba más suelto que el día de su debut como titular contra el Alavés, que tuvo que quedarse en la derecha. Los de Valverde llamaban a la puerta del segundo gol y Messi casi lo consigue de falta pero su disparo se fue ligeramente alto.
El Barcelona buscaba con más insistencia el 2 a 0 que el Valencia el empate. Alcácer desde fuera del área puso a prueba los puños de Jaume Domènech. Esto de los puños está bien como último recurso pero nunca me han gustado los porteros que rechazan más de lo que atrapan porque generan demasiados segundos ataques normalmente innecesarios.
El Barça no sentenció pero se puso las cosas a favor para viajar a Valencia con bastante tranquilidad.
El partido empezó con un recital de imprecisiones por parte de los dos equipos. La moqueta verde más resbaladiza que de costumbre porque ayer en Barcelona llovió todo el día. Pronto los de Valverde tomaron el control y asediaron el área valencianista aunque con poca finura en los metros finales. Como pequeña curiosidad, el balón con que se jugó el partido fue el que será oficial en el Mundial de Rusia de este año, que a su vez rinde homenaje, en su dibujo al balón que se usó en el mundial del 70, jugado en México, el primero que tuvo paneles negros para que destacara por la tele.
Había tan poca gente en el Camp Nou que parecía el campo del Español. El Valencia no jugaba a nada y en su obsesión por cerrar los pasillos interiores descuidaba peligrosamente el marcaje de Alba y de Sergi Roberto. El Barcelona tenía un 80 por ciento de posesión y el 70 por ciento del partido se jugaba en el campo del Valencia, pero le faltaba ritmo. Folclore independentista en el minuto 17:14, como si no hubieran recibido los mensajes de Puigdemont. Cuando una idea se convierte en cántico de un campo de fútbol corre el riesgo de acabar como los frankfurts de la media parte, que todo el mundo sabe que son malos pero igualmente los come porque es lo que hace desde que era un niño e iba con su papá de la mano.
Sobre el minuto 20, el Barça se encalló ligeramente, como si se hubiera quedando en blanco, sin ideas. El Valencia tampoco daba una en ataque, aunque se defendía bien, sin sufrir demasiado. Quien sí estaba preciso, sobre todo en sus pases de media distancia, era Aleix Vidal.
El aburrimiento empezó a ser la nota del partido. El Barcelona dominaba pero no chutaba y cuando lo hacía le salía mal. El Valencia no lograba salir de su campo. El tiempo corría a favor de los visitantes, que iban acariciando la idea de llegar vivos a Mestalla.
Sergi Roberto le entró a Pereira con los tacos por delante y vio una amarilla que pudo ser roja. Luego Pereira vio la amarilla por una entrada sobre Messi que no era ni falta. Más dormidos que expectantes llegamos al descanso.
El partido mejoró tras el descanso, con los dos equipos más proactivos. El Valencia creció en la ambición, logrando darle algún sentido a su juego y posesiones más largas y consistentes que ls del primer tiempo. El Barça empezó a encontrar espacios y Messi casi marca aprovechando una notable asistencia de Rakitic. Coutinho se preparaba para entrar y lo hizo finalmente en el 57 por Aleix Vidal.
Los de Marcelino amenazaban con sus transiciones más trabajadas y peligrosas pero una vez más -y soy perfectamente consciente de la cantidad de veces que he escrito «una vez más» para referirme a él- Messi se inventó un espacio en el área para buscar la línea de fondo y ofrecerle un centro como llovido a Suárez para que de cabeza inaugurara el marcador. Paulinho entró por Rakitic. El Valencia quedó tocado y el Barça tuvo su momento de arreón. Alcácer sustituyó a don Andrés Iniesta y empezó con un control de auténtico maestro, aunque finalmente no quedó en nada. Coutinho por la izquierda estaba más suelto que el día de su debut como titular contra el Alavés, que tuvo que quedarse en la derecha. Los de Valverde llamaban a la puerta del segundo gol y Messi casi lo consigue de falta pero su disparo se fue ligeramente alto.
El Barcelona buscaba con más insistencia el 2 a 0 que el Valencia el empate. Alcácer desde fuera del área puso a prueba los puños de Jaume Domènech. Esto de los puños está bien como último recurso pero nunca me han gustado los porteros que rechazan más de lo que atrapan porque generan demasiados segundos ataques normalmente innecesarios.
El Barça no sentenció pero se puso las cosas a favor para viajar a Valencia con bastante tranquilidad.

