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Un monumental Pogacar gana su primera Milán-San Remo

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Sangrando por la pierna izquierda, con el pantalón rasgado y medio culo al aire, Tadej Pogacar (27 años) escribió uno de los pocos capítulos gloriosos que le faltaban en la historia del ciclismo. El esloveno ganó por primera vez la Milán San Remo tras tumbar a su gran rival, Mathieu van der Poel , y superar por milímetros en la meta al inglés Tom Pidcock. Los llamados Monumentos del ciclismo son las cinco clásicas de un día más prestigiosas, antiguas y exigentes del calendario internacional: Milán-San Remo (Italia), Tour de Flandes (Bélgica), París-Roubaix (Francia), Lieja-Bastoña-Lieja (Bélgica) y Lombardía (Italia). Cuando Pogacar se subió este sábado a la bicicleta, llevaba 10 triunfos totales y únicamente le faltaban dos pruebas por conquistar: Milán-San Remo París-Roubaix. Tras bajarse de su vehículo, suma 11 y solo le queda una. La prueba se animó bien pronto. Con las gomas de las ruedas todavía frías, apenas disputados los 10 primeros kilómetros, nueve corredores decidieron embarcarse en una escapada. Entre ellos, el español David Lozano (Novo Nordisk). El pelotón, también frío aún, les dejó hacer sin inmutarse. Los fugados fueron acumulando confianza y distancia hasta llegar a obtener una ventaja de nueve minutos. Pero quedaba mucho recorrido, los líderes lo sabían, y apuraron casi al límite el momento de cazarlos. Tras 260 kilómetros de aventura, justo cuando la carrera enfilaba la mítica e históricamente decisiva subida de la Cipressa, quedó anulada la escapada y los favoritos se prepararon para la batalla. Minutos antes, Pogacar dio el susto. Y minutos después, una exhibición. Otra. Primero sufrió una aparatosa caída de la que salió indemne de milagro. Circulaba a todo trapo en el centro del pelotón, se fue al suelo y tuvo suerte de no ser atropellado por quienes circulaban detrás. Después, con el pantalón roto y la nalga izquierda al aire, el esloveno disparó uno de sus legendarios ataques en zona empinada. Saltó y dejó clavado a Van der Poel. El holandés no perdió los nervios. A su ritmo, centímetro a centímetro, fue reduciendo la distancia hasta pillar a su gran rival. Pogacar parecía flojear, no es habitual que se deje atrapar cuando mete la quinta velocidad en subida y, de hecho, pareció bajar una marcha camino del Poggio de San Remo, la última rampa de la prueba. Los dos colosos del ciclismo mundial, acompañados por Pidcock, contemporizaron durante varios kilómetros, precisamente hasta que llegaron a los metros iniciales del Poggio. En cuanto la carretera se empinó, Pogacar levantó la cabeza, tensó los músculos y se disparó hacia la cumbre. Van der Poel se quedó clavado y, pese a intentarlo, fue incapaz de seguirle. Pidcock, en cambio, a la chita callando, se pegó al campeón del mundo, no flaqueó nunca y, una vez coronado el Poggio y culminada la bajada, jugó al ratón y el gato en los kilómetros finales. Llevó al límite la estrategia hasta el vibrante esprint de la Vía Roma y estuvo a punto de lograr el buscado premio, pero en el último suspiro emergió la figura del gigante esloveno. El hombre vestido de un blanco ennegrecido y ensangrentado arrancó y aguantó con todo, durante una secuencia interminable, la fuerte oposición del británico. Hecho trizas, el favorito a todo y frente a todos cruzó la meta y alzó el puño derecho en señal de triunfo histórico. Porque hacía 43 años que el vigente campeón del mundo no vencía en la clásica Milán-San Remo y porque Tadej Pogacar jamás lo había hecho.

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