Noticias

Recuerdos navideños

0 29

Muchos años de mi infancia pasamos la Navidad en la casa de Coyoacán, donde prendimos las velas, cantamos villancicos y arrullamos al niño Jesús, suspendido en la chalina que mi mamá usaba para ir a misa, impregnada por un ligero olor a incienso. 

En la terraza, a la sombra de los fresnos que años antes plantó mi abuelita Delfina, pedaleé tan duro el cochecito rojo, regalo navideño, que rompí una rueda, pero Armando la soldó en el taller del tío Pepe, lo que recuerdo con gratitud. 

Otro año, en Acapulco, al amanecer corrí al árbol, abrí la caja y descubrí una pista de coches eléctricos, el mejor regalo que me dio mi padrino Manolo. 

Mi mamá ponía a remojar el bacalao noruego que cocinaba en salsa de tomate, ajos, aceitunas y chilacas para darle un poco de picor. Estaba muy sabroso. 

Pero para mí, lo mejor de la comida de Navidad eran los turrones suaves de almendra que vendían en la Puerta del Sol, a un lado de la parroquia de la Soledad, junto a La Moda, la tienda de ropa que fundó mi papá en el puerto. 

El mundo cambia. Ahora transmitimos por email tarjetas navideñas electrónicas, lo cual es más cómodo, cuando antes había que ir a principios de diciembre a la oficina de correos para que llegaran a tiempo. Las tarjetas más bonitas eran las pinturas italianas de antes del Renacimiento, de marco dorado y nítidos colores, representando la Natividad del niño Jesús, rodeado de la virgen María y de san José, cerca de un burro y un buey que le daban calor al niño Dios con su aliento. 

Mis hermanas y yo ayudábamos a poner las figuras de barro del nacimiento, el ángel, los reyes magos y los pastores, unas más grandes que otras, otras despostilladas, sobre una capa de oloroso musgo.

Rompimos algunas esferas de vidrio por colocar mal los ganchos en las ramas del árbol artificial, pero al final gozábamos verlo iluminado en la sala semioscura.

En 1985, cuando trabajábamos en Roma, asistimos a la misa del Gallo en la Basílica de San Pedro, oficiada por el papa Juan Pablo II, acompañados por la familia de mis primos Rafael y Marisa. La iglesia estaba llena.

Ahora, en cambio, no habrá multitud de feligreses debido al repunte de la pandemia, hoy jueves, cuando el papa Francisco celebre en privado la Navidad. Y mañana impartirá la bendición “Urbi et Orbi” en una plaza casi vacía.

Los tiempos cambian. Hace unos días, en el Mall de Dubái, vimos una escena insólita: una pareja de judíos, con su kipá en la cabeza, piden orientación a un joven árabe, vestido de túnica blanca. Era impensable, hasta hace poco, ver esta escena pacífica entre jóvenes de dos pueblos considerados enemigos, ahora posible por el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Israel y Emiratos Árabes Unidos.  

El mundo entero cambió por el covid-19. La pandemia no solo causó la muerte y afectó la salud de millones de personas, nos cambió la vida a todos.

Aunque la vacuna arroja una luz de esperanza, este año sombrío concluye sin que sepamos si alguna vez volveremos a vivir la vida como era antes.

Lo más probable es que no, pero mientras se pueda convivir en familia y nos cuidemos entre todos, habrá siempre una feliz Navidad y una vida saludable.

Feliz Navidad a todos.

gutierrez.canet@milenio.com
@AGutierrezCanet

Comments

Комментарии для сайта Cackle
Загрузка...

More news:

Read on Sportsweek.org:

Otros deportes

Sponsored