Víctimas, jueces y calendario: la receta de Sánchez para la remontada
Hay un error bastante recurrente en la política española, ese que consiste en dar a Pedro Sánchez por amortizado. Tantas veces como se le ha intentado enterrar, al final ha acabado agitando el tablero. Es cierto que ahora, con la que tiene encima, parece que ha llegado a un callejón de difícil salida. "Esta vez sí que sí", deben de pensar en los despachos de Génova, que ni se molestan ya en aparentar que trabajan duro para derribarle. Se comportan como si el resultado de las elecciones generales estuviera decidido y es cuestión de sentarse a esperar a que las urnas confirmen lo que ya apuntan las encuestas. Pero cuidado.
En los últimos días están apareciendo signos que están provocando entre algunas personas de la izquierda una sensación de movilización, de que no todo está perdido. Sólo el tiempo dirá si son planteamientos desatinados de pensamiento ilusorio, ese que lleva a confundir la realidad por ponderar demasiado alto lo que uno desea, o si en cambio son visionarios. El caso es que los signos sí parecen tener algo de consistencia.
El primero de ellos es que el estado de ánimo del PSOE está volviendo a encontrar acomodo entre el victimismo. Cuando empezaron a sustanciarse los distintos escándalos de corrupción, reinó entre muchos militantes y votantes la idea de que el partido estaba siendo perseguido por un Poder Judicial reaccionario que se empeña en hacer política o que, como mucho, un grupo de listillos se había aprovechado de las alfombras rojas que les pusieron. Basta con recordar el periodo de reflexión de cinco días de Sánchez o la cara de enfermo con la que compareció en esa ya famosa rueda de prensa en Ferraz, hace ahora un año.
El argumento de que el PSOE estaba siendo perseguido acabó desactivado con lo que se supo después de José Luis Ábalos y compañía, con las revelaciones en torno a las cloacas de Leire Díez y con el derribo del faro moral que fue José Luis Rodríguez Zapatero. Hasta los miembros del Gobierno con menos capacidad de autocrítica merodeaban esos días por los pasillos del Congreso compungidos ante el peso de los indicios.
Sin embargo, el auto del juez Juan Carlos Peinado restringiendo derechos fundamentales a Begoña Gómez y la dureza de la condena del Supremo a Ábalos, al que le han caído más años de prisión que a cualquiera de los violadores de La Manada, ha servido a los socialistas para coger el desfibrilador y traer de vuelta ese sentimiento de victimismo. Basta con ver las redes sociales, los grupos de WhatsApp o la intervención de Sánchez anteayer en el Congreso. "Al final, Peinado va a conseguir que Sánchez gane las elecciones", aseguraba en este diario un cargo intermedio del PSOE.
Al final, sentirse víctima es algo que en política siempre funciona. Se puede ir a ejemplos extremos, como que Adolf Hitler no habría llegado hasta donde llegó si los alemanes no se hubieran sentido víctimas de las condiciones de la derrota tras la Primera Guerra Mundial. O se pueden buscar analogías de andar por casa: en todos los suburbios de las grandes capitales hay tipos con chalés muy grandes y piscinas privadas que decantan su voto en una dirección concreta porque se sienten víctimas de una política fiscal que les ahoga.
El segundo elemento que está llevando a los socialistas a pensar que no todo está perdido es el control del calendario que está demostrando Sánchez. No se cansa Iván Redondo de repetirlo: los tiempos en política lo son todo, o prácticamente.
El presidente abrió la puerta a adelantar las elecciones si el Congreso le tumba los Presupuestos, lo que colocaría los comicios a principios de 2027, a finales de febrero o en marzo. El debate presupuestario se debería celebrar en diciembre, y Moncloa venderá que hay una oposición destructiva que no quiere "los Presupuestos con más gasto social de la historia". El dinero que se prometa a ayuntamientos y comunidades autónomas también tendrá movilizado los territorios socialistas, que ya no temerán que Sánchez les lastre en mayo.
Ese mismo mes de diciembre se debería celebrar el juicio contra Begoña Gómez, víctima de "acoso y derribo". Para entonces, es probable que Carles Puigdemont ya haya podido regresar a España y al espacio a la izquierda del PSOE le debería haber dado tiempo a organizarse y presentarse a las elecciones en buena forma, sobre todo si consigue que un candidato como Gabriel Rufián encabece las listas e inyecte cierta ilusión en un electorado desgastado.
Al margen de si estos elementos consiguen movilizar el voto de izquierdas, o si lo consiguen tanto como para que Sánchez tenga otra oportunidad, lo que evidencian es que la España que votará en las próximas elecciones no se parecerá demasiado a la España de hoy. Y eso, viendo cómo están las cosas ahora, juega irremediablemente a favor de Sánchez.

